Familias de Iztapalapa se quedan atrapadas en las aguas negras

Por 10 horas, habitantes de la colonia Vicente Guerrero sufrieron una de las peores inundaciones en sus casas; perdieron muebles, electrodomésticos, comida y carros, entre otros.

Ciudad de México

A lo largo de diez horas, la colonia “Vicente Guerrero”, en Iztapalapa, se convirtió en una ciénaga. Desde la noche del miércoles un caudal de aguas negras inundó casas y departamentos de la unidad habitacional y dejó una estela de excrementos, hojas, animales muertos y basura.

El colector de aguas pluviales fue insuficiente y la lluvia terminó por reventar el drenaje, el agua salía a borbotones por las coladeras hasta alcanzar en algunos lados 80 centímetros de altura. Los habitantes quedaron atrapados en sus propias casas.

La lluvia sorprendió en la calle a Margarita Gonthier Peraza, de 43 años. Regresaba de un mandado con su hija de ocho años cuando quedaron varadas a media calle con el agua negra a la cintura. Un vecino llevó a la niña en los hombros y consiguió llegar a casa, donde le esperaban sus otros dos hijos.

Alcanzaron a llegar a la habitación del más joven en el segundo piso y ahí permanecieron hasta las 6 de la mañana. No tuvieron tiempo siquiera de pensar en ir a un albergue y cuando quisieron salir, el agua impidió abrir la puerta.

Permanecieron encerrados hasta las 6 de la mañana cuando el agua bajó y permitió comenzar los trabajos de limpieza.

La lavadora, la secadora, el refrigerador, la sala y la aspiradora quedaron inutilizables.

“No podíamos abrir la puerta. Ayer estábamos fuera. Nosotros como pudimos llegamos. El agua nos llegaba a la cintura. Me urgía llegar a mis casa por mis dos hijos. Nos quedamos arriba hasta las 6 de la mañana. No podíamos movernos. Vino tan de golpe que no hubo tiempo de nada. Aventaron lo que pudieron”, dijo.

El agua hedionda impidió abrir la puerta para salir y buscar ayuda. El miedo al pillaje y la falta de información acerca del lugar en el que ubicaron los albergues completan el cuadro.


Un brigadista de la delegación Iztapalapa, que no quiso proporcionar su nombre, dijo que en la colonia se instalaron seis albergues, tres en la zona más afectada, el polígono que abarca el Centro Cultural Vicente Guerrero, el Hospital Veterinario y la Escuela de Artes y Oficios.

Un recorrido por los sitios mencionados mostró que en realidad no establecieron refugios, por lo menos no en los lugares indicados.

La gente podía llamar al número de la Base Fénix, un teléfono de emergencia que siempre sonó ocupado. Los afortunados que tienen segundos pisos corrieron a guarecerse. El resto se aferró a lo que pudo.  

Desde que Margarita Gonthier y su familia viven en la colonia, hace casi tres años, es la segunda vez que se inunda aunque la primera  esta magnitud.

Otra vecina, Guadalupe González Zamorano, de 72 años, contó que están acostumbrados a vivir a la espera de que las aguas negras inunden sus casas: “Cada año es lo mismo, cada año perdemos nuestras cosas y no podemos recuperarlos. El año pasado nos dieron 6 mil pesos para comprar nuestros muebles. ¿Por qué cree que compramos usados”, dice sin soltar el jalador para despejar el agua de su hogar.

Por como están amontonadas las pertenencias pareciera que los que pasó por la Vicente Guerrero fue un huracán: colchones, mesas y sillas están apiladas afuera para que se sequen.

“En dos semanas se alivia mi nieta y hasta la ropa del bebé se nos echó a perder. ¿Qué vamos a hacer”.

A unas cuadras, Ema Olalde de  43 años lamenta que cada año ocurra lo mismo. Bajó a las 6 de la mañana para sacar el agua de su casa. Tiene salpullido y le arden los ojos pero no para de barrer, intenta afanosamente en que no sea una pérdida total.

Por la madrugada, personal del Ejército Mexicano se trasladó al lugar para auxiliar a los pobladores.

Cuauhtémoc Eduardo Ruiz Ayala, General Brigadier de la Primera Zona Militar dijo que hay 500 casas afectadas y que desde la noche iniciaron los trabajos de desazolve.

El personal a su cargo; 8 oficiales y 183 elementos de tropa abrieron coladeras, sacaron lodo y basura.

“Estamos en coordinación con Protección Civil y no he visto ningún albergue”.  

A unas cuadras de la primaria Salvador Allende, María Teresa Gazario Mejía, de 65 años y su esposo José Guerrero Álvarez  colaboran con los soldados para limpiar la casa: “Nos están ayudando adentro. Mi esposo tiene cáncer. Mi nuera se va a llevar a los niños con sus otros abuelos que viven por Tláhuac porque ¿pues qué hacemos? No hemos podido ni desayunar”.


La mujer contó que no pudieron salir de la casa desde la noche cuando comenzó a granizar. La lluvia no paró hasta las 5 de la mañana, “Se mojó la sala. El agua subió por la coladera. Nos quedamos en un cuartito que esta arriba donde vive mi hijo y mi nieto. No nos enteramos de ningún albergue y la delegación hasta ahorita no ha puesto un pie”.

La experiencia hizo que la familia construyera tapancos y repisas con antelación para proteger al refrigerador y algunos otros de los muebles más preciados.

Afuera, personal de la delegación recorría algunas casas afectadas para levantar un censo de los artículos afectados pero sin ningún compromiso de reponerlos mientras un camión Vactor limpiaba las coladeras.