En el Metro, el acoso no conoce horarios

A partir de hoy, el Gobierno de la Ciudad desplegó a más de mil policías para cuidar a las mujeres en el Metro… de 6:00 a 10:00 y de 18:00 a 22:00 horas.

Ciudad de México

A las 10:45 de la mañana, Julia, originaria de Coacalco, transbordó en la estación Hidalgo para dirigirse al Centro Médico Nacional. Hace dos meses nació Nayeli, la menor de sus dos hijas, y va a la clínica a pedir una cita para una revisión de rutina.

Cuando bajó del vagón exclusivo para mujeres para enfilar a la línea verde con dirección a Universidad, un hombre miró la blusa húmeda adherida al pecho de Julia y le dijo, “apenas para que me acabes de criar”. 

El comentario molestó a Julia, quien amamanta a su bebé cada tres horas, pero decidió ignorarlo y apuró el paso para no dar oportunidad al sujeto de tocarla. 

No quiso buscar ayuda y aún si lo hubiera hecho no habría encontrado a ninguno de los mil 200 policías desplegados a partir de hoy para “evitar el acoso y garantizar el espacio de mujeres” en el transporte público, como informó en Twitter el secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Hiram Almeida.

De acuerdo con Alejandro, vigilante en la estación Taxqueña del Metro, las “ateneas”, mujeres policías con chaleco rosa como distintivo, tienen la instrucción de permanecer de las 6:00 a las 10:00 horas y de las 18:00 a las 22:00 horas en los andenes del Metro para vigilar que los hombres respeten los espacios reservados a mujeres y niños. 

Alejandro pertenece a la fuerza de reacción que usualmente retira a los vendedores ambulantes. Al inicial el turno le dijeron a él y otros 80 compañeros que viajaran de dos en dos en los vagones rosas de la línea azul para pedir a los hombres que se cambien de vagón. 

“A veces se molestan. Se ponen pesados. Dicen que en otros vagones también hay mujeres, que las mandemos a sus lugares, pero pues no podemos. Yo les digo que si se ponen más rudos podemos llevarlos ante un juez porque es una falta a la Ley de Cultura Cívica, pero sólo si voy con un compañero. Si voy solo, pues no”.

Para algunos hombres, el operativo anunciado ayer por el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, es discriminación: “no me dejaron pasar y es hasta discriminación. Yo soy adulto mayor, sí me deberían dejar pasar. Vea cómo viene el de hombres, pero sí vienen mujeres arriba. Los vagones de mujeres vienen vacíos, vea cómo viene el de hombres y ahorita viene decente, pero sí vienen mujeres arriba”, dijo José García Guardado, a quien dos elementos de seguridad le impidieron abordar a los primeros vagones de un convoy en Pino Suárez. 

Es casi mediodía. Los dos vagones exclusivos de mujeres tienen asientos vacíos. A partir del tercer vagón hay gente que viaja de pie. Junto a José García viaja un hombre mayor con un rollo de tela al que le pidieron que se cambiara de vagón. Cerca de él, una mujer transgénero a la que no le permitieron cambiarse de área. 

En Indios Verdes la cosa no parece distinta: “So-lo-mu-je-res-pa-ra-su-pro-pia-se-gu-ri-dad-es-tán-abor-dan-do-úni-ca-men-te-mu-je-res”, grita Martín, personal de seguridad.

Desde las 6 de la mañana impide el paso a hombres. Solo mujeres y niños, estos últimos hasta que se ven “como de hasta 12 años”. 

“La verdad es por seguridad de los propios usuarios, por tanta queja que hay de tocamiento y abuso sexual. Más que nada por eso decidieron ampliar el horario. Yo me quedo hoy todo mi turno. Algunos (hombres) se molestan y nos dicen groserías, pero no hemos tenido un incidente mayor”, cuenta sin interrumpir su labor.

Toma un sorbo de agua para aclararse la garganta y vuelve a gritar, “So-lo-mu-je-res-pa-ra-su-pro-pia-se-gu-ri-dad-es-tán-abor-dan-do-úni-ca-men-te-mu-je-res”.

Para algunas mujeres el sistema de vigilancia debería ser permanente.

Cinthia de 24 años va por su segundo examen de ingreso en la UNAM. Viaja en espacios reservados desde la última vez que la tocaron. Increpó al sujeto y obtuvo como respuesta un “ni que estuvieras tan buena”. 

“Debería haber más vagones para nosotras. Porque luego te molestan o te tocan y andas todo el día en la calle”. Cinthia baja en la estación Hidalgo que se ha llenado de gente. Una voz femenina grita ¡idiotaaaaaa!, pero la palabra no lleva destinatario. Seguro que algo pasó, pero es imposible saberlo. Algunos se preparan para transbordar. Otros quieren salir. Las usuarias van más preocupadas por sus pertenencias.

No hay “ateneas” en el andén. Regresarán hasta las seis de la tarde. Los vigilantes del chaleco verde no bajan del vagón.