Polyforum Siqueiros: crear la fuerza, no destruirla

Ante el rumor de la edificación de una torre que arriesgaría el inmueble y su mural escultórico y arquitectónico, el jefe del GDF, Miguel Ángel Mancera, aseguró que lo defenderá y “no se apoyarán ...
Polyforum Siqueiros
Polyforum Siqueiros (Nelly Salas)

Ciudad de México

Un anciano levanta la mirada sobre el cielo. Mira los volcanes y crea mundos fantásticos alrededor. Emerge de las montañas un poder ilimitado, de color, luz y agua. El viejo cierra los ojos y refresca su pincel entre pigmentos. Se ha fatigado de soñar. Entonces un señor de corbata y sombrero interrumpe su viaje. Se ha colado al estudio improvisado del pintor y lleva quién sabe cuánto, allí detrás suyo, esperando un respiro para interrumpir.

—¿Cómo vas Gerardo? —interroga al pintor.

—¿Vienes por tu cuadro? —repone el viejo artista.

—No, quiero saber si ya hablaste con David sobre nuestro proyecto.

—No Manuel, no he ido a visitarlo y no sé si lo haré. Quiero contarle mi historia yo aquí, en Cuernavaca, con mis imágenes. Tráelo acá.

—No se puede, él está en prisión por órdenes del mero-mero. Yo no puedo hacer nada.

—¿Ni porque te diga yo que él es el único que puede ejecutar la capilla que deseas? Él es el único con talento Manuel, yo ya tengo los días contados. Debes sacarlo de la fosa y ponerlo a pintar día y noche hasta terminar la marcha. Conozco bien sus dotes, él creará un universo donde yo he puesto la semilla. El transformará el espacio en luz, en curva, en potencia de color. Siqueiros “creará la fuerza”.

—Entonces tendrá que comenzar a trabajar desde la cárcel porque el proyecto no puede esperar.

—No lo hará don Manuel, no después de que vea mis notas —dice el viejo mientras escribe en el gigante cuadro con lentitud “Dr. Atl”...


SU CONSTRUCCIÓN

El Polyforum Siqueiros estaba cobrando vida. Comenzó, hacia principios de los sesenta, como una ilusión de un viejo pintor llamado Dr. Atl (Gerardo Murillo), pero pronto, por las dimensiones de la obra y por lo fatigado del maestro, el proyecto cambió de manos y cayó en las únicas con capacidad para “crear la fuerza”. El Dr. Atl trabajaba frenéticamente desde sus trincheras la construcción de una ciudad dedicada al conocimiento del hombre; mientras, su mecenas lo asilaba en su bello Casino de la Selva: era el empresario español Manuel Suárez, un bragado hombre de negocios que había hecho de una compañía cementera una plataforma para consolidar un inmenso capital. Con las ganancias don Manuel revivió, hacia finales de los años treinta, la arquitectura del Casino de la Selva en Cuernavaca y asiló a todo tipo de talentos, la mayor parte de ellos escultores y pintores.

Suárez buscó a David Alfaro Siqueiros en su celda de Lecumberri y le hizo una propuesta inusual. El pintor estaba en prisión por apoyar la huelga del sindicato de ferrocarrileros, lo que le costó la libertad pero no su capacidad para seguir creando. Desde El Palacio Negro Siqueiros dirigía un taller de escenografías para las representaciones teatrales de los presos. El empresario le compró todo lo que producía a cambió de que comenzará a trabajar en una serie de murales que integrarían una capilla en Cuernavaca, semejante a lo realizado en Chapingo por el maestro Diego Rivera. Fue así como de 1961 a 1963 Siqueiros dedicó su tiempo de reclusión a idear el mural para Suárez. Ya fuera de prisión, el muralista se entregó totalmente a la obra, para lo cual el mecenas dispuso para ese trabajo el espacio conocido como La Tallera. Siqueiros había alimentado en su encierro un imaginario potente y planeaba dejarlo libre sobre aquellos muros, de ahí su entrega y obsesión.

A la par, Suárez y su equipo diseñaban la ejecución de un centro de convenciones de talla internacional. Para su realización encomendó al arquitecto Guillermo Rossell de la Lama que viajará por las principales capitales del mundo para nutrir el diseño de su proyecto. Pronto las ideas se consolidaron en un ambicioso conjunto que Suárez denominó México 2000. Se trataba de una construcción que disponía de hotel, foros, restaurante giratorio, explanadas, todo en enorme rascacielos.

México 2000 avanzaba a pasos acelerados y Alfaro Siqueiros y su taller hacían crecer en proporciones la obra mural. No pasó mucho para que Suárez diera el vuelco completo a sus obras y las detonara al unísono. Siqueiros trabajaría ahora en conjunto con Rossell para diseñar un espacio mural que se acoplaría a la explanada del enorme Hotel de México. Así el conjunto México 2000 ahora usaría la fama de Siqueiros para atraer a los turistas y el pintor tendría un público mayor con una obra de dimensiones colosales.

El trabajo explotó en exceso. La obra se ejecutaba sobre enormes bastidores que eran transportados a los terrenos del hotel y ahí se montaban sobre estructuras enormes de metal. Siqueiros podía plasmar en el nuevo proyecto del Polyforum toda su fuerza creadora. Apoyado en las notas del viejo Atl llegó a la forma de diamante que articula la extravagante forma del edificio. El Polyforum floreció como un dispositivo único de integración plástica que amarraba en sus entrañas pintura, escultura y arquitectura en un solo ejercicio técnico colectivo. Siqueiros no paraba de pintar y dar órdenes a los suyos. Diseñaba maquetas y prototipos donde experimentaba texturas y color. Iba y venía de La Tallera con nuevas ideas y soplos de inspiración. Probó técnicas para ejecutar de forma mecánica la obra. Buscó la dynamis por encima de la poiesis y enloqueció con los resultados materiales y conceptuales. Jugó con la geometría como un niño para revelar los misterios de los ancianos. Llegó a la obra de arte total.

El exterior de la obra fue una genuina hazaña arquitectónica y mural sin precedentes, pero lo mejor era el escenario del interior. Lo que le quitó el sueño al muralista fue consolidar la obra de integración plástica completa. Por ello recurrió a la estructura revelada en su encierro, entre los montones de notas arrugadas por los años en Lecumberri encontró la forma panóptica perfecta para su mural. Gracias a su experiencia en una cárcel “panóptica”, dispuesta en círculo con una enorme torre de vigilancia, fue que Siqueiros ideó el pivote de una obra curva que transformaba el espacio del espectador en una marcha infinita que rodeaba completamente la mirada. Descubrió así al espectador completamente activo que se integra espectacularmente a La marcha de la humanidad como si fuera devorado por un torbellino. La idea del centro y la periferia resolvieron la dialéctica del Polyforum en una obra maestra.

Ya para diciembre de 1971, Suárez y su equipo precisaron la entrega del edificio en una inauguración apresurada, donde el presidente Luis Echeverría estuvo entre el público que miró un Hotel de México a medias y un Polyforum aún sin acabados. Siqueiros murió y varios años más tarde Manuel Suárez igual. México 2000 murió con ellos y décadas más tarde parece que el Polyforum sale sobrando en los nuevos proyectos. Igual se rumoró que el Casino de la Selva sería vendido y el rumor se tornó pronto en un hecho, casi nada se salvó. Otra vez un rumor amenaza con desvanecer el arte total del Polyforum, mural, escultórico y arquitectónico.

Esta vez es un exceso, esta vez se trata de “crear la fuerza”: ¿lo vamos a permitir?


vargasparra@gmail.com / @inmitros