La ilusión viaja en el Turiluchas

Estos autobuses recorren sitios históricos o típicos como parte de los atractivos turísticos de la capital; en esta ruta, los visitantes asisten a la Lucha libre en el Coloso de la Doctores.

Ciudad de México

I

Aun faltando dos horas para la función, ya lo tienen contra las cuerdas. Pero no sufre, mucho menos forcejea. Sustituye las llaves, las palancas o cualquier otra arma de defensa, por el contorneo de caderas. Izquierda, derecha y las manos en la cabeza.

Éste, su primer round, no lo enfrenta en el ring, la batalla es contra un grupo de mujeres que le piden muestre sus dotes —dice él que son innatas— de stripper en medio de Paseo de la Reforma.

“Que baile, que baile”, le gritan al Tiger, como es conocido en el Consejo Mundial de Lucha Libre. Él, tan comprensivo, no pelea, se deja llevar. Y así, en medio del bullicio del tránsito de una de las principales avenidas de la ciudad, comienza el show.

El llamado Turiluchas, uno de los varios recorridos temáticos que organiza la Secretaría de Turismo capitalina a bordo de un Turibús, no le pide nada a un museo interactivo. Aquí se toca, se juega y se aprende. Durante un recorrido de aproximadamente 40 minutos que va del centro comercial Reforma 222 a la Arena México, los pasajeros pueden conocer algunas anécdotas de quienes se dedican al que es considerado uno de los deportes más populares del país, solo superado, tal vez en seguidores, por el futbol: la lucha libre.

“La ventaja de este recorrido es que puedes interactuar con nosotros y pasártela bien durante el camino a la función en la Arena”, dice el cautivador Tiger después posar para tomarse una selfie con el grupo de mujeres que minutos antes lo invitaban a olvidar el pudor.

Así como la lucha libre se ha caracterizado por ser un deporte familiar desde que se popularizó en los años cincuenta, gracias a enmascarados como El Santo, Blue Demon o El Huracán Ramírez, el espectáculo en el Turibús es también para todo tipo de público.

Mateo de 10 años, ve lucha libre desde que tenía cuatro, pero aquí, en el ya tradicional camión rojo, puede pasar una tarde con alguno de sus ídolos y hasta pedirles consejos a quienes ve por televisión realizar acrobacias en el encordado. De paso, les cuestiona cuántas horas al día tiene que entrenar un luchador para poder estar en forma, qué significado tiene su máscara o qué dieta deben seguir para tener la fuerza necesaria para mandar a volar a uno de sus adversarios con un movimiento de manos y pies.

“Se trata de que la gente interactúe con los luchadores, conozca un poco de la historia de este deporte tan arraigado en la cultura popular mexicana y se divierta. Todos, desde el más pequeño hasta el más grande”, señala Juan José Torices, representante del Consejo Mundial de Lucha Libre.


II

Desde hace 12 años el Turibús se convirtió en un elemento recurrente de las postales del lado turístico de la Ciudad de México. Este peculiar servicio de transporte arrancó en septiembre de 2002 y, según datos proporcionados por el secretario de Turismo, Miguel Torruco Márques, tan solo en la presente administración, al menos 20 mil turistas han optado por estos camiones para recorrer la ciudad con una vista privilegiada y de manera cómoda.

Y es que como decía Chava Flores, “llegar al Centro, atravesarlo es un desmoche, un hormiguero no tiene tanto animal”. Quien ha pisado el DF sabe lo que es el caos. De ahí que las autoridades capitalinas se les ocurrió realizar recorridos bajo un eje temático sin que los pasajeros deban preocuparse por los embotellamientos o por la inseguridad.

Es como conocer la capital sobre ruedas. Un tour en el que se visitan sus palacios, para quienes gustan de la arquitectura. Y porque la bebida es parte de la idiosincrasia del mexicano, ¿por qué no un recorrido por las cantinas citadinas? Recorridos para todos los gustos.

Uno de los más recientes es el del encordado rodante, donde estetas como El Hombre sin Nombre, Tiger, Dragón Rojo o Qué Monito se suman todos los viernes al paseo en el bautizado como Turiluchas, antes de que comience el duelo en el ringside.

“Este recorrido fue creado para conmemorar el 80 aniversario de la fundación de la empresa más antigua de Lucha libre en México, el Consejo Mundial de Lucha Libre”, comenta Torices, “durante el trayecto, siempre va un luchador invitado que revela un poco de su vida dentro y fuera del ring”.

Hay ocasiones en que la alta demanda permite que salgan hasta dos turibuses rumbo a la Arena México. En éste, a Tiger lo acompaña Hombre Sin Nombre. Así, la indefinición es lo que lo define, dice. Lo único que sí está definido, rectifica, es su bando: rudo de carne y hueso.

Este hombre de aproximadamente 1.80 metros de estatura, oculta su verdadera identidad bajo un atuendo totalmente negro que, confiesa, él mismo creó junto con todos los trajes con los que se presenta en el ring. Como la vida de luchador no da para tanto, decidió hace un par de años abrir un negocio de máscaras que él mismo diseña.

Mientras el Turiluchas da vuelta en la glorieta de la Diana Cazadora, le toca confesarse a Tiger. Dice que lo del striptease es broma, y aunque no le vendría nada mal, hasta el momento no ha tenido que buscar una profesión alterna para mantener a su familia. Aunque no niega que ganarse la vida de acróbata profesional tiene sus sacrificios.

“Tienes que estar entrenando aproximadamente dos o tres horas diarias en lucha libre, en el tumbling, el intercolegial, la grecorromana. Posteriormente tienes que levantar mínimo dos horas de pesas en el gimnasio. Aparte es la función de lucha libre, si es que tienes una presentación”.

Y entonces, desde el fondo del Turibús viene lo que a decir de los luchadores se ha convertido en la pregunta obligada: ¿Qué tan ciertos son los golpes que se dan? Uno de los pasajeros pregunta a Tiger y al Hombre Sin Nombre si no es puro teatro.

Con un poco de sorna, Tiger contesta que hace unos años participó en unos 15 años y tardó más de un mes en aprenderse la coreografía del baile. “Te imaginas cuánto tiempo tendría que invertir en aprenderme una coreografía de una lucha de 20 minutos, eso sería imposible”.

Para Hombre Sin Nombre las lesiones son el comprobante más fidedigno de que los luchadores, al menos los mexicanos, si luchan de verdad. “De la lucha de Estados Unidos, ahí si tengo mis dudas”, dice.


III

En la recta final del recorrido hay cambio de luchadores. Los rudos se pasan al otro Turibús para dar paso a los técnicos, representados por Dragón Rojo, Qué Monito y Guerrero Maya.

La mecánica es igual, tras tomar el micrófono, los enmascarados responden a las inquietudes de los pasajeros, aunque eso implique que Dragón Rojo se desprenda de su atuendo para enseñar sus múltiples tatuajes y las heridas que le ha dejado el arte de la lucha. En los asientos de la parte superior del Turiluchas, la más sorprendida es Nagako Sekiguchi, una mujer originaria de Japón que rompe la seriedad que caracteriza a los nipones y suelta una carcajada ante las ocurrencias de los técnicos.

Sekiguchi vive en Tokio, pero decidió pasar unos días en la ciudad para visitar a su hija, Miki, quien vive en el país desde hace tres años por motivos de trabajo. Dice que no puede entender como un grupo de hombres disfrazados se cuelgan de unas cuerdas y vuelan en el cuadrilátero. Sin embargo, le parece bastante divertido.

“Los mexicanos son muy curiosos a la hora de entretenerse. En mi país hay lucha profesional, pero los luchadores son serios y es un rito muy formal. Aquí hasta se ponen a bailar durante la batalla, ¡o fuera de la batalla como aquí!”, señala justo cuando se estaciona el Turibús en la emblemática Arena México.

Y aunque el espectáculo del Turibús ha terminado, el show en sí apenas comienza con la tradición función de lucha libre de todos los viernes.

Ya en el Coloso de la Doctores, nombrado así porque la Arena está ubicada en el corazón de la colonia Doctores, la fiesta es variopinta, no solo en el encordado. En las gradas hay niños y padres de familia gritando, apoyando a sus favoritos. Por momentos la rechifla se confunde con el grito de “chicos bien” que piden a los vendedores cerveza o los tradicionales cueritos para darle gusto al diente. A unos cuantos asientos, Isaac Ramírez, un aficionado que desde hace seis años asiste cada semana a la función de lucha libre, dice que este deporte, contrario al futbol, se caracteriza por no ser violento. “Aquí ni a los hipsters discriminamos. En un estadio siempre hay chingadazos en las gradas”.

Cuando por fin las luces se apagan, Tiger y Dragón Rojo comienzan otra afrenta. Ahora no les será suficiente con un contorneo de caderas, sus nuevos oponentes están dotados de algo más que bellas cabelleras y la batalla será sin límite de tiempo.



RECUADRO

Date un viaje

Los recorridos del Turibús están disponibles los 365 días del año, con tarifas que van desde los 50 hasta los 950 pesos, en el caso de los recorridos foráneos.


Recorrido Temáticos

Turibús Cantinas

Turibús Palacios

Turibús Nocturno


Otros recorridos

Xochimilco-Coyoacán-Estadio Azteca

Pirámides de Teotihuacán

Taxco

Puebla Cholula

Ruta del Queso y del vino


*Horarios y precios en turibus.com.mx