Polanco, meca de la nueva gastronomía mexicana

Hay muchas formas de conocer la ciudad, una es a través de su comida y arquitectura. Mexican Food Tours tiene como meta redescubrir la cocina mexicana y conocer Polanco en el camino.

Ciudad de México

Hay muchas formas de conocer Polanco, ese barrio cosmopolita, una de ellas es a través de su gastronomía y arquitectura. Es la meca de la nueva gastronomía mexicana, pero es mucho más que simples restaurantes.

Más allá de Masaryk y sus tiendas de lujo, el lugar está compuesto por casas de estilo californiano, casonas barrocas y construcciones art decó, que al avanzar por sus calles revelan la evolución de la colonia a través del tiempo.

Redescubrir la comida mexicana y conocer Polanco en el camino es la meta de Mexican Food Tours, un tour gastronómico único en la capital. Con seis paradas para degustar comida típica mexicana, Jimena Gil y Connie Estefan, recorren las calles de esa colonia guiando a extranjeros y connacionales por los sabores del país.

El recorrido arranca en Barro Negro, que se especializa en comida oaxaqueña. Aquí probaremos tres tipos de mole, una tlayuda frita en manteca y agua de hoja santa.

"La Ciudad de México está entre las cinco ciudades donde mejor se come en el mundo, según la revista Forbes" dice Connie. Y cómo no, con la variedad de platillos y sabores con que cuenta nuestro país, el DF se encuentra en el puesto número cuatro, solo detrás de París, Roma y Tokio.

"Polanco es una colonia cosmopolita, sus restaurantes abarcan todo tipo de cocina, nacional e internacional, y la verdad es que los restaurantes de comida típica que hay aquí son de gran calidad y mucho prestigio, vale la pena venir a comer aquí", asegura Connie.

Sentados en una mesa del segundo piso el grupo, integrado por las guías, cuatro estadunidenses de Nueva Jersey y dos jóvenes de las Islas Caimán, comienza a escuchar un poco sobre la historia de Oaxaca, dónde está ubicado y por qué mantiene una rivalidad culinaria con Puebla en cuanto al mole se refiere.

Las tlayudas llegan mientras un mapa del país se muestra en la pantalla de una tablet para ayudar a los turistas a ubicar Oaxaca. "¿Cuál es el ingrediente secreto en el mole?", pregunta Connie. "Chocolate", responde Charles, uno de los turistas de Nueva Jersey.

Definir el tour no fue fácil, las jóvenes empresarias tardaron dos meses en recorrer restaurantes para probar los platillos y definir cuáles podrían ser atractivos para los citadinos y los extranjeros.

"Cuando llevamos a la gente a probar la cocina oaxaqueña le damos agua de hoja santa, y nos sorprende que muchos mexicanos que vienen al tour nunca la habían probado antes", dice Jimena.

Cuando todos terminan su comida, el grupo sale y camina hacia la siguiente parada: Tamalli. Allí se pueden degustar dos platillos típicos de la cocina mexicana, los tamales y la cochinita pibil.

Mientras todos buscan donde sentarse, las guías entregan un tamal de cochinita pibil envuelto en una hoja de plátano y un atole de chocolate a cada uno. "Esto es achiote, eso lo que le da ese color naranja a la carne", dice Connie mientras les enseña a todos una foto en un tableta.

Caminamos sobre la calle Emilio Castelar y nos detenemos en el parque Lincoln, justo frente a la Torre del Reloj. "Este reloj es el símbolo de la estación del metro Polanco", explica Connie. "Muchos capitalinos no lo saben, por eso nos gusta explicarlo en el tour", dice Jimena.

El parque es un espacio a dónde la gente lleva a pasear o entrenar a sus perros. "¿Cómo hacen para tener esos 50 perros todos echados?", pregunta Jeremy, quien visita la ciudad por primera vez. Él viene de las Islas Caimán.

"Oh, son los perros de la gente que vive aquí. Hay un entrenador que todos los días los pasea y recibe aquí en el parque, siempre se portan así", responde Connie. Y es que el parque Lincoln es uno de los pocos espacios públicos a dónde se puede llevar mascotas sin que los vecinos protesten.

Caminamos. Nos detenemos frente a la estatua de Abraham Lincoln que el presidente Lyndon B. Johnson regaló en 1966. "Este es el primer parque se construyó en la zona, de hecho la colonia se empezó a desarrollar tal y como la conocemos ahora en 1937. Antes de eso era la Hacienda de San Juan de Los Morales y aquí solo había cultivos", cuenta Connie.

Damos vuelta en Julio Verne, enfilamos hacia una auténtica cantina mexicana nos dicen. Así llegamos a La Surtidora. El menú aquí es pulque de mandarina y tacos. Al fondo suena música norteña.

"Lo que van a comer se llama taco "Villamelón" tiene chicharrón, que es la piel del cerdo, nopales y chorizo, lo pueden acompañar con tres tipos de salsa una de chiles rojos, otra de chiles verdes y una hecha con aguacate que se llama guacamole", explica Jimena a los turistas.

Envalentonados, los turistas se despachan la salsa "con la cuchara grande" para terminar sudando y diciendo que está muy picante. Mientras esperamos por unos vasos de agua simple Connie no explica que un 70% de los que toman el tour son extranjeros. "Hemos tenido gente de los cinco continentes, literal", asegura.

Enchilados pero contentos, los integrantes del tour salimos de la cantina y enfilamos hacia Campos Elíseos. Esta calle al cruce con Reforma era antiguamente la entrada para la colonia, también nos cuentan que sobre Masaryk están las tiendas más lujosas. "Es como un Rodeo Drive de Los Ángeles o una Quinta Avenida en Nueva York", dice Connie.

Cuando llegamos a la esquina de Aristóteles y Campos Elíseos tomamos posesión de unas mesas al aire libre del restaurante Karisma. "Nosotros estamos hospedados aquí enfrente" dice sorprendido Dough, el otro visitante de las Islas Caimán.

Mientras esperamos por una sopa de frijoles con queso de cabra y fideos, acompañada de un vaso de agua de horchata. Jimena cuenta la historia de la estatua dedicada a la charrería que adorna la glorieta.

Conocer las ciudades es a través de los tour gastronómicos, una fórmula que se conocen muy bien en Roma, Nueva York o París, ciudades reconocidas mundialmente por la calidad de sus restaurantes pero también por la belleza de sus construcciones.

"El agua se prepara con arroz y canela", dice Connie a los estadunidenses que le preguntan de qué está hecha. Cuando todos terminan su sopa, enfilamos otra vez hacia el parque Lincoln, al aviario.

Antes de llegar a él nos detenemos porque nuestras guías querían mostrarnos el teatro al aire libre Ángela Peralta, una soprano mexicana muy famosa del siglo XIX, era conocida como 'El ruiseñor mexicano". Seguimos avanzando hasta llegar al aviario. Frente a él, Connie y Jimena explican lo importante que es ese lugar como parte del atractivo del Parque Lincoln.

Seguimos avanzando con la idea de llegar otra vez a Julio Verne, allí nos detenemos en Que Bo!, una chocolatería de sabores únicos. El menú aquí incluye chocolates con sabor a pan de muerto, café de olla, tamarindo y guanábana.

Para limpiar el paladar, entre cada prueba nos ofrecen a todos un poco de caballito con mezcal. "Esto es un poquito más fuerte que el tequila", advierte Jimena. "Por las nuevas amistades" dice Charles. "Es al centro y pa' dentro o ¿cómo dicen ustedes?", pregunta Dough.

Un poco acalorados por el mezcal que acabamos de tomar, seguimos caminando y entramos al Pasaje Polanco. El lugar está lleno de tiendas y restaurantes, pero lo que más sorprende a los turistas es la arquitectura.

"Es como un patio español, abajo hay comercios y arriba viviendas. Fue diseñado en 1938 por Francisco J. Serrano, un arquitecto mexicano muy famoso. La construcción es estilo californiano. Es un lugar muy colorido", dice Connie.

Regresamos hacia el Parque Lincoln, listos para la última parada de nuestro tour. Llevamos más de dos horas recorriendo Polanco. Llegamos a Emilio Castelar y enfilamos hacia la nevería Roxy.

El sol está en lo alto y todos llegamos muy acalorados. Las chicas se sientan con nosotros y nos dan un helado de mamey. Connie aprovecha la pausa para mostrar en la tableta una foto del mamey y explicar un poco más de la fruta.

Mientras todos comemos nos piden amablemente que digamos que nos gustó más del tour.

Después de tres horas de tour, todos nos despedimos. Estamos frente al parque Lincoln, pero el parque ya no se es el mismo, ahora ha cobrado una perspectiva. Así que decido caminar a través de él un poco más antes de enfilar hacia Reforma.