Maestros de la CNTE temen que los desalojen de Ciudadela

Los maestros permanecen en la Plaza de la Ciudadela con la incertidumbre de que la policía vuelva a llegar para negociar que retiren el plantón.

Ciudad de México

La Plaza de la Ciudadela se convirtió en dormitorio y cocina para los maestros de la CNTE, luego de que en la madrugada, tras una negociación con granaderos de la Policía Federal, levantaron su plantón de Bucareli. El susto pasó, pero prevalece la incertidumbre.

Maestros levantan y doblan sus cobertores y los embolsan "para estar listos por si la policía nos quiere volver a desalojar"; otros permanecen acostados en colchonetas, sobre cobijas o adentro de tiendas de acampar.

Fue un "madruguete", acusan los profesores. Alejandro García, maestro de secundaria de la sección 18 de Michoacán, cuenta cómo alrededor de las 2:30 horas lo despertaron para decirle que tenía media hora para tomar sus cosas, porque los granaderos iban a desalojarlos.

"Uno se despierta con miedo porque no sé qué va a pasar. Se crea una psicosis. Recogimos todo y se 'negoció' que nos viniéramos a la Ciudadela, pero aún hay incertidumbre de que nos desalojen", dice.

Alejandro es maestro desde hace 8 años y es la primera vez que le toca un desalojo.

"Se siente miedo e incertidumbre", comenta mientras recoge sus cosas del suelo para ir al Metro Polanco, donde integrantes de la CNTE apoyarán una protesta de los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala hace un año y ocho meses.

A las 8:00 horas ya huele a huevo con chorizo y tortillas hechas a mano. "Todo es michoacano, lo trajimos de allá", dice uno de los maestros, quien junto con otros prepara el desayuno para sus compañeros.

En la esquina de la plaza instalaron una cocina improvisada. Poco a poco se acercan maestros desvelados y somnolientos. Mientras ellos desayunan, Salvador Almanza Hernández, secretario de organización de la Sección 18, acuerda con sus compañeros la agenda del día. Dos maestros de cada región se quedarán en el plantón, los demás se irán a las actividades.

Una maestra de la sección 18, quien pide no poner su nombre, permanece sentada sobre los cobertores que fueron su cama después del desalojo, "antes había vallas, había golpes y descalabrados, no había maestros desaparecidos. No queremos confrontaciones, no queremos desaparecidos", dice.

En algunas casas para acampar, maestras se maquillan o leen los mensajes de su teléfono celular. Esperan a que les den instrucciones.

Maestros de la sección 18, de la zona de educación indígena, platican entre sí alrededor de la parrilla donde cocinan huevo con chorizo y frijoles. "El desalojo es un atropello a nuestros derechos humanos, es una cobardía hacer eso en la madrugada, no tiene derecho a quitarnos 'El Sargento Nuño'", dice una maestra enojada.

Entre los maestros así conocen al secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño: El Sargento Nuño. "Sus medidas son las de un dictador", califican.