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Lunes , 10.12.2018 / 05:14 Hoy

…Y sin embargo: Nagara

Por Paloma Cuevas

En japonés significa mientras tanto; la obra del poeta, ensayista y traductor Juan Carlos Recinos, está dividida en cuatro secciones, cada una con características particulares.
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Hablar de Juan Carlos Recinos y su obra implica entre muchas otras cosas la inmersión en un mar de letras inconmensurable, y no es para menos, el poeta, ensayista y traductor - de Georges Schehadé, Saint John Perse e Yves Bonnefoy - se ha empeñado en que así sea, por medio de la generación de imágenes poéticas que invitan a la imaginación y casi al mismo tiempo a una reflexión que es nostálgica y en ocasiones dolorosa. 


Nacido en Pichucalco, Chiapas y avecindado desde hace años en Colima, Recinos ha logrado a través de sus poemarios Cantos Peregrinos y Cartografía íntima, generar el interés del mundo de la literatura, siendo traducido al maya y parcialmente al portugués, francés e inglés. 


NAGARA
Su más reciente poemario: Nagara, - que en japonés significa mientras tanto - se encuentra dividido en cuatro secciones: Nagara, Visitaciones, Partituras y Galerías, cada una de ellas con características particulares que hemos de desmenuzar a partir de las palabras.



Abre la obra el epígrafe de Enriqueta Ochoa: 

Todo lo que se puede amar lo amé contigo, en tu sangre arraigué, lo moriré contigo”, a partir de ahí fluye la obra poética de Juan Carlos Recinos, la cual actúa como artífice en la construcción de un espacio que podría compararse con una casa, siendo esta por momentos hogar y otros tantos prisión, pero al mismo tiempo refugio y lugar para guardar los sueños, las memorias y hasta las sombras, como el símbolo del sitio seguro, ese donde el ser se atreve a existir sin barreras ni censuras de por medio. 


El espacio tiene por constante a la palabra, la cual juega el papel de instrumento de la pequeña transformación, la que es apenas perceptible por parte de quien escribe y desnuda el alma en las letras, al tiempo que desde su interior y a través de lo que se es muestra su esencia. 


Nagara es un lugar sagrado donde se alcanza el carácter de conjuro poético, con la magia de que al nombrar las cosas permite su existencia y manifestación absolutas. 


Las secciones de este poemario dan cuenta de la evolución del autor en varios niveles, siendo el primero de ellos el dedicado a Nagara ese lugar donde el eros tiene cabida. En su momento Bataille mencionó en El Erotismo la irremediable unión del Eros y el Thanatos como parte de las batallas del ser humano y de la dualidad entre lo doloroso y lo placentero, batallas primigenias libradas en la alcoba y en el lecho. 


Abre con una frase: “Tu cuerpo es la habitación donde desato mi tormenta” la inmensa necesidad de entrar y ser en el otro, de poseer en un viaje de ida y venida, con la clara dicotomía que eso implica, poseer para ser poseído, liberar para ser liberado. 


El conocimiento de la imperfección y de los momentos que generan nostalgia, siendo en el inicio la nada y luego la necesidad de saberse existente y de mostrar la posibilidad de trascendencia que es inherente al ser humano como ente vivo, existente y necesitado de no morir tras la muerte: 


Aquí empieza la historia, el eco es una plegaria de la noche latente. La palabra pulsa entre dos cuerpos sobre la mano desnuda, abandona el día hambriento donde la piedra pinta los cuerpos; la luna dura un rumor de viento”. 


La posibilidad de encontrarse vivo en la existencia del que se ama y descubrir en cada momento que el sonido que habita en el otro es melodía, es sentimiento, y se convierte en alma, dice entonces el poeta: 


Si amamos, encontraremos la sombra de Dios, basta alzar la piedra para que el sueño sea posible”. 


Sin embargo, el saber que la fecha de caducidad está siempre presente y que no existe posibilidad de negarla, exige la apropiación de los momentos, volverlos asibles y realizables: 


Las cosas que he amado ya no existen, no importa. ¿Comprendes? Las telarañas cuelgan en la esquina de la casa. Un paisaje descolorido esa escena. Para morir de amor, basta borrar mi nombre”.


La sección de Visitaciones nos muestra otro tipo de amor, el amistoso, en él se hace referencia a poetas de gran renombre, Octavio Paz por ejemplo, de ahí retomo: 


Tu cauce sonámbulo no tiene cuerpo, cae de ti mismo al lenguaje. Tu nombre picotea el siglo, gime, revolotea, estalla. No busca raíces, es un árbol. Se planta en el primer enjambre de signos. Propaga las primeras vocales, trepa por mis manos. La noche vibra, alguien te ha nombrado”.

 

La sección de Partituras obliga a una reflexión que habita en los cuartos de la casa, las vivencias y la manera de experimentar la existencia sin entrar jamás de nuevo en la alcoba, los temas constantes son los naturales: sonido de la lluvia, colores de la luz, los olores, la posibilidad de las sombras y de lo que en ellas habita. 


La amada sigue presentándose, pero a manera de memoria, de recuerdo, no existe más y se le evoca, tal como lo hace en Septiembre: 


La vida en este umbral domestica sombras a voluntad de un Dios que nos mira de espaldas. En mi infancia, atestigüe las caricias de otra piel y supe que la luz reinventa todo lo que florece sin necesidad de brújula. El momento fue breve, mi voz un susurro”. 


Galerías aborda temas generales y contemplativos que están más allá de lo visible, lo perene y la necesidad del silencio como algo primordial: 



EN UN OLEAJE PROFUNDO LA HOGUERA 

En un símbolo vacío la tumba. 

En un ojo ciego el primer día. 

Así la poesía, 

primero se desdobla y se incendia. 

Luego se desvanece, 

y con ella las viejas teorías literarias. 

Después nace 

y su primer día no es el de la Creación, 

sino del diálogo con el poeta. 

Es cielo desnudo donde la memoria rueda. 


De esta manera, Recinos nos guía - con la poesía como sutil instrumento -en un viaje interior que abraza y cobija al lector, llevándolo desde sus más recónditos y secretos deseos, pulsiones y recuerdos, hasta lo más sublime del ser, eso que no puede ser tocado por nadie más, lo que nos habita como seres que trascienden al tiempo y a la muerte: la esencia misma. 



NAGARA CIERRA DICIENDO: 

Pasa el tiempo 

Pasa el fuego 

Pasa el amor 

Pasa la vida 

Pasa el miedo 

Pasa la muerte 

Pasan nuestras sombras: 

Lo bello es poco 



Es justamente para eso, para lo bello que es poco, pero que alcanza para iluminar el paso por la vida de los que nos asumimos como mortales que Juan Carlos Recinos crea estas letras, que han de tener eco en los espacios perenes del ser. 


Lo bello es poco, y sin embargo Nagara. 



​LC

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