REPORTAJE | POR FRANCISCO MEJÍA Y ALEJANDRO MADRIGAL

Pepena, mina de oro para líderes, políticos, empresas, familias...

Manejo de la basura

El investigador Héctor Castillo Berthier asegura que el tratamiento de desechos es un mercado que está en manos de tres organizaciones, cuyos líderes obtienen 300 mil pesos mensuales; hasta 250 mil personas dependen de esta actividad.

Ciudad de México

En el mundo de la basura todo tiene precio: el vidrio se compra en dos pesos por kilogramo, el plástico en tres, el derecho a descargar un camión en algún centro de transferencia del Distrito Federal cuesta 100 pesos, manejar un vehículo en buenas condiciones para la recolección de desechos cuesta 50 mil y una ruta aceptable, 60 mil pesos.

Los responsables de fijar estas cuotas apuntan a las tres organizaciones dedicadas a recolectar la basura en el Distrito Federal: Frente Único de Pepenadores, Unión de Pepenadores del DF Rafael Gutiérrez Moreno AC y Asociación de Selectores de los Desechos Sólidos de la Metrópoli.

Sus líderes son, respectivamente, Pablo Téllez, Guillermina de la Torre y Luis Rojas, identificados por Héctor Castillo Berthier, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, como los "dueños de la basura" en la ciudad.

El especialista asegura que cada uno de esos líderes tiene ingresos de 300 mil pesos al mes por la recolección y pepena de desechos, aunque ninguno mueva un dedo para recoger un papel.

Los intereses del gremio deben tener la complicidad de las autoridades. Solo así se explica el peaje que pagan los choferes en los 13 centros de transferencia de basura, que dependen de las delegaciones y el Gobierno del DF.

Esas plantas "son cotos de poder", reitera Castillo Berthier. "La basura genera riqueza para líderes, políticos, empresas, peones, trabajadores y familias; en términos generales, al menos 250 mil personas viven de la basura", precisa.

EL VALOR DE LAS RUTAS

En el Campamento Pino de la delegación Cuauhtémoc, Agustín Rosas, chofer del servicio de limpia, maldice su suerte. Suda copiosamente y lleva los brazos cubiertos de grasa por la talacha de todo un día en su vehículo.

—Me gasté 10 mil pesos en una bomba y el carro no quedó —dice molesto—. Tenía 57 mil pesos guardados, pero ya se acabaron: todo lo invertí en este camión, que es apenas modelo 2007.

En las 16 delegaciones del DF hay un campamento similar para los trabajadores de limpia. Ahí es común la disputa por la chatarra vehicular, es decir, por las piezas de los camiones inservibles que luego se colocan en los más recientes.

Cuando eso no es suficiente, los trabajadores deben arreglar las unidades con dinero de su propio bolsillo, pues de esa inversión dependen sus ingresos y la manutención de sus familias. Un camión parado no genera recursos (solo deudas), aunque algunos no aguantan un parche más.

Los operadores que sí tienen camión aceptable tienen un reto adicional: moverse por una ruta que genere ingresos; sin embargo, éstas no se asignan por méritos o antigüedad: hay que desembolsar 40 mil o hasta 60 mil pesos por una, admiten los choferes.

Según sus cálculos, una ruta "aceptable" genera 5 mil pesos semanales, pero esa cantidad "debe escurrir a todos: voluntarios, recolectores, jefes pequeños y medianos, y líderes de pepenadores".

En el mismo campamento de Cuauhtémoc, Rogelio Estrada cuenta su experiencia: "Este camión es modelo 1980; le metí dinero y no quedó; vino otro compañero, le puso motor nuevo y se lo llevó. Tengo 45 años trabajando y aún no tengo ruta propia, para tener una buena hay que entrarle con los jefes hasta con 60 mil pesos".

René, otro viejo trabajador del volante en el servicio de limpia, se queja de la misma situación: "Quizá me muera antes de tener una".

En lo que sí coinciden los operadores es en que las rutas buenas "están en poder de jefes y líderes del sindicato. Para nosotros solo hay tres opciones: barremos, salimos a las calles con un carrito, que también tiene precio, o nos vamos a la banca", afirma Joel Estrada.

Para el líder del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno del Distrito Federal (SUTGDF), Hugo Alonso, "no hay mafias en el gremio de la basura y nadie controla nada".

Acepta que esta actividad genera riqueza, "pero únicamente para los grandes empresarios que compran a gran escala los desperdicios; ellos pagan el plástico a tres pesos por kilogramo y la botella (de vidrio) a dos".

Momentos después recula y reconoce la existencia de mafias. Asegura que hay un "monopolio" del PEP (plástico transparente), pero culpa a la comunidad china en México de controlarlo.

Para Castillo Berthier, de la UNAM, no hay duda: "La basura es parte de un sistema corrupto, clientelar e informal que no tiene que ver nada con la generación de desechos y representa una especie de eje político, donde hay caciques".

PEPENA Y VOLUNTARIOS

En los 2 mil 300 camiones de basura que —supuestamente— operan en la Ciudad de México hay 10 mil voluntarios. Se trata de personas que no están sindicalizadas ni trabajan para el Gobierno del DF; viven de las propinas y con ellos comienza el primer nivel de la pepena.

Su labor es espulgar y encontrar en la basura de los ciudadanos o los desperdicios de las empresa materiales que venderán luego en locales aledaños a los centros de transferencia: PET, periódico, cartón, fierro, hule, vidrio, latas, botellas, trapo y hasta tortillas.

Es su única oportunidad para ganarse unos pesos. Una vez que la basura entra a las plantas o a los centros de selección —administrados por el DF— ya es botín de las tres organizaciones de pepenadores.

"La pepena no está permitida en los camiones ni en la recolección domiciliaria", según el líder del Sutgdf. Cuando se le cuenta esto a Roberto, uno de los voluntarios, ríe. Luego se carcajea.

Mañana: Hidratación de la basura como alternativa.