El abominable patrimonio cultural del Himalaya

El Yeti es más una deidad que un animal de carne y hueso, dijo el periodista Needrup Zangpo

Thimphu

En Bután, pocos dudan de la existencia del Yeti, ni siquiera la familia real. En este pequeño reino del Himalaya, numerosos dibujos y frescos representan al "abominable monstruo de las nieves" con su larga cabellera y sus gigantescas garras.

"La mayoría de avistamientos del Yeti los han narrado pastores de yaks, que pasan mucho tiempo en zonas apartadas de la montaña donde pacen estos bóvidos, o en los espesos bosques, donde buscan a los animales extraviados", escribe la madre del rey, Ashi Dorji Wangmo Wangchuck, en su libro Los tesoros del dragón del trueno.

Para la mayor parte de la comunidad científica, el Yeti es un personaje mitológico, como el Bigfoot de Norteamérica o el monstruo del lago Ness. Pero en la cordillera más elevada del mundo, este monstruo de las nieves está profundamente arraigado en la cultura de sus pueblos, tanto en Bután como en Nepal o el Tíbet.

Según el periodista Needrup Zangpo, hay que entender que se trata de historias místicas: el Yeti es más una deidad que un animal de carne y hueso. "En Bután, cada piedra tiene su lado espiritual, igual que cada árbol", añade. Sus gentes se han criado en un mundo poblado de fuerzas sobrenaturales, y en ese imaginario "el Yeti, como figura aterradora, es importante".

Needrup Zangpo recuerda que durante su infancia, cuando aún no había electricidad ni calles asfaltadas, toda su familia se reunía en invierno junto al fuego en su cabaña, rodeados por la nieve y el bosque. Este tipo de situaciones hacía que la gente fuera más sensible a los espíritus. "Y cuando la abuela contaba una historia sobre el Yeti, nos acurrucábamos junto a nuestros padres."

También Sonam Tashi Sherpa, guía experto en la parte nororiental de Nepal, ha vivido lo mismo. "Los mayores del pueblo decían que el Yeti era muy, muy fuerte, que podía desgarrar un yak. Contaban que al Yeti le encantaba comer cerebros. Todas estas historias nos daban mucho miedo", recuerda.

Quienes visitan el monasterio de Khumbu pueden ver allí un cráneo y huesos del Yeti. Pero hasta ahora, "nadie ha visto" al monstruo, añade, aunque en la mitología popular hay descripciones bien detalladas.

Para butaneses como el escritor Tsering Tashi, la criatura mide siete pies de altura, apesta y es muy peligrosa. "Quien vea a una hembra de Yeti, que corra cuesta abajo", aconseja en Mitos y recuerdos. Y es que las Yetis hembras tienen problemas para correr rápido debido a lo pesados que son sus pechos. Sin embargo, si es macho, es mejor correr cuesta arriba, pues su larga cabellera le dificulta las persecuciones.

Kumar Basnet, cantante nepalí y aficionado al folklore tradicional, persigue desde hace años historias sobre el Yeti. "En los monasterios del Himalaya, los monjes cuentan una y otra vez historias de una huella de 18 pulgadas (46 centímetros)", cuenta. "El Yeti existe, igual que yo", dice convencido.