CRÓNICA | POR JOAQUÍN LÓPEZ

El popular Xochimilco tamaulipeco que no se dejaba encontrar

Un paisaje multicolor adorna el río Guayalejo con las famosas trajineras.

Unos arcos dan la bienvenida a los visitantes.
Unos arcos dan la bienvenida a los visitantes. (Milenio Digital)

Tamaulipas

Desde lo seco hasta lo húmedo, lo amarillo a lo verde, así es el paisaje tamaulipeco que ofrece la carretera rumbo al municipio de Llera. Es muy curiosa la diversidad de colores que en un trayecto de dos a tres horas se pueden encontrar.

Desde el majestuoso Cerro del Bernal hasta la zona nubosa cercana a la Biósfera del Cielo. Los grandes árboles que adornan la carretera 85 y los habitantes de pequeñas comunidades que se colocan con mesas a la orilla de la carretera a vender a 25 pesos las bolsas con ciruelas recién cortadas de sus árboles.

De repente no se puede creer que sea una parte de Tamaulipas lo que estoy recorriendo. Veo abiertos famosos negocios que cerraron en aquellos años de la crisis por inseguridad.

"Ahorita la carretera está tranquila, toda esta zona, donde está feo es de Victoria para allá, más arriba, rumbo a San Fernando y Reynosa", cuenta un lugareño de El Limón.

El GPS en el teléfono celular me dice que ya estoy cerca de Llera de Canales, pues aunque no hay pierde es mejor prevenir y asegurarse que se viaja por la ruta correcta.

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Durante todo el trayecto esperé encontrarme algún anuncio espectacular que promocionara las dichosas trajineras, pero no, no había nada, más que una lona en una gasolinera casi en la entrada de Llera.

Las famosas letras turísticas que ahora se encuentran en casi todas las poblaciones no son ajenas en Llera, pues fueron colocadas unas muy coloridas en la rotonda que da la bienvenida al pueblo, antes de los arcos oficiales que dicen "Bienvenidos Llera Tam".

Nuevamente busco indicios que me lleven directo a las trajineras, pero sigo sin suerte, no encuentro ningún anuncio en las calles del municipio, por lo que recurro a la vieja confiable: preguntarle a los habitantes.

"Si quiere vaya aquí a la presidencia municipal, ahí deben decirle", me dijo amablemente la primer señora a la que le pregunté cómo llegar a las embarcaciones. Me extrañó que no supiera dónde estaba el río.

Por fi n, cerca de la plaza principal veo un anuncio en manta con la pintura de una trajinera. "Río" dice el cartel hechizo con una flecha hacia la derecha.

Llego a un camino con piedras y monte por todos lados, por un momento dudo que este sea el camino, pero en ese momento pasa la señal perfecta que me lleva a las trajineras, un vendedor de golosinas en triciclo.

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"Sí joven yo voy para allá, siga derecho y ahí están las trajineras", contesta el comerciante que va apurado para alcanzar clientela.

Y ahí están, las famosas trajineras en el río Guayalejo. Son cuatro las que están detenidas mientras una más está por terminar un paseo. Ya hay gente formada para el siguiente viaje. Son 25 pesos los que hay que pagar.

Somos 20 personas arriba, junto a cuatro más encargados de mover la embarcación. Uno de ellos lleva una bocina móvil para amenizar el recorrido. Suenan corridos, entre ellos el de Llera.

15 minutos dura la vuelta. En el sitio hay familias cocinando al carbón, otros nadan y platican en el río, unos más navegan sobre kayaks amarillos. Insisto, es un paisaje multicolor que no es creíble que esté en Tamaulipas, y menos en un pequeño pueblo, en Llera.


JERR