Boulé de la vagancia

El deseo humano no depende de lo inanimado, sino del contexto, de lo que otros hagan de él; todos los que se acerquen al Blanquita deberían sentirse privilegiados. ¡Qué belleza del hombre ...
Boulé de la vagancia.
Boulé de la vagancia. (Especial)

El asombroso Teatro Blanquita, ágora de arrabal, a unas calles se levanta el blanquito: Bellas Artes. Si no entiendes la diferencia entre arrabal y ópera: suicídate. El bisabuelo reclamaba con alegría: "Ellos tienen el blancote, nosotros el Blanquita", señálalo por ser jodido, cúlpalo por no tener dinero para un boleto de ópera, búrlate, nunca pudo escuchar a un barítono en Manon Lescaut, lloraba con canciones de José Alfredo. El espectáculo de arrabal era el único que podía pagar el campesino, el obrero, el comerciante pequeño, el desempleado que pedía monedas a los asistentes, creo que no lo sabes: el vagabundo se quedaba afuera escuchando las risas. Al bisabuelo le gustaba el circo, "es muy triste, la tristeza me agrada", casi puedo verlo, siguiendo la caravana o buscando un hueco en la rueda para ver aquellos osos de frágiles collares que paseaban con un gitano y bailaban al ritmo de un pandero, apenas una cadenita que parecía romperse en algún giro del enorme animal parado en dos patas, los niños se arremolinaban empujando a los más pequeños, tras el espectáculo, se encontraba con el padre en cualquier esquina de Plazuela del Jardín, un hombre de voz grave y puños terribles, con el sombrero de mariachi en la mano, cantando, ganándose el futuro para nosotros: los que todavía no existíamos.

Los circos son muy tristes, una vez entramos riendo, salimos llorando, igual que cuando desahogamos el dolor en las cantinas. Tiene una historia bastante vieja, equilibristas egipcios 500 años a.C., Mesopotamia, Grecia, Roma. Los olmecas eran buenos acróbatas, las estatuillas del 800 a.C lo demuestran. Una de las primeras familias circenses que probaron suerte en nuestro país fue la familia Orrin, iniciaron actividad circense en el año 1800 en Londres, acrobacias ecuestres sostenían el espectáculo. En 1861 llegaron a México después de una gira extensa en el continente americano que incluyó Cuba. El barco de vapor, los ferrocarriles, jugaron un papel importante para que circos extranjeros llegaran antes que los Orrinal al país; Rivers, Great American Circus, Circo de Smiths, Circo Hagenbeck de Alemania, Pubillones de origen cubano, Los Schumann de Dinamarca, El Circo Miller Brothers o el Conklin Brothers, por mencionar algunos. ¿Existieron circos mexicanos?, sí, el Circo Treviño, saltaron del patio de vecindad a la plaza pública, de la plaza al circo, del circo al teatro, ellos, los Treviño, compitieron dignamente con los Orrin a finales del siglo XIX.

La peculiar familia circense inglesa se estableció en La Plaza Gamio, llamada así por los arqueólogos o Plazuela del Seminario (Plaza Seminario) como la conocen los historiadores, sirvió como el primer asentamiento de tan singular familia en 1881, ocuparon la parte suroeste de Templo Mayor, jamás usaré como referencia histórica la Catedral Metropolitana. Antes de la segunda mitad del XVIII la plaza albergó un cementerio, colegio y seminario, no era una plazuela, no tenía las características de un espacio público. En la actualidad las rejas de la iglesia detienen el paso natural del transeúnte. Hasta la mitad del siglo XIX se convierte en un espacio para ferias, circos, ocurre una espontánea transmutación a espacio público. No existe ciudad sin plaza, cualquier ciudad que se disfrute tiene una plaza. La importancia del espacio público cobra vitalidad al pensar en ellas, todas distintas, con armazones visibles o extraños. Las plazas son grandes salones urbanos. El recorrido forzoso por el primer sitio en el que se establecieron los Orrin me lleva a otro sitio: la Plazuela Villamil, convertida ahora en el Teatro Blanquita, inaugurado en 1960. Conserva las vivas letras color vino ¿o son rojas?, la marquesina blanca brilla en la oscura esquinita que reconocería aunque estuviera ciega. De olor inconfundible, nadie aquí tiene ambiciones. La plazuela sirvió como refugio muchas noches tras la parranda en Garibaldi, cobijó mis derrotas cuando ninguna personacompartía conmigo el gusto por la ginebra barata.

El parque-plaza antes era el escenario del Gran Circo-Teatro Orrin, fundado en San Juan de Letrán en 1891, lo derrumbaron debido a que finalizó el contrato de arrendamiento con el ayuntamiento. Antes de ser teatro, el Blanquita tuvo otro nombre: Teatro Margo (Carpa Margo), con enorme tristeza compruebo que los principios tipo renacentistas siguen vigentes, espacios específicos dirigidos a "clases sociales", el Blanquita es injustamente menospreciado. Marx decía que las "clases sociales" estaban definidas por sus relaciones de producción y el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza. Antagonismo, relaciones hostiles entre explotadores y explotados. El deterioro de las condiciones de vida de los desposeídos se hace presente en la noche de la plaza pública, una banca es una cama, una jardinera también. Sucios contorsionistas, domadores,funambulistas y malabaristas disfrazados de adictos, putas viejas, limpiaparabrisas o vagabundos, en la cuerda floja duermen el sueño de los malditos, me recuerdan algo: nada ocurre.

¿Qué destruyó aquel primer Circo-Teatro Orrin edificado en la ciudad?, los crueles tiempos modernos. Por el Blanquita pasaron todos los hijos del pueblo: José Alfredo, Toña la Negra, Carlos, Neto y Titino, Libertad Lamarque, Pérez Prado, La Santanera y Sonia López La chamaca de oro, Los Pla-tters, Enrique Guzmán, Javier Solís, Agustín Lara, Facundo Cabral, Tania Libertad, María Victoria, Tongolele, Celia Cruz, Lola Beltrán, Juan Gabriel, Chavela Vargas, Francis, Lyn May, Rossy Mendoza, Daniel Santos, Paquita la del Barrio, Los Diamantes, Los Dandys, Los Panchos, Julio Jaramillo, Mantequilla, Kippy Casado, Pompín Iglesias y Nacho, Marco Antonio Muñiz, Cepillín, Luis Miguel, Vicente Fernández, Alberto Cortés, Pinolillo, que después se transformó en la hermosa Coral Bonelli que nunca ha abandonado Garibaldi, El Tri, y tantos otros, hasta La Polla Récords.

José Alfredo escribió por amistad la canción de La media vuelta para Lucha Villa, ¡esas eran amistades!, no como ahora, la amistad se reduce a un simple intercambio de mensajes de texto, favores o estatus, un asco. José Alfredo hizo bien al reconocer como su amiga más leal a la botella, Mi Tenampa es el himno nocturno más revelador, nadie parece recordar gran cosa, tendría 89 años. La voz de una falsa Chavela Vargas cruza desde la esquina de Pensador Mexicano hasta el Eje Central: "Vámonos", corre el rumor de que tirarán el teatro. Sabemos que lo que nace está expuesto al ocaso, espacios como ese teatro deberían ser eternos en la medida de lo posible, pasa de la una de la mañana, estoy sentada en una jardinera con una anforita de Oso Negro, compartiendo miradas con hermanos de desgracia, nos arrancaron del mundo hace mucho tiempo, nos conocemos, no somos ajenos. Las decepciones se miden en las botellas, en centímetros de recuerdos, cuando quedan apenas dos centímetros, recordamos todo lo perdido, en el último trago: la muerte. Los observo, acercándome enciendo un cigarro, harapientos, fugaces cuerpos que desaparecerán un día en la noche voraz. La responsabilidad e infelicidad de ser propietarios no les abruma, cualquier pedazo de concreto es un hogar. Las posesiones se pierden tarde o temprano, es mejor no tenerlas. El artista en tiempos pasados era errante, así son los hombres, perros y mujeres de la plaza. Errabundos, sabios, sombras que despiertan cuando el sol está alto.

—¿A quién esperas?

—A Godot

—¿Tienes una moneda?

—No.

—Toma.

La moneda de 10 pesos brilla, se la regreso. Todos los que poseen algo, incapaces de ser libres. Perdónense por ver con asco a los sin techo que hicieron de la plaza pública un hogar. Disculpen por favor al obrero, al pobre, al desempleado, al comerciante pequeño, al oficinista de sueldo mínimo, a la madre o padre soltero que no puede pagar ni siquiera un cine de dos por uno, perdonen a todos los sin techo por estar sucios. Perdónense. Soñé que uno de los hombres más ricos del mundo quería el Blanquita para construir un centro comercial, perdono su imprudencia, proviene del aburrimiento.

¡Qué belleza del hombre durmiendo con el cielo como techo!, ¿para qué lavarse la cara?, pasta de mugre negra o verdosa, las uñas curvas, las telas-jirón, desprecio del mundo, una boca sin dientes, otra de amarillentos matices, el cabello es bruma. El deseo humano no depende de lo inanimado, depende del contexto, del ambiente, de lo que otros hagan de él, todos los que se acerquen al Blanquita, deberían sentirse privilegiados. No son invisibles, los sin techo poseen el arte más hermoso: la vagancia.

*Escritora. Autora de la novela "Señorita Vodka" (Tusquets)