Toño acelera o pierde la propina

Decidió adquirir un mototaxi para brindar servicio al vecindario. No fue fácil. Cada desempleado hacía lo mismo y reñían por el pasaje para cubrir los gastos de operación y pagar la cuota a la ...
Toño acelera o pierde la propina.
(Especial)

Toño supo que su vida cambiaría cuando el gobierno del presidente Felipe Calderón decretó la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza. Participó en las movilizaciones y en las guardias que se montaron en los centro de trabajo. Pero los gastos familiares no daban tregua y los apoyos solidarios fueron disminuyendo. Y el acuerdo trabajadores-gobierno amenazaba eternizarse.

Decidió adquirir un mototaxi para brindar servicio al vecindario. No fue fácil. Cada desempleado hacía lo mismo que él y reñían por el pasaje para cubrir los gastos de operación; pagar la cuota a la organización para trabajar sin obstáculos; obtener lo necesario para la sobrevivencia y cubrir los gastos escolares de la chamacada (dos en el bachillerato y otro tanto en la secundaria). Además, tenía encima la mensualidad de la casa adquirida apenas dos años atrás.

Con todo, la iba pasando; los domingos iban de compras a la cabecera municipal de Texcoco, le entraban con fe al consomé y a la barbacoa en el mercado y remataban con un helado en la plaza, mirando el ir y venir de la gente desde sus pueblos y rancherías, endomingados. Las diferencias con Fina, su esposa, se limitaban a los celos, pero en cuanto se quedó sin trabajo ella lo notó más hogareño, convivía con la y el adolescente y con el niño y la niña; ayuudaba en las tareas y por la tarde dominical se echaba dos o tres tequilas y la invitaba a ver la tele en su recámara.

Pero a Fina los deseos de ver la tele se le fueron apagando y eso ponía de malas a Toño. "Me siento abochornada, dice la doctora que ya me viene la menopausia y que eso es normal. ¿Crees que ardo en ganas de ver la tele?", decía. Toño insistía pero topaba con pared; se vestía, montaba el mototaxi y se iba.

Volvía con más tragos encima y de cuzca no la bajaba: me pones el cuerno y yo trabajando como burro. ¡Pero ay de ti: chiquita no te la acabas!, y poco importaba que ella en la puerta atendiera al par de vecinas que la invitaban a conocer la verdad que lleva a la vida eterna, hermana: tome en cuenta que nuestro tiempo confirma que la agresividad de los demonios es ahora más cruel que nunca, porque Satanás y sus ángeles inicuos siguen adelante en su rebelión contra el Señor.

—Señoras, ¿qué ustedes no tienen familia qué atender, nada en qué entretenerse? Este hogar es católico y no queremos propaganda —increpaba y remataba con una orden—: Fina, ¿te metes o qué...?

Ella evitaba confrontarlo. Pedía a las vecinas volvieran entre semana, pero Toño llegaba de improviso a casa. Con o sin tragos la emprendía contra las vecinas, y cada vez más grosero. Las hermanas prefirieron invitarla al templo: anímese Fina: dese la oportunidad y la presentamos con el pastor y quien quita y se integre a nuestra congregación, para no terminar en el lago que arde con fuego y azufre.

—Fuego y azufre lloverá si sonsacan a mi vieja, si invaden mi privacidad. Tú: las vuelves a traer y atente a las consecuencias. Y ustedes: sus tareas, no quiero malas calificaciones.

Sumisa, Fina prometió no recibirlas más y las acompañó hasta la puerta; antes de cerrar pidió verlas en el templo, para que no padecieran los desfiguros de Toño y su intolerancia, más severa con tragos y con ganas de pelear.

En cuanto las vecinas se marcharon, intentó dialogar con su marido: si no hago nada malo, existe la libertad de culto, por qué te comportas así, y cada vez empinas más y más el codo, ¿es el ejemplo para nuestros hijos? Pero Toño, como Gabino Barrera, no entendía razones andando en la borrachera: pasa que ya no me quieres y haz de andar tras un hermano para que sea mi Sancho. Pues sigue como vas y no dudes que lo encontraré. Lo encontraré: ¡ya lo has de tener, cobijada por ese par de alcahuetas! Cuando así sea ni por enterado te darás, no que tú: a todas tus lagartonas conocí. Yo ni quería, ellas me buscaban. Y tú de sacrificadote, ¿verdad?, piensas que todos somos de tu condición. Esas señoras sólo quieren que conozca la Biblia, que tenga consuelo espiritual con la palabra de Dios, ¡y tú ya me andas acostando con todo mundo, poco hombre, alcohólico!

Toño le dio una bofetada. Salió al patio, abrió la puerta, alcanzó a las vecinas y se fue con ellas. Toño no intentó seguirla. Sus hijos le reclamaron el maltrato, ¡nunca le habías levantado la mano, deberías meterte a Dobleá! Esas predicadoras tienen la culpa, alegaba Toño. Déjala, qué tiene de malo, dijo Román. Ella es libre de escoger lo que más le llene, dijo Magda. Irene y Toñito secundaron a sus hermanos. Toño quiso tomarlos a chunga: así serán buenos, en bola contra su padre. ¡Pero hay un Dios, hay un Dios!

Fina volvió al atardecer. Decidió: acompañaría a las hermanas a llevar las buenas nuevas por las calles del pueblo. Varias veces Toño, con tragos, la encerró en la recámara. Decidió culpar a Macrina, quien comenzó a llevarle libros y folletería a su mujer. Viuda, sacó a sus hijos adelante y ellos veían por ella. Su tiempo libre decidió dedicarlo a la lectura; Chelo su amiga le dio una Biblia y la invitó a la congregación. Se integró y los domingos, con Chelo, recorre las calles del pueblo.

Macrina teme a Toño. A uno de los dos Toños: el que le dice que está harto, por tu culpa mi mujer cambió de religión; encaminas almas donde no te importa; búscate novio, atiende a tus nietos, deja de meterte en casas ajenas. Macrina calla, lo sabe ebrio; porque cuando no, la mira como si nada, la castiga con el látigo de su desprecio y ya, pero de que se le mete el diablo, no se mide: en veces me azuza al perro; lo bueno que el animal me conoce. Pero ya son dos veces que hace como que me echa el mototaxi encima. Otra vez entré a una tienda, porque se bajó y reía: aquí está tu Satanás, Macrina; tente en paz porque si intentas llevarte a mis hijos se te aparece Juan Diego... Apenas se mantenía en pie. Pablo el tendero llamó a la patrulla; se les durmió en el camino. Al otro día hizo faena y pagó multa por embriaguez en la vía pública.

No hagas el ridículo, que nadie le ha quitado a su vieja, le dice Pablo: tú la estás perdiendo por celoso y briago, ya casi no chambeas, te la llevas en la pulcata y asustas a Macrina; cuando se decida, con todas las hermanas te paran buena chinga; no le busques: báñate, trabaja, tente en paz; llévate tu moto. Y discúlpate con Macrina

Se fue con la cola entre las patas. Se bañó y rasuró. Limpio, fue a la base y esperó pasaje. Sintió que alguien subía: ¿A dónde va? Colonia del trabajo. Era Macrina. Intentó la disculpa aconsejada. Macrina aceptó a regañadientes: pero no te vuelvas a pasar o... ¿O qué?, preguntó Toño con un suspiro, libre del peso de la congoja. ¡Esto!, dijo Macrina y Toño sintió toques en las nalgas. Ella no evitó la carcajada y él, repuesto de la sorpresa, la secundó. Mire, qué encajosita: yo disculpándome y usté de abusiva. Abusón usted, cuando anda en la briaga; mejor cuide a la Fina y déjese de celos. No, pus ni hablar, dijo Toño. Y acelere o pierde la propina; voy a la congregación. S'os órdenes, Macrina: usté manda. Yo mando, respondió.

*Escritor. Cronista de 'Neza'