[Vibraciones] Ángel Ruz: canto fresco

Para el tenor Ángel Ruz cantar ópera es un intensísimo gozo que, sobre cualquier otra cosa, que exige resistir y resistir y resistir.
El tenor Ángel Ruz.
El tenor Ángel Ruz. (Especial)

Ciudad de México

I

Cuando envejecen, las voces pierden elasticidad y agudos, brillo y resistencia. Sus colores se oscurecen hasta desaparecer. Cada cierto tiempo, una generación de cantantes debe ser relevada por otra más joven. Se va el canto viejo, llega el canto fresco. Así avanza la música, así vuelve a ser otra vez nueva.

II

"La sensación es la de estar en un limbo". Ángel Ruz lo dice en voz baja, arrastrando las palabras. Sonidos apagados y lentos, como de rezo. La frase suena triste pero no es triste su mirada. Los ojos le brillan. Tienen algo de alegre y algo de duro. Expresan dicha y resistencia en un mismo impulso. Eso para él es cantar ópera: un intensísimo gozo que, sobre cualquier otra cosa, exige resistir y resistir y resistir.

III

Las voces agudas tienden a envejecer más rápido. Será que por su audaz ingravidez, el canto ligero es cruelmente castigado por el tiempo. Los tenores se consolidan durante los treinta. Es la edad perfecta para lucir plenos colores y resultar verosímiles en papeles de ígneos enamorados. A veces hay viejos necios que no entienden: tienen poder y lo usan para acaparar los protagónicos operísticos de juveniles héroes ardientes.

IV

Ángel Ruz participó en Ópera Prima, el primer reality show operístico en la historia de México. Una morbosa cacería. Veintidós cantantes menores de 35 en competencia. Un jurado con la clara intención de humillar, iba eliminándolos. Y cámaras omnipresentes (a toda hora, en todas partes), ávidas de registrar la derrota y las lágrimas.

En semejante espectáculo de sangre e histeria, Ángel Ruz se sintió extrañamente vivo y seguro. En un mundo de apariencias, supo construir su imagen: la del tenor estremecido por la pasión, siempre valiente.

Aprovechó que todos lo estaban viendo y cantó con un atrevimiento rayano en el descaro. Llegó a la Gran Final y ganó el cuarto lugar. De cierta manera, es el primer tenor operístico en la historia de México que surgió de la televisión.

Gracias a Ángel Ruz, muchos mexicanos supieron a qué suena un tenor y sobre un tal Puccini. En la calle lo reconocían. Se le presentaban desconocidos. "¿Eres el cantante de la tele, verdad?", le decían con admiración y alegría.

Tras su triunfo en Ópera Prima, bajó de peso, lo amadrinó Tania Libertad y guiado escénicamente por Ragnar Conde se convirtió en un mejor actor. Su canto se volvió contundente y pleno. Individual. Suyo. Colorido y lírico. Con una expresión tan propia que cautivó a José Miguel Delgado, joven compositor que le escribió ex profeso el papel del Indio en Alma (2013), su segunda ópera. Delgado creó música para la voz de Ángel Ruz: arias personalizadas, como hacían los compositores antiguos con los grandes divos.

V

Pero Ángel Ruz no puede vivir de la ópera. Muchas veces, para ganar dinero, debe tomar caminos paralelos. Cantar, por ejemplo, en Master Class (Terrence McNally, 1995), una obra de teatro sobre la vida de María Callas que se presentó en el Teatro Banamex estelarizada por Diana Bracho.

Uno de los papeles secundarios (Tony Candolino) pide a un tenor para una breve aparición en la cual canta la primer aria de Cavaradossi ("Recóndita armonía") en Tosca. Ángel Ruz ganó la audición. A eso se ha dedicado durante los últimos siete meses.

V

Ángel Ruz lo repite en voz baja, arrastrando las palabras: ser un tenor en plenitud y no poder vivir de cantar ópera le provoca la sensación "de estar en un limbo". Pero en lo que su Gran Oportunidad le llega, pone buena cara y resiste cantando donde sea, lo que salga.

VI

El problema es que el pucciniano Rodolfo de La Bohéme (aquí citado como representante de cualquier joven héroe operístico) está atrapado entre los mismos necios viejos de siempre (cuyas agrias voces tembeleques claman por su propio réquiem) que le amargan el alma y lo convierten en un pobre diablo sin atributos.

Y los tenores treintones como Ángel (quienes sí pueden darle la vida que exige: bohemia, artística, juvenil, apasionada, romántica, de voz viril y resistente) pierden sus mejores años lejos de los grandes escenarios.

Es entonces, ante tanta tristeza, que Rodolfo quisiera ser real solo para ir en persona al camerino de un famosísimo tenor en decadencia, darle un ramo de flores negras y decirle: "¿Ya, no?, déjame en paz. Yo soy joven, tú eres viejo. Yo soy pobre, tú rico. Yo sueño con arte libre de política y tú encierras el canto en intereses. No tenemos la misma alma y a través de ti yo resulto repulsivo y nadie me ama. ¿Eres consciente de lo ridículo que te ves cuando bailas en el cuarto acto?"