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Martes , 18.09.2018 / 09:08 Hoy

Una oreja que poco refleja

Ginés Marín fue el único en obtener un trofeo, pero la tarde fue mucho más que eso.



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Los números no siempre hacen justicia. Y aunque más de alguno podrá argumentar que las matemáticas son la única ley incontrovertible del Universo, en el mundo de los toros no siempre aplica, como bien lo puede hacer en disciplinas que hacen de los números su máxima expresión, como el beisbol. Pues este domingo en la Nuevo Progreso se cortó una oreja, a cargo de un matador español de nombre Ginés Marín. Basados en la matemática tendría que ser declarado como el triunfador absoluto pero nada más alejado de la realidad.

Y es que el novel Ginés Marín con sus veinte añitos de edad (otro número poco relevante), tuvo frente a sí a un toro de una embestida de oro, de esos que son para encumbrar en la cima a cualquiera, pero no a Marín, quien tan sólo se conformó con hacerle a ese toro por encima en lugar de hacerle lo que se debía de hacer de fondo. Una faena superficial, de buenas maneras, pero sin la profundidad y rotundidad que merecían las embestidas del astado de La Estancia. El premio fue de una oreja, que supo a poco, ante las condiciones del toro, pero que para colmo terminó siendo el único trofeo de la tarde.

Pero las matemáticas y la razón no caben en la plaza de toros cuando se aprecia a un torero como el francés Sebastián Castella, quien extrajo una faena que parecía imposible de su segundo toro, de embestida clara, pero que carecía de fuerza. Castella hizo una labor interminable, con muletazos, que nadie pudo predecir, en una demostración de poderío, valor y sapiencia, que tampoco pueden medir los números. Para colmo se acercó al número trágico, al escuchar dos avisos luego de un muy largo trastero. El galo estuvo a un tris de esos tres avisos que convierte en fracaso la tarde de cualquiera que se ostente como matador.

Pero lejos de sumar, otra vez la odiosa aritmética, una oreja, sólo cosechó una triunfal vuelta al ruedo.

Otro desafiante de Pitágoras fue el mexicano Octavio García el “Payo”, quien realizó una labor ante su segundo en plenitud de facultades taurinas. Imposible asignarle un número a lo realizado por el queretano, quien dibujó naturales largos y templados, así como también derechazos de gran exposición y aguante. Y aunque parecía que los méritos estaban presentes, el juez de plaza se negó a otorgar la oreja.

Una tarde en la cual sería injusta calificarla como que de apenas se cortó una oreja, por fortuna los números no siempre son los que más cuentan.

GPE

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