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Sábado , 20.10.2018 / 19:35 Hoy

“Vivimos permeados por la violencia”. Diego Cohen

'Luna de miel' se instala en esa zona donde conviven el terror y el amor loco

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¿Cómo expresa el amor un psicópata? Un doctor pulcro y religioso (Hector Kotsifakis) se obsesiona con su joven vecina (Paulina Amed). Su estrategia de seducción atraviesa por su patología y concluye que el secuestro es la mejor manera para demostrarle su amor. El director mexicano Diego Cohen presenta su cinta Luna de miel, inscrita dentro del cine de terror.

Su cine ha dado un giro drástico. Del intimismo pasó al cine de género.

Después de Amaneceres oxidados estuve varios años sin filmar y mis inclinaciones creativas y como espectador se fueron hacia el cine de género. El guión de Luna de miel es de Marco Tarditi, a mí me tocó adaptarlo a mi estilo. El tema del secuestro me interesa porque durante mi infancia y juventud lo viví de cerca; además, aporté una dosis de humor negro.

La película inicia como una comedia romántica, incluso así transcurren los primeros quince minutos. ¿Por qué?

Me interesa indagar en géneros y subgéneros. Trato de ofrecerle al espectador cosas que lo sorprendan y en el mejor de los casos dotarlo de algo nuevo e interesante.

Obsesiones y venganza son dos de las vertientes de Luna de miel. ¿Qué recursos le aportó el gore en términos de tratamiento?

Luna de miel es una historia de amor, pero dentro de la psicopatía. Me interesa indagar en la psicología del psicópata o sociópata. Quería hacer un viaje de reconocimiento sobre las distintas formas de mostrar las emociones. ¿Cómo se expresa el amor dentro de la psicopatía? Esta es la gran pregunta de la película. El objetivo del personaje antagónico es secuestrar a su vecina para provocar el síndrome de Estocolmo. El terror es el género con más subgéneros y por tanto aporta distintas herramientas.

No sabría decir si es amor o mera obsesión.

El personaje tiene un tipo de trastorno obsesivo compulsivo, que va de la mano con su psicopatía. Sin embargo, para él es una expresión del enamoramiento. El espectador puede considerarlo obsesión, pero ese juego de interpretaciones enriquece la narrativa.

Es difícil ver su película sin pensar, por ejemplo, en Misery, escrita por Stephen King.

Soy fan del cine de género y como tal estoy permeado por los géneros. Claro que tomé en cuenta Misery, pero también El coleccionista y Al interior. Para el tratamiento del psicópata retomé Funny Games.

El desarrollo se centra en pocas locaciones y prácticamente en dos personajes. ¿Cómo trabajó el ritmo con tan pocos elementos?

Fue todo un reto porque necesitaba un lenguaje cinematográfico eficaz y dinámico para mantener al espectador interesado sin ser reiterativo, y sin perder de vista el ritmo propio de la historia.

En el sustrato de la historia exhibe lo fácil que es secuestrar a alguien en un país como el nuestro.

Es lamentable hablar de la cercanía que hemos tenido los habitantes del país con el secuestro. Crecí en la comunidad judía y varios de mis compañeros fueron plagiados. Los mexicanos estamos cotidianamente permeados por la violencia. Por supuesto, no es una película de denuncia, pero es innegable que este tipo de temas se cuelan en la psicología y la realidad del mexicano.


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