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Lunes , 16.07.2018 / 09:36 Hoy

Y suenan sones de todo el país...

Este foro celebrado en la Ciudad de México en honor del fallecido profesor Hermilo Rojas. "Milo", es uno de los referentes soneros más importantes por su diversidad.

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Aideé Balderas Medina

La especie humana por naturaleza es un animal migrante, recorre grandes extensiones de territorio en busca de techo y sustento. En México, miles de personas del interior de la República dejan la tierra de sus ancestros para buscar trabajo y estudio en la capital del país. La zona metropolitana del Valle de México, con 21.8 millones de habitantes aproximadamente, da abrigo a cientos de personas de múltiples culturas. Lugar que en medio del caos, alberga la diversidad.

Cuando se hace referencia al Distrito Federal, se piensa en el viejo estereotipo del tono cantadito con que hablan los personajes de la película Nosotros los pobres, de Ismael Rodríguez (1948); sin embargo, sus habitantes son más que simples "chilangos", pues aquí radican cientos de personas de los 31 estados de la República. Mestizos, indígenas y extranjeros, conforman esta gran ciudad. Sí paramos bien la oreja, escucharemos en las calles la sonoridad de las sesenta y ocho lenguas indígenas y los múltiples acentos en el modo de hablar, que van desde el tono ajarochado del sur de Veracruz, hasta el modo pausadito con que hablan los yucatecos.

Cuando los pueblos migran no se van solos, en el corazón llevan el profundo amor por su tierra. En este sentido la música tradicional mexicana cobra una dimensión muy importante porque se convierte en el lazo que vincula a la gente con su lugar de origen.

El Encuentro de Música Tradicional Mexicana Son para Milo se ha convertido en un referente en México, porque año con año convoca a músicos que ejecutan sones tradicionales de las diferentes regiones del país. Sones de artesa, jarochos, huastecos, istmeños, calentanos, de la costa chica, etcétera, hacen vibrar la tarima durante tres días. Esta fiesta surge en homenaje al profesor Hermilo Rojas Milo (1961-2002), originario de Zaachila, Oaxaca. Hermilo fue director del grupo de danza folclórica Tezcatlipoca en la Benemérita Escuela Nacional de Maestros. "Era un hombre alegre y hasta cierto punto irreverente", según refiere Héctor Gómez, director del grupo Los Hijos de la Matraca.

Milo disfrutaba mucho escuchar música en vivo y cuando montaba sus puestas en escena con los bailadores le gustaba experimentar y recrear la tradición. Cuando Milo falleció, a temprana edad a causa de un trastorno hepático, en la Benemérita realizaron un homenaje en su honor, en el cuál participaron cinco grupos musicales. Con el correr de los años el homenaje-fiesta se fue consolidando y ahora se han sumado más. Este año, en la décimo cuarta emisión, se reunieron más noventa grupos de música tradicional.

Son para Milo es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. Se realiza gracias a la colaboración de los alumnos del grupo de danza Tezcatlipoca y de maestros de la Nacional de Maestros, comandados bajo la batuta del profesor Rodrigo Rojas, coordinador del Encuentro. Los músicos no reciben retribución económica; sin embargo, ellos desean participar en este foro porque es una manera de contribuir a la difusión de la música tradicional en México; además, saben que serán muy bien recibidos por el público bailador y entusiasta que asiste al magno evento.

En el año 2012, en el décimo primer encuentro, se presentó el trío de son huasteco Los Camperos de Valles, precisamente de Ciudad Valles, San Luis Potosí. La gente se arremolinó en torno a la tarima de madera y Gregorio Solano, jaranero del trío, hizo gala de su habilidad de improvisar versos para los bailadores mientras el guitarrero del grupo, Marcos Hernández, cantó con ese poderoso falsete que caracteriza a los huastecos. Al término de su presentación, los asistentes gritaban con júbilo "¡Camperos, Camperos, Camperos!", parecía que los asistentes estaban en la arena coliseo gritándole al enmascarado de plata "Santo, Santo, Santo".

La fama de este Encuentro ha llegado hasta el norte del país y, desde 2013, también de manera solidaria viaja el grupo Tayer desde Monterrey, Nuevo León. Tayer ejecuta música del noreste de México y del sur de Texas. A ritmo de polka, redova, chotis, foxtrot, mazurka, huapango norteño, canción ranchera, habanera y vals. Este año no fue la excepción y el grupo hizo bailar a todos los asistentes mientras los acompañaban con acordeón, saxofón, guitarra e instrumentos como la "redóscoba" (escoba con la que realizan la percusión de la redova); la "pavidonavidolina" (mandolina construida con una pavera) y el tambor tamalero (batería hecha con una olla para tamales), estos últimos creación de Pepe Charango, director de grupo.

Músicos y bailadores de todas las edades fueron convidados a degustar este manjar musical, como fue caso de la participación de los niños y jóvenes músicos de la asociación Jóvenes Orquestas. Orquestando la Lucha AC. Originarios de Cuautepec, en la delegación Gustavo A. Madero. Cuautepec es una zona marginada y con altos índices de delincuencia; se encuentra ubicada al norte de la Ciudad de México, muy cerca del cerro del Chiquihuite. Juan Carlos Calzada, director de la asociación, nació en la Ciudad de México pero sus raíces están en Tlaxiaco, Oaxaca, de donde es su madre. Ante a la falta de oferta cultural, el maestro Calzada decidió organizarse con un grupo de amigos para impartir cursos de son jarocho y construcción de instrumentos musicales. Jóvenes Orquestas es un ejemplo de que la música tradicional no solamente es música de viejitos de rancho. La música tradicional mexicana también es música para los chavos de la ciudad. El gran empuje de estos niños es un ejemplo, y ellos con gusto van a desgranar sus notas al Son para Milo.

Con gran dignidad, los asistentes portan prendas bordadas a mano. Un desfile colorido inundó la fiesta. Prendas istmeñas, quexquemetl de la Huasteca, huipiles amuzgos de Xochistlahuaca, Guerrero y más. Todas estas prendas son piezas únicas, bordadas por las mágicas manos de los artesanos de México. El Son para Milo es un buen pretexto para lucir este atuendo, que en definitiva es de alta costura.

Para mantener el ritmo de la participación de cada grupo se montaron dos escenarios, uno frente al otro, y en medio se colocó una tarima de madera de 45 x 25 metros aproximadamente. Mientras está tocando un grupo, el otro se prepara en el escenario de enfrente y coloca sus instrumentos y micrófonos. También hubo escenarios alternos en la sección de venta de artesanía y el área de alimentos.

Toritos de papel y chinelos gigantes desfilaron entre los bailadores. Cuando resonaron las chilenas de la Costa Chica, se levantaron pañuelos de colores como rehiletes. Un momento particularmente gustado fue cuando se dio el duelo de hombres contra mujeres con versos picaros.

-(Él): Cuando pase por tu casa deja ardiendo una velita, la otra noche que pase en la oscurana, yo creiba que te chingué y en vez de chingarte a ti, que me chingo a tu abuelita.

-(Ella): No te preocupes negro por chingarte a mi abuelita, preocupante chiquitito por lo que dice la pobrecita, que ni cosquillas le hiciste con tu pinche chingaderita...

Este año Son para Milo se llevó a cabo los días 26, 27 y 28 de junio. Cambió de sede y ahora se realizó en el deportivo Plan Sexenal. Contó con talleres y una amplia oferta gastronómica, desde el tamal gigante de la Huasteca, mejor conocido como zacahuil hasta las crujientes tlayudas con tasajo y asiento de puerco.

La banda de Tlayacapan, Zazhil, Kumaltik, Los Puerépechas de Charapan, Los Salmerón, Semilla, César y sus Esclavos, El poder del son, Los Hijos de la Matraca, La banda Mixanteña y Centzontli, fueron algunos de los grupos que participaron.

En esta emisión, la riqueza radicó en el ánimo de la gente y de los músicos invitados. Ya que el domingo cayó un fuerte aguacero y esto trajo como consecuencia problemas técnicos que impidieron continuar con la sonorización de los conciertos. El encuentro "oficial" se canceló, pero la gente no se fue y los grupos empezaron a toca al unísono, formando pequeños fandangos a ras de piso, de tal manera que la gente pudo disfrutar de la cercanía de la música.

Mariachi tradicional, bandas, orquestas, tríos, marimbas, grupo de fusión y muchos más se dieron cita en el Son para Milo, el cual se ha convertido en uno de los pocos espacios en México que reúne esta gran diversidad de expresiones de la música tradicional mexicana.

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