Estación Niños Héroes (ustedes los ricos, nosotros los rusos)

Un conflicto bélico agita las redes ocultas del poder. Polvosa ventana, el ruido del martillo no ha cesado en las últimas semanas, la excavadora tampoco. Cascajo de 1900 cayó en el 85, caerá ...
Construcción
(Luis M. Morales)

México

La guerra, pelea a muerte por el poder. Disfrazado de todas las formas posibles el poder es usado para someter, controlar, manipular, destruir, descomponer. Mediante la religión, la economía, posturas políticas y hasta raciales. Despojar, invadir, todo es válido para derrotar al “enemigo”. La guerra agita las redes ocultas del poder. Polvosa ventana, el ruido del martillo no ha cesado en las últimas semanas, la excavadora tampoco. Cascajo de 1900 cayó en el 85, caerá también en 2014.

Por la madrugada se escuchan cosas raras cerca de Indianilla, cascos de caballo o trote de mulas, nunca se sabe, podrían ser muertos disfrazados de vivos. El tranvía de mulitas ya no existe, otras mulas cargan droga en las venas de este barrio. Cuando empecé  a vivir aquí no me emocionó el destruido departamento, me parecía horrible, lo que me atrapó fue el paisaje ficticio checheno. Mi mundo fue la ventana, contemplándola encontré esperanza, silencio, tranquilidad, desde hace tiempo está desdibujado lentamente lo que amé, con la paciencia del martillo asesinan mi paisaje, con la garra de la ambición. ¡Pobres miserables, incansablemente bajo el rayo solar de las 12:27 de la tarde pican piedra! La paga es poca, el esclavo por voluntad propia no pide más que migajas de los soberanos. Pienso en el padre de Dostoievski, probablemente murió ahogado en vodka debido a la crueldad de sus siervos, cansados también de la crueldad del alcohólico: le hicieron beber vodka hasta morir. En las guerras modernas mueres sin motivo alguno. Todos hablan de la guerra, no han estado en la guerra, en ninguna, la guerra contra la página en “blanco” es tan snob. Pienso en los pobres estudiantes de historia que escribirán los libros que convengan, es importante seguir con el cuento de los Niños Héroes que no eran niños y mucho menos héroes, pienso en otros estudiantes de historia que tratarán de rebelarse contra el poder, un día les darán un cubículo en algún instituto, un cargo público, un museo, becas, algo de carne con hueso, serán domesticados.

Bajo por Doctor Jiménez, después Velasco, Metro Niños Héroes, una cortina cerrada, pintarrajeada, olor a orines insoportable, unos vagos duermen en la cortina, los he visto afuera del restaurante chino pidiendo limosna o pan; “ten compasión”, me dijo uno de ellos una noche, sin pensarlo mucho saqué 20 pesos. Hace unos días caminando por Regina también le di 20 pesos a un albañil, me juró que era para comer, contó que había escapado de su pueblo por tanta muerte y desempleo, le creí, quizás esa expresión de miedo que conozco me hizo confiar.

Samuel y Alberto me acompañaban en aquella caminata, últimamente se han convertido en una alegre compañía. Se soltó la lluvia, intentamos meternos a algún café, ninguno nos pareció lo suficientemente sucio para poder sentarnos, los sitios luminosos nos alejan, no somos luciérnagas, somos más parecidos a los ratones viejos. Café esquina con 5 de Febrero, huimos al darnos cuenta que el menú era idéntico a un café horrible de Madero, “me aterran estos sitios donde hay miles de platillos, ¿cuánto tiempo llevarán en el congelador?”. Samuel ve la pantalla, proyectan una película de fantasía, nos preguntamos entre risas si Dostoievski soportaría un minuto de El señor de los anillos, llegamos a la conclusión de que verla aumentaría sus ataques epilépticos. Un taxi nos llevó a Circuito Interior, colonia Cuauhtémoc, Alberto se baja. Samuel permanece conmigo en el taxi, cruzamos parte de la Roma, tomamos Chihuahua, que se convierte en Erazo, cerca del Eje Central me bajo, el taxista dejará a Samuel en San Antonio Abad. El parque que está entre Erazo y Velasco, pese a la remodelación, no ha cambiado mucho, los adictos se siguen pinchando, los amigos del crack también fuman en latas, quizás hasta escogieron alguna con su nombre, las putas rondan este sitio, los peleadores de perros también. El trolebús avanza como un milenario animal sobre la calentura nocturna del eje. Una arteria convulsa divide la colonia Obrera de la Doctores. En mi colonia la avenida principal es una especie de Franja de Gaza de baja intensidad, sin los horrores de bombas y muertos, la quieren para gentrificarla. Árabes, judíos, árabes ateos quieren este barrio para poner departamentos en zonas de alto riesgo sísmico, negocios, bares, restaurantes, bodegas, comercios y otras mugres relacionadas con el “progreso”.

Jamás han pensado en poner una biblioteca, un centro cultural, un centro recreativo para las personas de bajos recursos, una escuela de arte, módulos de orientación sobre drogas y delincuencia, algo que valga la pena. Vienen a rapiñear el barrio, no vienen a construir nada que sea para beneficio del barrio, vienen por lo que creen suyo. No hablo de toda la comunidad árabe, judía o atea árabe de este país, existen fracciones que ayudan, son hermosas personas y no dañan a nadie, conozco a varias personas con estas características. No nos lanzan bombas, tan solo nos sacarán construyendo edificios en viejas vecindades, ofreciendo a los propietarios comprar a precios que nunca soñaron, ofreciendo a propietarios la misma oferta. Me he enterado de casos donde sacaron propietarios o arrendatarios a la mala, no de ahora, desde los 80/90, de personas que tenían sus bodegas, locales, comercios, edificios de departamentos y casas hermosas en La Merced, Centro y barrios aledaños, incluso predios enteros; sin explicación, tregua o bondad alguna, fueron desplazados por la corrupción. El poder no tiene religión ni nacionalidad. Me enfocaré a los grupos del conflicto  actual [aclaro que los mexicanos no se salvan de la corrupción, despojo y violencia]. ¿Cómo llegaban? Se cuentan muchas versiones, judíos, árabes, ateos árabes llegaban rentando un departamento, después iban lanzando a todos ofreciendo al dueño más dinero para meter a sus familias; también llegué a escuchar de bocas de comerciantes que llegaban con lujo de violencia a despojarlos, les daban bala fría y hasta los secuestraban para obligarlos.

Entre las historias familiares se cuenta que mi abuelo a petición de mi abuela, mujer con poca paciencia frente al maltrato, cansado de las golpizas que un libanés ponía a su mujer e hijas pequeñas, un día lo sacó de su casa, lo llevó a la cantina con el pretexto de comprarle unas telas, le pidió que dejara de maltratar a las mujeres de su familia, dicen que el tipo era más alto que mi abuelo, mejor comido y un canijo, cuentan que a carcajadas ignoró la petición de mi abuelo; sin mediar más palabras, mi abuelo le dio en la torre, lo dejó como santo Cristo “nada más le faltó crucificarlo”, contaba uno de mis tíos. El resultado: una bola de montoneros fueron a buscar a mi abuelo, que les pidió formarse para recibirlos a todos; fue esa valentía lo que alejó a los golpeadores, el apoyo de media vecindad que estaba harta de los gritos de las mujeres golpeadas fue útil.

Ayer al ver mi paisaje apacible y destruido, pensé en lanzar molotov contra la fucking construcción que me tortura. El polvo se cuela por cada rendija, no hay sitio donde puedas estar en paz, ni al fondo del largo pasillo, no puedo dormir debido a las piedras que saltan hasta mi ventana, los clásicos retumbones en vidrio me impiden escribir, ¿qué pasa cuando el escritor no puede trabajar en su novela? No les gustaría saberlo. Los movimientos de piso y hasta gritos de los albañiles me desesperan. Reflexioné sobre la frágil condición humana, sobre la ambición, recordé escenas de aeropuerto donde los trataban como terroristas, pensé en lo mucho que odian tantas personas al pueblo árabe o judío, en el rencor que les guardan los que ni siquiera los conocen. No me sumaré a esa cadena absurda de odio, si desean mi casa: adelante. Si el administrador nos vende, que lo haga, que le aproveche, nos han llegado amenazas de que nos sacarán a la mala. Me conmueve una de las vecinas, sus ojos muestran que ha sufrido, pese a eso destilan inmensa bondad, me duele su pregunta: “¿Adónde iremos?”.

La vida es efímera, la flaca siempre está al acecho, tampoco vivimos tan bien, nuestras viviendas están en mal estado, las peticiones que le hacemos al administrador jamás han sido escuchadas. Finalmente todos moriremos, aquí o lejos de aquí, secretamente sé que siempre existirá un barrio para vivir tranquila. No deseo nada más que vivir tranquila, escribir en silencio; pese a los desmanes de ciertos vecinos éste es un buen sitio. Dentro de un año frente a mi ventana se alzarán seis niveles de departamentos con terrazas, mi Chechenia ficticia se acabará. Quizás aquí en este departamento van a construir una alberca. Los miserables pican piedra, ninguno es Dostoievski, ninguno está aquí bajo la acusación de “conspirar” contra el zar. Cierro la ventana, me empujo un trago hondo de vodka helado, una vez más suplico a Dostoievski que no me abandone.

* Escritora. Autora de la novela 'Señorita vodka' (Tusquets)