Sobreviven carteros a era de Internet

Uso de servicio postal crece 5.7% pese al incremento de la penetración del Internet en nuestro país. 
Los carteros no desaparecen

Ciudad de México

Antonio Villalobos Alarcón recorre las calles de la Ciudad de México para entregar la correspondencia, como desde hace 25 años. En el Centro Histórico sortea mítines y plantones, enfrenta las inclemencias del tiempo y pone a prueba su destreza física esquivando perros y gatos para cumplir con su oficio de cartero.

Antonio es una de las 9 mil 941 personas en todo el país que desempeña un antiguo oficio que se resiste a desaparecer, representante de la tercera generación de carteros en su familia; labor nada sencilla en la era del Internet, del email, de la inmediatez del Whatsapp, Twitter y Facebook.

“Nosotros seguimos en la lucha y seguiremos hasta que esto termine”.

De acuerdo con datos del Servicio Postal Mexicano (Sepomex), Antonio podría tener trabajo para rato, ya que el uso del servicio postal creció 5.7%, aun cuando el Internet llegó con mayor fuerza a México.

Milenio DataLab analizó las bases de datos proporcionadas por el organismo en los últimos cinco años previos a 2002, fecha en que la conectividad en Internet alcanzó al menos 10% de la población, contra los últimos datos de 2014.

Los resultados varían en las distintas regiones del país. Según la dependencia, el uso del servicio postal disminuyó hasta 70 y 80% en estados como Guerrero, Zacatecas, Baja California, Baja California Sur, Michoacán, Oaxaca, Aguascalientes, Tamaulipas, Tabasco y Colima.

Por el contrario, en Nuevo León el uso del servicio postal incrementó 118%.
Otras entidades en las que aumentó el uso del correo son Jalisco, Guanajuato, Distrito Federal y Estado de México. En estas dos últimas entidades se moviliza el 81% de la correspondencia total en el país.


Un poco de historia

A principios del siglo XIX, la red postal tenía una extensión de casi veinticinco mil kilómetros y contaba con 401 oficinas atendidas por 901 trabajadores. Durante el siglo XX, la red postal fue considerada prioritaria. Hoy cuenta con mil 577 oficinas, mil 551 rutas en todo el país y 18 mil 507 empleados, de los que más de la mitad son carteros.

De acuerdo con información proporcionada por el propio organismo descentralizado, durante la Guerra de Independencia el correo jugó un papel estratégico, y a partir de la implantación de las Reformas Borbónicas en el Imperio Español se convirtió en una función estratégica del Estado.

En un documento fechado en 1762 se menciona por vez primera el oficio de cartero en la Nueva España: “No pudiendo despacharse las cartas al público enteramente por la reja de los oficios, a causa de no acudir sus dueños a sacarlas, se ha hecho preciso destinar sujetos determinados, que las lleven a las casas, los cuales se llaman carteros”.

El primer cartero del que se tiene registro en la Nueva España fue Joseph Lazcano. Su tarea entonces no solo consistía en entregar la correspondencia en mano sino cobrar el porte, además de registrar los cambios de domicilio.

Hoy, el mayor número de mensajeros se concentra en el Distrito Federal, con 2 mil 808 y el menor número en Tlaxcala, con 41.

El reconocimiento oficial a este oficio vino mucho después. El Día del Cartero se celebró por vez primera en 1931, a iniciativa del coronel Luis G. Franco. Algunas versiones dicen que el general –que pertenecía a las tropas obregonistas– vio como un tren que transportaba oro y correspondencia militar fue dinamitado por el enemigo. Un grupo de carteros que presenciaron el incidente recogieron el dinero y los documentos para entregarlos a las autoridades.


Otras versiones cuentan que en una ocasión, en medio de una tormenta, el general vio como se quitaban la chamarra para proteger la correspondencia.

Ambas coinciden en que Luis G. Franco propuso al presidente Pascual Ortíz Rubio que reconociera su función y  desde entonces el Día del Cartero se celebra el 12 de noviembre.

Antonio Villalobos celebra su día como lo sugiere la nobleza de su oficio: trabajando. Sentado frente a su piconera –un mueble con divisiones en el que acomoda la correspondencia–, escanea y cuenta cada una de las cartas que deberá entregar.

El oficio ha cambiado. Ya no llevan excesivas pilas de cartas ni postales. En su lugar distribuyen recibos de luz o de teléfono y, aunque son deudas, la gente suele ser agradecida.


“Uno trata de ser amable con la gente. A través de esto nos cuenta sus problemas. Uno se hace  familiar”, dice Antonio, cuya jornada le lleva alrededor de siete horas.

Debe asegurar no sólo que cada una de las cartas y paquetes lleguen a las manos de sus destinatarios en buen estado. También tiene que protegerse, más que de la gente, de los perros.


En cinco años, Antonio Villalobos cumplirá treinta años de servicio y tendrá la posibilidad de retirarse. No obstante, asegura que todavía se siente con fuerzas para seguir repartiendo correspondencia por “otros 25 años más”.