REPORTAJE | POR FRANCISCO MEJÍA Y ALEJANDRO MADRIGAL

Recolección eficiente en vías primarias, solo con privados

Manejo de la basura

El gobierno capitalino contrató 38 empresas para la limpieza de 86 principales vialidades, mientras el resto de la ciudad es atendido por empleados de la tercera edad, quienes se mueven en más de 2 mil vehículos destartalados.

Ciudad de México

Brigadas de pollitos barren de madrugada el Viaducto, desde Zaragoza hasta Insurgentes. Son trabajadores de limpia enfundados en overol amarillo y guantes rigurosos. A la distancia, camiones con las torretas encendidas alertan a los automovilistas para que aminoren la velocidad. Esta labor es complementada por barredoras nocturnas; sin embargo, ayer no pasaron por esta zona, así que los brigadistas recolectarán, además de toneladas de basura, 150 mil colillas de cigarro en ese tramo de 20 kilómetros.

Este modelo de limpieza es aplicado por 38 empresas privadas, pero solo en 86 avenidas primarias de la Ciudad de México (unos 3 mil 600 kilómetros) y reciben por este trabajo hasta 250 millones de pesos cada año.

Las otras calles de la ciudad y colonias populares no tienen la misma suerte. De ese terreno secundario se encargan los trabajadores de la Sección 1 de Limpia del Sindicato Único de Trabajadores del DF (SUTGDF), solo que en camiones desvencijados. Los más recientes fueron adquiridos por el gobierno capitalino en 2000, pero ya cumplieron su vida útil.

Las empresas privadas emplean a mil 700 hombres y mujeres que trabajan en dos turnos; en el Gobierno del Distrito Federal las estadísticas sobre su personal no son claras, pero la mayoría es de la tercera edad: tienen 58 años en promedio.

Los empleados de las empresas privadas llevan uniforme obligatorio y recolectan la basura en tractocamiones; el personal del GDF porta el traje caqui de servicio a medias, no así los 10 mil “voluntarios” que van en los camiones, quienes no usan cubrebocas ni guantes.

LAZOS Y CANDADOS

El campamento Pino, en la delegación Cuauhtémoc, más que un sitio en el que se reparan los camiones de limpia del DF, parece un deshuesadero ilegal.

Por todos lados hay vehículos  descompuestos, que muchas veces son reparados con los recursos de los propios operadores. Para ellos es vital mantener la unidad en funcionamiento, pues de eso depende parte de sus ingresos.

“Aquí falta todo: no hay aceite, no hay refacciones, no hay mantenimiento preventivo, no hay llantas. Dicen (las autoridades) que no hay presupuesto y así trabajamos a diario”, dicen varios empleados.

También es evidente el canibalismo de las unidades, pues es frecuente que los trabajadores quiten piezas de unos vehículos de limpia para ponerlas en otros.

Más aún, varios operadores circulan por calles de la ciudad “sin verificación, sin placas, sin revista y con licencia vencida”, asegura Daniel Campos, empleado en el campamento de Cuauhtémoc.

Según el dirigente de la Sección 1 de Limpia del SUTGDF, Hugo Alonso, “hay un rezago enorme de vehículos; tenemos unidades viejas, que datan de los años setenta”.

También recuerda que 80 por ciento de los 2 mil 300 vehículos que tiene la ciudad para este servicio es “viejo, obsoleto e inservible”.

En el recorrido realizado por MILENIO por este campamento resaltan varios camiones: unos tienen las puertas aseguradas con cuerdas y otros con candados.

En el servicio privado de limpia la situación es distinta. Las empresas participantes lo hacen bajo el esquema de prestación de servicios, mientras que los contratos cuestan anualmente al erario de la Ciudad de México entre 200 y 250 millones de pesos.

JORNADA DE OCHO HORAS

Al final de su jornada de ocho horas, una brigada que trabajó en el Viaducto llena una cubeta de 20 litros con colillas de cigarros.

El subdirector de Apoyo a la Recolección de la Secretaría de Obras y Servicios Urbanos del gobierno capitalino, Óscar Castillo García, asegura que la basura que tiran los automovilistas a su paso por las calles se convierte en un problema en temporada de lluvias, porque tapona las alcantarillas.

“Una colilla hace una montaña”, dice. “Cuando no pasa la barredora nocturna en los carriles de alta velocidad, hemos llenado una cubeta de 20 litros con colillas de cigarro solo en un kilómetro”, añade.

El matemático Josueth Vázquez Rojas acepta hacer un cálculo rápido para MILENIO. Si una primera capa de colillas (en el fondo de una cubeta) tiene unas 180 colillas, el recipiente completo (35 capas) tendrá unas 126 mil colillas.

“Sin embargo, si son compactadas con el pie, como lo hacen las personas de la basura, tendremos fácilmente 150 mil colillas”, afirma.

En la recolección y transporte de basura las empresas privadas tienen brigadas de nueve elementos, cada una en turnos de ocho horas.

Cada grupo barre un trayecto de siete kilómetros. Esta labor es apoyada por 209 vehículos de modelo 2010 o más actuales, además de 23 barredoras que realizan limpieza de domingo a jueves.

En términos generales, los pollitos retiran de esos 20 kilómetros de Viaducto 717 toneladas diarias de basura, de las cuales 80 por ciento es inorgánica y 20 por ciento orgánica.

Sin embargo, la dificultad mayor que encuentran los brigadistas de las empresas privadas son los tiros clandestinos de basura.

Un tiro se forma cuando los automovilistas arrojan basura en bolsas a las vialidades primarias. Esta práctica sistemática genera montones de desechos que en unas cuantas horas superan un metro cúbico.

Según el inspector de los trabajadores en Viaducto, Samuel Alquicira, un solo tiro de basura puede llenar una camioneta de seis toneladas y precisa que los puntos más problemáticos se localizan por el rumbo de Tacubaya.

La otra dificultad de este ejército de limpia son sus condiciones laborales, porque tienen pocas prestaciones sociales, apenas media hora para comer y un sueldo catorcenal de mil 800 pesos. “Es muy poco el salario para una jornada de ocho horas con una escoba en las manos”, asegura un empleado, que se aleja sin decir su nombre.

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