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Domingo , 24.06.2018 / 12:06 Hoy

Yan Lianke: la literatura, un ejercicio bajo control

En China hay mayor libertad, aunque sigue habiendo limitaciones: todavía existe presión sobre las editoriales, apunta el autor.

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Carlos Rubio Rosell

La inspiración del escritor chino Yan Lianke (1958) es la propia historia, cincelada hasta en las más extravagantes locuras y los más mínimos detalles por la calidad de su pluma, cuyo estilo no deja indiferente a nadie por su capacidad para diseccionar la realidad ofreciendo una mirada nueva, profunda y altamente poética.

Lianke recuerda que corría el año 1957 cuando en China varios cientos de miles de intelectuales fueron tachados de “derechistas” a raíz de sus opiniones sobre la construcción del país que habían expresado el líder Mao Zedong un año antes. Fue una etiqueta que les acompañó durante más de veinte años y que los condenó a vivir en campos de trabajo para “reeducarse”.

Precisamente los avatares y las vidas absurdamente truncadas de esos hombres y mujeres, una auténtica destrucción colectiva en la cual desembocó esa locura del totalitarismo chino, es lo que guía la trama de su novela Los cuatro libros, que el sello Galaxia Gutenberg acaba de publicar en español.

En entrevista exclusiva con Milenio, Lianke, Premio Internacional Franz Kafka 2014 y una de las voces más importantes de la literatura china contemporánea, afirma que “hace 30 años era imposible hablar de ello en China porque estaba establecido que solo se podía loar a la Revolución y prácticamente no se podía escribir sobre los sentimientos. Hoy la situación es completamente distinta; hay mucha mayor libertad, aunque sigue habiendo ciertas limitaciones, por ejemplo, no se puede dañar el sistema o al poder. Y hay otra limitación: existe todavía un cierto control sobre las editoriales, y un libro como el mío ha sido posible escribirse, pero ha tenido dificultades para ser publicado”.

En ese sentido, Lianke habla de dos tradiciones literarias que predominan en la literatura china actual: la de Lu Xun, considerado como padre de la literatura china moderna, y cuya vía, dice, “es más peligrosa porque es enfrentarse con el problema social y el poder”; y la vía de Shen Gongwen, conocido en China por su prosa poética, “una vía más segura pero no por ello menos interesante de seguir. Yo creo que la literatura china hace 30 años no perseguía el arte, sino que buscaba la seguridad, y por tanto había una limitación de temas, en tanto que hoy hay una búsqueda mayor de lo artístico, aunque no se ha abandonado la seguridad”.

Respecto a las consecuencias culturales que tuvo para China la etapa de represión de los años de Mao, Lianke sostiene que muchos creadores aún tratan de evitar “ciertos aspectos de la realidad y los problemas, porque todo aquello fue muy duro. La otra consecuencia es que los escritores chinos se han visto abocados a preocuparse de sí mismos, de sus obras, de su propio futuro, más que del futuro del país. No obstante, hay intelectuales chinos que alzan su voz y reflexionan sobre la situación que ese período ha provocado”.

En cuanto a las fuentes documentales de su novela, el autor explica que las encontró en su propia familia, escuchando a sus padres historias y detalles sobre todo lo que se organizó en torno a las cosechas y los hornos de fundición de acero, temas. “Por otro lado, yo mismo fui testigo de los avatares de muchos intelectuales y vi cómo habían vivido y fui testigo de cómo se arrasaba la cultura”.

En todo caso, para Lianke la historia que se narra en Los cuatro libros no es tan importante como la manera en que está contada. “Mi preocupación no es contar historias, sino el modo en que puedo hacerlo. En China los escritores conocen la historia que cuento en esa novela, pero es en el modo que yo he encontrado para narrarla donde está la singularidad de mi novela”.

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