[El Santo Oficio] ¡Pasen a ver a Xóchitl!

Xóchitl ha creado en su demarcación la figura del City Manager, y gracias ella se ha instalado en los principales espacios noticiosos de la Ciudad de México.
Xóchitl Gálvez, delegada en Miguel Hidalgo.
Xóchitl Gálvez, delegada en Miguel Hidalgo. (Héctor Tellez)

Ciudad de México

La delegada en Miguel Hidalgo, Xóchitl Gálvez, es todo un espectáculo. Con su manera de hablar, con sus gestos y actitudes, llama la atención, divierte y aun arranca las carcajadas del respetable. Eso lo saben sus entrevistadores, sobre todo los de radio y televisión, quienes en vez de ideas buscan en ella ocurrencias, frases banales pero chistosas, entretenimiento puro. Es la nueva Corcholata y solo le falta filmar películas de ficheras para mandar al olvido con todo y tiliches a la original, quien, becada por el PRI, duerme a pierna suelta en la Cámara de Diputados. (Silencio, no la vayan a despertar.)

Xóchitl ha creado en su demarcación la figura del City Manager, y gracias ella se ha instalado en los principales espacios noticiosos de la Ciudad de México y hasta en el pensamiento del avinagrado cartujo, incapaz de digerir la pertinencia de esa decisión por la cual un señor con su camarita graba a los ciudadanos infraganti, como lo hacía Óscar Cadena a finales de los ochenta. Con una notable diferencia, el Gordo Cadena no era funcionario público ni tenía la facultad de aplicar la ley, como sí la tienen las autoridades de la Miguel Hidalgo.

Pero como no son competentes, por ahí anda, con irremediable vocación de escarabajo estercolero, el City Manager Arne aus den Ruthen —así se llama— en busca de infractores para encuerarlos ante la opinión pública, para exhibir sus malas costumbres “en tiempo real”, en vez de hacerlos cumplir los reglamentos y levantarles las infracciones correspondientes.

Educados en la prestigiada universidad de Ventaneando, Xóchitl y su patiño defienden su juguetito tecnológico y su show, eso es comprensible, cualquier payaso haría lo mismo. Lo malo —como sucede con Donald Trump en Estados Unidos— es cuántos medios y ciudadanos les hacen el juego sin pensar en las consecuencias de su big brother, violatorio de elementales derechos humanos.

Nadie propone proteger a los prepotentes, a los abusivos o a los cochinos. En el país, en la ciudad, la gente está hasta el copete de ellos. La tecnología debería ayudar a identificarlos y sancionarlos, pero de eso a andarlos balconeando, promoviendo su humillación pública, hay una enorme distancia justificable tanto por la ineptitud de los funcionarios como por sus ganas de notoriedad, así sea haciendo el ridículo, como sucede con la mayoría de políticos de este tiempo. Tan cerca de la farándula y tan lejos de la reflexión y la búsqueda del bien común.

“En la civilización del espectáculo el cómico es el rey”, afirma Mario Vargas Llosa, quien agrega: “El político de nuestros días, si quiere conservar su popularidad, está obligado a dar una atención primordial al gesto y a la forma de sus presentaciones, que importan más que sus valores, convicciones y principios”. ¡Estás oyendo, Xóchitl!

Queridos cinco lectores, con dolor de hígado por el nombramiento del histriónico Andrés Roemer como nuevo embajador de México ante la Unesco, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.