“La violencia pasó de la ficción a la realidad”

El autor Luis Felipe Lomelí narra la historia del "Güero" en su novela "Indio borrado", ambientada en la colonia Revolución Proletaria.
Toma como referencia la ciudad y sus peculiaridades.
Toma como referencia la ciudad y sus peculiaridades. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

Güero es un chavito que al trabajar como asistente de electricista se va ganando un lugar en su familia, conformado por su madre y una hermana con un bebé en brazos que mantener.

Al tiempo que crece Güero también va ganando su puesto entre los Rats, una de las pandillas que coexisten en la colonia Revolución Proletaria ubicada al sur de la ciudad.

En entre ambiente el escritor Luis Felipe Lomelí (Etzatlán, México 1979) desarrolla la novela Indio borrado, una historia contemporánea que emerge de lo profundo del mar de Tetis y que entre las voces de las luciérnagas cuenta la historia del Nuevo Reino del León.

Editado por Tusquets, el libro toma como referencia a un Monterrey oculto, subterráneo que por años las autoridades ignoraron pero que a partir de 2006 tomó mayor magnitud al desembocarse el problema de la inseguridad.

 Salvo algunos casos de escritores como Joaquín  Hurtado la literatura sobre en Monterrey apuntaba a otros escenarios pero en “Indio borrado” abordas a las pandillas y colonias marginales, ¿qué te llevó a escribir de la colonia Revolución proletaria?

Yo quería escribir una novela con todo el amor y todo el coraje sobre lo que pasó y nos sigue pasando en la ciudad, por cuestiones de jale ya no estoy Monterrey e intentando escribir hice como cinco novelas pero con personajes como estudiantes del Tecnológico, el otro era un ingeniero pero empecé a escribir un cuento sobre el güero de la Revo y me di cuenta que a partir de él sí podía decir lo que yo quería escribir, que son todo este sector de vecinos a quienes les pegó la violencia mucho más cabrón que a nosotros que somos fresas.

 La novela demuestra un amplio bagaje sobre la historia de Nuevo León, empezando por el título que remite a las tribus indígenas antiguas de la región y que poca gente conoce.

Pues sí, empezando por los fanáticos del equipo Rayados que no saben ni por qué les dicen así, de hecho el título original iba ser “Indio rayado”.

Cuando yo llegué a Monterrey allá cómo 1993 yo no entendía mucho de su historia entonces me puse a estudiar sobre lo que había pasado y coincidió a gente muy avanzada en el tema como Cristóbal Carrera ya me clavé en ése tipo de información, de leyendas como los cerros gigantes o el indio rayo. Ya cuando estaba escribiendo la novela salió todo de memoria porque buscando en internet no hay nada, a tal grado llega el olvido de las raíces.

Es esta historia de lucha en el desierto que viene desde los indios borrados o rayados.

 La historia se centra en el “Güero”, cuando inició el periodo de violencia en la ciudad de dieron decenas de bloqueos realizados por gente de colonias como La Campana o la misma Independencia lo que promovió de nueva cuenta un especie de estereotipo hacia esos sectores.

Ellos también habían sido cooptados por el narco a sangre y fuego, o sea no iban a bloquear por gusto. Claro, a muchos de los morros sí les gusta eso de traer lana y andar padroteando con las morrillas pero mucho de esto se venía gestando desde los 90, algo que tratábamos de decir quienes trabajábamos en los barrios con los programas “Haciendo esquina” o “San Pedro raza” pero de repente en un cambio de gobierno ya nadie los peló, entonces fue muy fácil que llegaran los grupos criminales a cooptar a la raza con lana y armas.

 En alguna entrevista le preguntábamos a Eduardo Antonio Parra y al mismo Hurtado si esta problemática ya se veía venir. Te pregunto lo mismo, ¿ya se veía que esto iba a suceder?

En mi libro anterior Ella sigue de viaje al final aparece un cuento donde una chava colombiana que le trata de explicar a un regio fresa cómo era la violencia en Colombia y otro cuento habla sobre cómo las personas de Allende y Montemorelos tienen que emigrar a Monterrey por la violencia.

Cuando se publicó me decían “qué imaginación tan chingona tienes” (risas) y ahora con los años la gente lo vuelve a leer y me dicen “qué crónica tan chingona”. Pasó de la ficción a la realidad, por desgracia.