Motivos para quedarse; la CNTE en el Monumento a la Revolución

Frente a la idea de que tres mil de sus compañeros votaron a favor de retirar el plantón, los maestros de la sección 22 que se mantienen en la Plaza de la República, se muestran incómodos. ...

Ciudad de México

El plantón que los maestros de la CNTE mantienen en el Monumento a la Revolución, llega hasta la calle de la Plaza de la República. El escenario es el mismo que cuando estaban en el Zócalo: carpas, lonas, tiendas de campaña y anafres como improvisadas cocinas.

El Monumento a la Revolución ofrece a algunos maestros cobijo contra la lluvia. La fuente que emerge del suelo lleva días sin ser activada. “Nos están respetando”, comparte para MILENIO el profesor Eleazar Rodríguez.

Otro profesor lo interrumpe y bromea: “pero sería bueno que la prendieran para juntar agua”. Las risas no se hacen esperar.

A pregunta expresa y discreta, los maestros niegan que entre ellos, en el campamento, existan integrantes del gremio que votaron a favor de retirar el campamento.

Un grupo de profesores charla en el ala poniente del Monumento a la Revolución, casi enfrente de las instalaciones de la CTM.

“No, ¿quién le dijo eso?, todos los que estamos aquí votamos por quedarnos”, comparte uno de los maestros y agrega que el movimiento no se ha debilitado.

“Incluso están por llegar unos compañeros de Chiapas, ya vienen para acá, son como 500”, comparte otro de los maestros en la charla.

Son las cinco de la tarde pero el sol aún es intenso. Huele a carbón quemado y comida, y la banda sonora son gritos de los estudiantes normalistas que dan la vuelta a la Plaza de la República.

“¡No se rindan, aguanten, aquí estamos nosotros para apoyarlos!”gritan los jóvenes.

Caminar hacía el corazón del campamento, donde se encuentra el acceso al Museo Nacional de la Revolución y el acceso al mirador, es como un laberinto de tiendas de campañas.

Los maestros identifican a quienes no son del movimiento y ante el desconcierto ayudan a los turistas y paseantes a llegar hasta el acceso del museo dando instrucciones y permitiendo el paso.

Eleazar Rodríguez conversa con sus compañeros bajo una tienda de campaña mientras que aguardan 20 minutos más para que inicie una junta a la que alguien acaba de convocar desde un altavoz.

El maestro saca su teléfono celular y muestra videos y fotografías. Es su tierra: Coicoyán de las Flores, en Juxtlahuaca, Oaxaca. Sin imágenes de calles que se convirtieron en río con agua chocolatosa, y fotos de ruinas que dice, era la casa de su mamá. Estragos de Manuel e Ingrid.

Se pone serio ante la idea de que algunos de sus compañeros votaron a favor de retirar el plantón.

“Yo estaba en el campamento del Zócalo. Me fui a Oaxaca y acabo de regresar porque la lucha sigue. Me fui porque tenía que ver lo que estaba pasando, en mi comunidad las lluvias hicieron mucho daño. Recuperé lo que pude recuperar y de inmediato me regresé (al plantón). Aquí también me necesitan”, sostiene.

“El río se lo llevo todo, las lluvias arrasaron con muchas casas, con la mía, con mi negocio, con nuestros animales”, comparte.

Una maestra de preescolar, también de Juxtlahuaca, agrega que el caso de Eleazar no es el único, y que varios de sus compañeros fueron afectados por las lluvias de Ingrid y Manuel.

Un maestro de nombre Gonzalo se une a la conversación, y todos comienzan a disparar ejemplos de casos de compañeros que sus comunidades resultaron afectadas.

“Todos estamos haciendo un esfuerzo, no nos iremos hasta lograr abrogar la ley, no nos escucharon antes, esperemos que nos escuchen ahora, seguimos firmes en las convicciones que nos trajeron a la capital”, concluye Eleazar.