Tatemados pero contentos en el Zócalo

Espectadores del encuentro Brasil-Croacia, en la pantalla gigante instalada por el gobierno capitalino disfrutaron los cuatro goles y un desfile previo de imágenes de políticos y deportistas.
Asistentes al Zócalo presenciaron el partido Brasil-Croacia en el inicio de la Copa del Mundo de Futbol, en la pantalla gigante instalada ahí por el gobierno capitalino.
Asistentes al Zócalo presenciaron el partido Brasil-Croacia en el inicio de la Copa del Mundo de Futbol, en la pantalla gigante instalada ahí por el gobierno capitalino. (Cuartoscuro)

Ciudad de México

Eran pocos y resistían la implacable resolana que achicharraba pieles en el centro del Zócalo, donde tres pantallas, dos chicas y una grande, exhibían un documental que mostraba imágenes de mundiales de futbol y olimpiadas en México, cuyos presidentes de la República de cada época salían a dar la cara aunque no todos salían bien librados, como fue el caso de Miguel de la Madrid, quien sufrió rechiflas.

La poca gente, muy cerca de las pantallas gigantes, ocupaba cualquier cosa para amortiguar el solazo que solo parecía concentrarse en la plancha. Miraban pasajes de los años 70 y 80, como Pancho Pantera, Hugo Sánchez, Maradona, Pelé  y Carlos Salinas, entre otros protagonistas de la época, hasta llegar con Vicente Fox, quien iniciara su discurso con aquella frase que incluía la palabra “chiquillos”.

El narrador, en alguna parte del reportaje, describía: "Gente que no sabe perder, gente que no sabe ganar, gente que no sabe jugar”.

Temprano el Zócalo fue cercado con mamparas metálicas; luego, bordeado por granaderos, por si surgía alguna bronca, pero nada hubo que alarmara a los azules, quienes ni se percataron cuando un individuo escaló la resistente estructura que sostenía bafles, para mostrar desde lo alto, sostenido entre metales, el manuscrito de una cartulina: “Presos políticos libertad. FIFA. Go Home”.

Y ni siquiera desentonó.

Porque la gente estaba interesada en lo que iba, el futbol, la inauguración “del Mundial”, y por eso estaba ahí, pocos pero resistentes, con sus hijos, torturados por el sol inclemente, aunque hubo padres de familia que iban preparados con sombrillas de diferentes tamaños, bajo las cuales, sin que fueran suficientes, algunos mantenían a sus somnolientos retoños.

Otros espectadores preferían guarecerse bajo los portales que bordean la plaza, sobre todo en los del antiguo ayuntamiento y el actual edificio donde tiene su oficina el jefe de Gobierno del Distrito Federal, desde donde miraban las pantallas gigantes y escuchaban a los cronistas de Televisa y maestros de ceremonias que lanzarían balones de futbol e invitaban a “hacer la ola”.

Dos canchas de futbol rápido con alfombra verde y anuncios de marcas de pantalones eran parte del escenario, subdividido con bastidores metálicos, que incluían dos campamentos de Locatel.

El juego ya había iniciado con un autogol del equipo anfitrión; pero  se recuperarían con el disparo de un tal Neymar; y más tarde, el tercero –después de que les metieran otro susto los croatas –, cuyo autor fue Oscar.

Marcador: Brasil 4.

Incluido el regalo.

Y la gente se dispersó.

Tatemada pero contenta.