CRÓNICA | POR JOAQUÍN LÓPEZ

"Te voy a regalar este dibujo, no lo vendas cabrón"

El regalo de Jorge Yapur

Creador de Huastequismo, pintor e incansable promotor de la cultura en Tampico.

El dibujo de Jorge Yapur.
El dibujo de Jorge Yapur. (Joaquín López)

Tampico

Las ganas de plasmar en las páginas del periódico las trayectorias de destacados tamaulipecos me llevaron a buscar a Jorge Yapur, el pintor, el muralista, el incansable promotor de la cultura en Tampico, el personaje.

No fue difícil localizarlo. El centro de Tampico era su lugar ideal, sobre todo por las mañanas. Incluso antes de dedicarle un espacio en MILENIO Tampico, me lo topaba caminando por las calles del puerto turístico, con su inigualable sombrero, un morral lleno de papeles y a veces con huaraches.

Un día de esos lo encontré, a Yapur, lo vi a lo lejos con su sombrero, se mezcla entre la gente que compra, no saben que el creador del "Huastequismo" camina entre ellos, el hombre objeto de numerosos homenajes, reconocimientos y aplausos, algo que Yapur siempre supo mantener con discreción, porque así es Yapur.

Por fin lo alcanzo, luce algo sudado, un síntoma particular para los que habitamos Tampico y más durante el verano sofocante. Me presento.

"Buenos días señor Jorge, vengo de MILENIO Tampico, quisiera que me regalara un día de estos una entrevista, quiero que me cuente su trabajo", le digo al pintor mientras me mira atento.

"Sí", me dice, "te paso mi celular". Saca de su morral un teléfono sencillo para buscar el número, lo anoto. "Yo le marco mañana para ponernos de acuerdo", y me despido de él.

A primera hora le marco a Yapur, necesito esa entrevista. Nos ponemos de acuerdo para vernos en un restaurante en el centro de Tampico, el que siempre de casi diario acudía para leer algunos periódicos acompañado de un café.

"Te veo en el centro a las 8 de la mañana", me dice Yapur, pero no me dijo cuál sucursal. La llamada a su celular fue breve y no me dio pie a preguntarle detalles, se escuchaba apresurado.

Luego de recorrer dos sucursales por fin lo encuentro, estaba en el café de la calle Fray Andrés de Olmos y Francisco I. Madero. Está sentado solo en una pequeña mesa, tiene un café y su morral lleno de papeles, el ruido de las meseras con los platos es constante. Yapur se mezcla entre las otras personas de la tercera edad que acuden a recordar viejos tiempos.

"Buen día maestro, disculpe la tardanza es que no encontraba en qué café estaba", le digo con respeto mientras se ríe del reportero novato que busca entablar diálogo con un grande de la cultura local, apenas dimensionaba al personaje que tenía frente a mí.

Trato de crear confianza, pero él inmediatamente saca de su morral sus recortes de periódicos, viejas fotografías y algunos dibujos, lo consideré un breve currículum del artista, extraño pero vasto, tenía mucho por mostrarme.

El reportaje especial a tratar es el muralismo en Tamaulipas, pasado, presente y futuro. Yapur Sherife empieza, me cuenta los trabajos que hizo. Las fotos que me muestra están desgastadas pero me llevan a un Jorge Yapur entero, parado sobre vigas o tablas en paredes altas haciendo lo que le gusta, esos murales exquisitos, entonces aprovecho para tomarles foto a esos recuerdos, los necesito para el periódico.

Nos sirven más café, ya tomé dos tazas y la charla sigue, aún no he visto la hora, la cual no me importaba. La presencia de Yapur, lo que escuchaba, la experiencia mezclada con algunas majaderías y descontento con la política hacían de la charla algo único.

Ya casi al final de nuestra plática, pues se perdió totalmente la idea de ser una entrevista, no había formalidad porque Yapur no se dejó, empezó a guardar sus papeles en el característico morral, todos menos uno, una cartulina pequeña con garabatos, rayas con colores negro, rojo, morado y amarillo, pero no era un amarillo cualquiera.

El artista toma una pluma y sigue dibujando en ese cuadro de papel, ya le veo forma pero aún no entiendo de qué. Al pie del papel escribe "J. Yapur".

"Mira guey, te voy a regalar este dibujo pero no lo vayas a perder, ni a regalar ni a vender, tiene oro derretido", me dice el maestro mientras me entrega la cartulina. No distingo el oro, creo que me juega una broma.

"Bueno maestro pues muchas gracias por la plática y por el dibujo", le respondo mientras pide otra taza de café, lo dejo ahí sentado y yo vuelvo al calor de la ciudad, creo que ya se hizo medio día.

Al otro día tomo el dibujo que me dio Jorge y lo coloco en un marco que tenía desocupado en casa, lo miro fijamente tratando de descifrar qué es, soy un inexperto en esto del arte pero algo tiene que me gusta.

Creo que nadie podrá decirme lo que es, nadie, solo Jorge Yapur, el problema es que ya no está en ese café al que tanto iba, ni en las calles del centro donde seguido me lo encontraba. De lo que sí estoy seguro, y orgulloso, es que tengo una obra de arte original de Jorge Yapur en mi casa, del maestro, del excéntrico, del muralista, del Huastequismo en esencia.