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Domingo , 22.07.2018 / 00:35 Hoy

Viejos y nuevos europeos

Hombre de celuloide


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Fernando Zamora

El tema musical de Un hombre gruñón se parece unas veces a cierto trío de Schubert y otras al famoso adagio de Albinoni. El asunto cobra relevancia cuando uno se da cuenta de que la historia, como la música, se asemeja a cosas que hemos visto mil veces. Aun así, Un hombre gruñón tiene la cualidad de retratar el carácter amargo de una Europa que ve que sus sociedades “perfectas” tienen que cambiar.

Ove es un viejo incapaz de mostrar sentimientos. Lo conocemos asistiendo a sus intentos de suicidio (asunto costumbrista en la Suecia de hoy) porque sus memorias tienen la virtud de hacerlo revivir. Aprendemos en ellas que le apasiona construir cosas, arreglar coches (Saab, porque cualquier otra marca le causa repelús) y acariciar el recuerdo de cierta persona cuya historia también vamos conociendo en esta película que se sostiene en la actuación de Rolf Lassgård como el gruñón perfeccionista y Bahar Pars en el papel de la inmigrante que llena el barrio de niños, gritos de fiesta y aroma de azafrán.

Un hombre gruñón juega con los estereotipos de esta nueva sociedad que ha nacido en el seno de una Europa que se levantó de las ruinas de la guerra. Primero con el lugar común de los suecos amargados pero también con el carácter de los españoles irresponsables y el elefante en el cuarto: musulmanes y homosexuales. Nominada para el Oscar a mejor película extranjera, Un hombre gruñón tiene la virtud de señalar el verdadero objeto de descontento en las clases bajas del norte de Europa (clases que serían medias en América Latina). Porque a decir verdad, el problema de las nuevas sociedades industriales no está ni en la migración ni en la homosexualidad sino en los funcionarios que con facha progre medran a costa de la necesidad de la gente. Suecia no se ha salvado de la corrupción de una generación que nació en la opulencia y que sigue queriendo enriquecerse cada día más. Son estos burócratas quienes resultan incapaces de amar a su patria o a sus semejantes. Son ellos los que realmente tienen cansado a Ove, un hombre que personifica a la Suecia gruñona que ve cómo los burócratas en sus puestos grises acaban incluso con ésta que alguna vez fue la sociedad más equitativa del mundo.

Un hombre gruñón (En Man Som Heter Ove). Dirección: Hannes Holm. Guión: Hannes Holm basado en la novela de Fredrik Backman. Fotografía: Göran Hallberg. Con Rolf Lassgärd, Bahar Pars, Filip Berg, Ida Engvoll. Suecia, 2016.

@fernandovzamora

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