Brasileñas bailan samba al son del mariachi

La comunidad de ese país y mexicanos se encontraron en un bar de la ciudad para ver el partido entre sus selecciones en la Copa del Mundo.

Ciudad de México

Sheila bailaba samba al ritmo de "El Rey", de José Alfredo Jiménez. Los mexicanos a su alrededor la observaban. Era Brasil, pero en un bar de México.

La batucada recibió a brasileños y mexicanos que convivieron entre cervezas y botana para ver en el bar Tara, de la colonia Roma, el empate entre México y Brasil de la Copa del Mundo.

El lugar estaba colorido por playeras verdes, amarillas y rojas. Banderas de los dos países. El acto inició al entonar el himno mexicano. Los mexicanos cantaron; los brasileños se prepararon para cuando llegara su momento.

Los que apoyaban a Brasil hicieron una fila frente a la pantalla, pasaron sus brazos a la espalda de los compañeros que tenían a un lado. Era su turno. Se hicieron escuchar, gritaron su himno. Al terminar comenzaron a brincar. El piso de madera temblaba.

Arrancó el partido entre sonidos de matracas, cornetas y gritos de ¡México, México! ¡Brasil, Brasil!

Uno que otro se amarró la bandera de su país como capa. Si el bar Tara es un micromundo de la comunidad brasileña que vive en la ciudad de México querría decir que hay más mujeres que hombres.

Los hombres mexicanos estaban atentos a la pantalla cuando no se distraían para ver de reojo a las chicas brasileñas. Uno de ellos fue Samuel: "¿por qué crees que escogí este lugar?".

Conforme avanzaba el partido los rostros mostraban la angustia de los 90 minutos y agregados que duró el partido. Cada que Neymar recuperaba el balón los brasileños bailaban, gritaban "¡ya, ya, ya!"

El lugar estaba abarrotado. Cada quien en su lugar. Parados, sentados en sillas, piso o donde fuera. Lo esencial era tener la plasma de frente. Apoyan a diferentes selecciones en el mismo lugar. Pueden ofender al jugador que tiró a su seleccionado, pero descartan alguna rivalidad entre las dos naciones. "No, no, para nada. Muy buena convivencia con los basileiros (sic). Tranquilo", dijo un asistente mexicano.

En distintas ocasiones del partido, el portero mexicano Guillermo Ochoa defendió su portería de los brasileños. Evitó por lo menos cuatro veces que el balón entrara. En una de esas jugadas 'Memo' se aventó para alcanzar el balón que estuvo a punto de clavarse; lo sacó de la línea. "Sí (fue el partido de mi vida), y hoy gracias a Dios se dan las cosas", dijo el arquero después del juego.

Ochoa atajó con una mano un cabezazo de Neymar que se metía junto al poste al minuto 25, y poco antes del medio tiempo paró un tiro a quemarropa.

"Esos paradones de Ochoa estuvieron buenísimos", dijo Samuel. "(En el bar) la convivencia es increíble. Mucha samba, mucha brasileña, estamos con el anfitrión, me encanta. Es como estar en Brasil, pero en México".

En el minuto 30 se escucha en el bar El Rey, después de que Memo Ochoa salió de la portería para atajar a un jugador. Los brasileños gritaron un prolongado ¡noooo! Pero eso no fue impedimento para la fiesta. Bailaron y echaron porras.

El primer tiempo terminó y el partido estaba empatado a ceros. Los asistentes dejaron de poner atención a la plasma y comenzaron el 'carnaval'. No era como el de Río de Janeiro, pero mexicanos y brasileños convivían, se reían, platicaban mientras sonaba Cielito Lindo, y las brasileñas bailaban samba.

El partido continuó. No hubo goles, pero sí tensión, estrés, uñas mordidas, manos en la cara, groserías, porras, más samba y mariachi.