'Halcones' cambiaron palos y garrotes por balas: sobreviviente

Joel Ortega Sánchez, entonces estudiante de la Facultad de Economía de la UNAM, dio el discurso previo al inicio de la marcha del 10 de junio de 1971, en la que 44 estudiantes murieron.
El contingente de la Facultad de Economía de la UNAM encabezaba la marcha del 10 de junio de 1971.
El contingente de la Facultad de Economía de la UNAM encabezaba la marcha del 10 de junio de 1971. (Tomada de Youtube)

Ciudad de México

Unos 7 mil estudiantes se reunieron el 10 de junio de 1971 en la Escuela de Ciencias Biológicas del Politécnico en la calle de Carpio, colonia Casco de Santo Tomás, en espera de la señal que marcaría el inicio de la marcha rumbo al Monumento a la Revolución.

"Crear, dos, tres, muchos... Nuevo León", gritaban los estudiantes, quienes dudaban en caminar por las calles de una Ciudad de México abarrotada por policías.

Así lo cuenta Joel Ortega Sánchez, entonces estudiante de la Facultad de Economía de la UNAM, quien ese día dio el discurso previo al inicio de la manifestación.

Decidieron salir "porque no íbamos a permitir que nos quitaran ese derecho, porque queríamos impedir que volviera a ocurrir lo de Tlatelolco", asegura.

La marcha se organizó en apoyo a la lucha de los estudiantes de la Universidad de Nuevo León que protestaban por la imposición de una ley orgánica, pero varios estudiantes se sumaron para enfrentar la represión de la marchas.

Los 7 mil estudiantes de la UNAM, IPN y otras universidades salieron del Caso de Santo Tomás por la calle de Carpio, luego por la calle "donde estaba la Cruz Verde" y hasta la avenida del Maestro, donde los esperaba una valla policiaca.

"Trataron de impedir que siguiéramos. Hablamos y les dijimos que teníamos derecho a la manifestación, nos abrieron paso y seguimos caminando. Eso ocurrió tres veces", dice Sánchez, líder estudiantil del comité de lucha de la facultad de Economía.

"No que no, sí que sí, ya volvimos a salir", gritaban eufóricos los jóvenes.

Al llegar a las inmediaciones del ahora metro Normal llegó el primer ataque de los "Halcones", un grupo de paramilitares vestidos de civiles, que gritaban la consigna "Ché, Ché Guevara" para identificarse entre ellos.

Los halcones ya habían aparecido en otras dos marchas, una de los trabajadores de una fábrica textil en Ayotla y en la celebración de triunfo de Allende en Chile en el Politécnico, pero golpeaban con garrotes, asegura.

"Se produjo una batalla breve de unos minutos y pudimos rechazar la agresión de los Halcones", relata el economista.

"Pensamos que iba a ocurrir exactamente lo mismo. Entonces dijimos, si nos avientan a los halcones, pues les ponemos en la madre con los palos que sostenían las mantas, pero nunca pensamos que iban a disparar"

Aquel grupo cambió los palos y garrotes por armas de fuego y disparos contra los estudiantes que corrían despavoridos entre gritos y detonaciones.

"El 10 de junio murieron con nombre y apellido 44 personas, casi todos compañeros estudiantes", afirma.

Cuando inició la balacera, Joel corrió con un grupo de estudiantes entre las calles hacia la Escuela Normal Superior y se saltó la barda para protegerse de los disparos.

"Era como estar en una guerra. Tenías que cruzar la calle arriesgándote a que te dieran un balazo. No había tiempo de ver si estaba alguien herido. Veías gente tirada y gritos y ... en fin, un horror, una cosa inimaginable, es algo que parece fantasía, pero ocurrió", asegura.

El economista comenta que incluso los Halcones acudieron al hospital de la Cruz Verde "Rubén Leñero" a rematar a la gente herida de la manifestación en las "mesas blancas de cirugía" y que esa misma noche, el entonces presidente Luis Echeverría acusó a los mismos estudiantes, entre ellos a él, de perpetrar la matanza.

"Fue un genocidio, un crimen de Estado", refiere Sánchez, autor del libro "Libertad de Manifestación: Conquista del movimiento 10 de junio de 1971" y quien asegura que el derecho de manifestación en el Distrito Federal se ganó con la sangre de esa matanza.

El sobreviviente de la matanza de 10 de junio de 1971 dice que el hecho lo marcó de por vida, pero que la forma de recordarlo es seguir luchando y no convirtiendo el hecho en una peregrinación de lamentos, razón por la que no asiste a las marcha de conmemoración.

"Me dejó marcado para toda la vida, pero no me volví llorón. Me marcó para seguir luchando contra esa forma de autoritarismo. Yo creo que cualquier dictadura, en cualquier lugar del mundo, en cualquier época, hay que combatirla", asegura.