“La vida es una fiesta que hay que inventar”

Una mirada hacia el pasado, la necesidad de escribir, la irrenunciable pasión por la lectura, la vocación por la enseñanza, los personajes memorables, de eso y otros temas habla el escritor ...

México

1. Memoria


"La memoria es poética; es como un instrumento musical, como un clarinete o un violonchelo. Yo la uso como un color sentimental", me dice Baricco en una terraza que mira a la Feria del Libro. Pocos minutos antes, había cerrado los ojos con una sonrisa: "Amo el sol". Y yo me siento un poco culpable por venir a sacarlo de su romance con la hermosa mañana tapatía que nos tocó para esta charla. Sé que detesta las entrevistas, pero es generoso y se sienta a responderme con una sonrisa de resignación.


Le pregunto por la historia que encierra aquella foto en la que el abuelo, con dieciocho años y uniforme militar, es retratado con su propio padre, abogado prestigioso, bigote en ristre y cara de orgullo. Plena Gran Guerra. El joven debe partir al frente. De esta imagen surge la novela Esta historia.


Le pregunto por las bellas y dolorosas páginas de Sin sangre, por la mirada atónita de una niña ante el horror, y por el recuerdo de ese horror marcando la vida de una mujer.


Pero él no se considera un escritor para el que la memoria constituya una preocupación especial.


"Siempre estamos un poquito atrás o un poquito adelante, nunca estamos en el momento justo con el tiempo. Es divertido, de vez en cuando es trágico, y toda la belleza del ser humano nace de ello.(...) De repente mis personajes celebran alguna memoria. Pero diría que en mi obra tiene más como un efecto de colores. En realidad no tengo libros que estén dedicados al tema. Mis personajes suelen no tener ni siquiera pasado. Sobre todo los de los primeros libros no tienen pasado. Muchos no tienen padres, como Mickey Mouse."


Menciona al ratón de Disney como al pasar, pero se trata de un personaje del que ya ha hablado en Los bárbaros, a propósito de un pequeño texto de Walter Benjamin que encuentra en la mítica librería City Lights de San Francisco. Cuenta Baricco emocionado:


"...ese hombre había traducido a Proust, había entendido a Baudelaire más de lo que nunca antes se lo había entendido (...), recitaba de memoria a Marx, adoraba a Heródoto, regalaba sus ideas a Adorno, y en el momento apropiado pensó que para comprender el mundo —para comprender el mundo, no para ser un erudito inútil—habría sido oportuno comprender ¿a quién? A Mickey Mouse."


Pienso en la última noche de Benjamin en Port Bou, en su colección de juguetes, en sus "Pasajes", en la decisión de no dejar Berlín hasta el último momento. La imagen del filósofo judío, en esa noche de septiembre de 1940 en que estaba cerrado el cruce por los Pirineos, ha obsesionado a más de uno.


Y pienso también, claro, en los personajes sin padres, o con padres ausentes, como Mickey, en especial en Gould y Shatky de City, quizás mi novela favorita de Baricco. Me da gusto saber que para él también es una de las consentidas. "Aunque sea la que menos se ha vendido", agrega.


"A los protagonistas de City no les gusta el mundo como es y escapan a otros sitios en busca de la verdad, y de esos lugares vuelven a partir. Hay muchas maneras de escapar: una puede ser la heroína, y otra, mejor, la búsqueda de un sentido a la vida. Es un deseo de apartarse, de decir no estoy aquí. Cuando la escribí, me sentía así."
Esta frase, dicha cuando apareció esa novela, me remite hoy a Mr Gwyn y a su deseo de abandonarlo todo también, de escapar. Ya se ha vuelto una pregunta de cajón "¿Quisieras abandonar la escritura?" "No", responde tajante. Siempre. "Aunque hay cierta belleza en desaparecer". Baricco no es Mr Gwyn. Por suerte.


"La memoria no es algo que yo celebre. Es un color sentimental", me explica bajo el sol de Guadalajara. Quizás ésa sea su manera de comprender el mundo; su manera de pasarle a la historia el cepillo a contrapelo, como quería aquel berlinés nacido bajo el signo de Saturno.

2. Tiempo


"Cuando escribimos creo que fundamentalmente inventamos un tiempo, una velocidad. Quien lee tiene una velocidad propia y cuando entra en el libro asume la mía. En mis libros, la velocidad cambia mucho. Sólo Seda está escrito con una sola. La escritura te transfiere siempre a un tiempo otro. Como suelo explicarles a mis alumnos: la labor fundamental que hacemos es cambiarle el tiempo a la gente. Es decir que tenemos una responsabilidad enorme.


"Todas las historias tienen un problema de tiempo", continúa. En su novela más reciente, Tres veces al amanecer, es éste justamente el núcleo central. Se trata de la historia de encuentros imposibles entre una mujer y un hombre. Es un "homenaje a la terrible tragedia" que puede ser el tiempo, dijo ante los jóvenes (y no tan jóvenes) que abarrotaban el Auditorio Juan Rulfo.


Tres veces al atardecer inicia con el siguiente párrafo: "Estas páginas relatan una historia verosímil que, sin embargo, nunca podría suceder en la realidad. Narran de hecho la historia de dos personajes que se encuentran tres veces, aunque cada una de ellas es la única, y la primera, y la última. Pueden hacerlo porque habitan un tiempo anómalo que inútilmente buscaríamos en la experiencia cotidiana. Lo establecen las narraciones, de tanto en tanto, y ése es uno de sus privilegios".


En las últimas páginas de Mr Gwyn se menciona una novela titulada Tres veces al amanecer, del autor apócrifo angloindio Akash Narayan. Baricco nos regala ahora esta historia anunciada e imposible.

3. Europa y la pizza


Lunes 2 de diciembre, 19 horas. La Feria del Libro está en plena ebullición. Comienza la mesa del Festival de Literaturas Europeas en la que Baricco está con el austríaco Robert Menasse y con el inglés Adam Thirlwell. "Ya que esta mesa se llama como se llama y que la organiza la Unión Europea, yo les pregunto: ¿existe la 'literatura europea' como tal? ¿Se sienten parte de ella?"


"Aunque me siento más cerca de un escritor sudamericano que de uno inglés", dice Baricco, "sé que tenemos una cierta identidad común, no tanto literaria, sino política, cultural o histórica". Y continúa:


"Me doy cuenta de que los europeos debemos explicar muchas cosas sobre Europa a los mexicanos. Lo primero es que Europa es una comunidad que vive en paz, donde durante por siglos nos hemos peleado como las bestias, y ésta es una lección para todo el mundo. Hemos estado dispuestos a morir pero sobre todo a asesinar a los otros de la manera más atroz. Durante un siglo entero tuvimos un solo aterrador objetivo: autodestruirnos y destruir a los demás con sistemas increíblemente inhumanos. Pero han pasado ya sesenta años y formamos una unidad; algo que parecía una utopía.


"Culturalmente somos muy diversos. La Unión Europea tiene reglas comunes para gente muy diversa. Políticamente estamos todos juntos siguiendo las mismas reglas que dicta, de una manera impersonal, una autoridad que conocemos poquísimo; es casi una autoridad kafkiana. No sabemos efectivamente dónde se toman las decisiones. Los estados nacionales pueden decidir bastante poco."


Si en Los bárbaros, Baricco analizó la estandarización de fenómenos como la producción de vino o los partidos de futbol, en la FIL su ejemplo será la pizza —lo que provocara el enojo de Menasse, feroz defensor de la Unión Europea, y la hilaridad del público— y así nos mostrará una vez más el modo sencillo, casi cotidiano, y cargado de humor que tiene para explicar los complejos fenómenos de la cultura contemporánea.


"Por ejemplo, nosotros hacíamos la pizza de un cierto modo, después llegaron las normas higiénicas europeas y decidieron que no estaba bien. Ahora la pizza no es tan buena como antes. Antes estaba un poco sucia, pero era rica; ahora el que hace las pizzas debe lavarse las manos, y demás... El problema detrás de la pizza es que hay una idea de seguridad y de protección ante los peligros. Europa adoptó el camino nórdico de garantizar la seguridad a todos sus ciudadanos, pero es una idea que a los italianos no nos pertenece.


"La otra cosa que hay que entender es que está el sur de Europa y el norte de Europa. El sur de Europa se divierte más, vive mucho mejor y es una bolsa de problemas económicos. Después hay una franja intermedia: Francia, Austria, Alemania, que viven 'cosí cosí', trabajan duro y producen dinero. Y están los nórdicos que para nosotros los meridionales son incomprensibles. Leemos sus libros, pero la vida que hacen es incomprensible. Cada tanto en las playas italianas ves a un sueco y te sale espontáneamente abrazarlo para celebrar que se está salvando.


"Y hay una tercera parte de Europa que son los países del este. Si les preguntamos a diez italianos cuáles son los países del este que pertenecen a la Unión Europea, ninguno lo sabe. Lo digo sin maldad: no lo sabemos. Porque es un mundo que ha llegado después, que venía del bloque soviético, y con un pasado totalmente diferente al nuestro.


"Italia es un país frágil económicamente pero es la séptima potencia económica del mundo. Y nosotros estamos habituados a encontrar europeos del este que vienen a nuestro país a hacer las labores más modestas. Debemos entender que hay una Europa rica, fuerte, y que hay una Europa más pobre, verdaderamente.
"Las tradiciones culturales son inmensamente diversas. Si debo encontrar un punto en común a todos puedo sintetizarlo así: somos una comunidad vieja y cansada. Somos muy viejos. Es impresionante el número de años que hemos producido de todo: catedrales, libros, guerras, música, armas, dinero. Y estamos cansados, porque hemos vivido en la riqueza, en la riqueza cultural, desde hace muchísimo tiempo. Vivimos con una enorme herencia sobre la cabeza. Por esto, en cierto modo, somos siempre póstumos."

4. Escribir


"Escribo porque es algo que sé hacer; me gusta muchísimo el gesto de hacerlo, es un placer físico. En la mañana me despierto y escribo porque es lo que más amo en el mundo. Después de jugar futbol.


"Cuando escribes desaparece todo lo demás. Es como ir muy veloces y hacer algo peligroso, pero sabiendo que cada vez que te equivocas puedes regresar. Y todo eso lo haces para llegarle a alguien que amas. Escribir es algo parecido. Lo que más me importa es poder transmitir cierta intensidad, cierta fuerza; cuando lo logro es algo realmente hermoso."


Pero, de dónde surgen esas historias que cuenta Baricco, que nos emocionan, que nos conmueven, que nos dejan sumidos en una profunda melancolía y a la vez en la alegría de haber leído algo excepcional.


"Lo importante —dice— es cómo se cuenta, no qué. En realidad, nos pasamos contando siempre las mismas historias, no podemos librarnos de los clásicos. Las contamos una y otra vez, agregándoles cosas para hacerlas nuestras."


Alguien le dice, "Homero Iliada es uno de los libros más bellos que he leído. ¿Qué puedes decirnos sobre él?" Mira con sorpresa a la mujer que hace la pregunta. "Que la trama no es mía", le responde.


Baricco construye con su público una relación cálida, de afecto, de seducción, de simpatía. Seda, Océano mar, Novecento, Mr Gwyn... pero también Los bárbaros, y el genial El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin, por supuesto. Y programas de televisión, de radio, charlas sobre ópera, colaboración con grupos de rock (su trabajo sobre City con el grupo francés Air es antológico): el turinés habla de literatura siempre, todo el tiempo, en todos los medios posibles.


"Es una pasión, como aquellos que aman el motociclismo y hablan siempre de motociclismo. Es casi un instinto: hablo continuamente de las cosas que me gustan. Sobre todo de leer; también de la escritura, pero sobre todo de leer, que siempre ha sido para mí uno de los grandes placeres de la vida y continúa siéndolo. Comunico una pasión. Pero no porque piense que es más importante socialmente que comunicar la pasión por otras cosas. No estoy tan seguro de la primacía cultural del libro, pero es una cosa fascinante, muy bella que me da muchísimo placer y por eso también con enorme placer hablo de esto cada vez que puedo."


Una manera de transmitir esa pasión es la Scuola Holden, sin duda. La pregunta sobre este proyecto es lo que más le entusiasma de nuestra charla. Le brillan los ojos cuando abre la computadora para mostrarme la página www.scuolaholden.it


A nadie le parece raro que alguien diga que estudia arte o fotografía o cine. Pero a todo el mundo le entran dudas si hablas de una escuela de escritura, le comento.
"Es verdad. Lo cierto es que hay muchos escritores que jamás pasaron por una escuela, lo que es más raro en el arte; eso es porque les parece que el aspecto técnico de la profesión —escribir— es muy fácil, pero en realidad es muy difícil. Cuando nos preguntan si es posible enseñar a escribir, siempre respondo que claro que es posible. El talento no se puede enseñar, pero sí entrenar. Y la creatividad puede ser liberada. La escritura se puede enseñar porque es un oficio.


"La Scuola Holden es una escuela de narración. Los chicos llegan y buscamos formarlos como narradores, enseñándoles técnicas muy diversas. Se trata de saber contar historias en distintos medios: web, cómics, libros. Los jóvenes con talento tienen una gran capacidad de observación, pero suele estar bloqueada; nosotros buscamos que se abra, que desaparezca el bloqueo."


The Catcher in the Rye de Salinger es sin duda una de las obras literarias más queridas por Baricco; por eso eligió el nombre del protagonista para bautizar el proyecto de la escuela, situándola así bajo la tutela del espíritu libre del joven Caulfield. En una escena que le gusta relatar, el chico le cuenta a su hermana que él imagina ser el "guardián del centeno". La frase que en inglés hace referencia al juego de béisbol, en español resulta confusa y ajena a la búsqueda de Salinger. Sin embargo es esa traducción poco afortunada del título la que ha perdurado en nuestra lengua. ¿Qué significa?


"(...) me imagino a muchos niños pequeños jugando en un gran campo de centeno y todo. Miles de niños y nadie allí para cuidarlos, nadie grande, eso es, excepto yo. Y yo estoy al borde de un profundo precipicio. Mi misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio. Quiero decir, si algún niño echa a correr y no mira por dónde va, tengo que hacerme presente y agarrarlo. Eso es lo que haría todo el día. Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno. Sé que es una locura; pero es lo único que verdaderamente me gustaría ser. Reconozco que es una locura."


Le pregunto por qué vale la pena ser "The Catcher in the Rye". Baricco lo piensa un momento y me responde:


"El pequeño rasgo que yo amo tanto de Salinger es que lo importante para él es que los niños pueden divertirse, ser libres, hacer lo que quieren y él está ahí para evitar el peligro. Es como si dijera: lo más bello sería ser loco, aventado, imprudente, porque hay alguno que ¡hop! te pilla al vuelo. Salinger ha planteado de un modo bellísimo el hecho de que una cosa verdaderamente difícil de la vida es que estamos obligados a perseguir la felicidad afrontando demasiados riesgos. Y no hay nadie que nos salve.


"Ser el guardián del centeno es hacer esto por los demás, protegerlos. Con respecto a mis hijos, y más en general a mis alumnos, pienso que no estoy ahí para que ellos se sientan seguros sino para que sean locos, aventados e imprudentes, y sea yo quien reciba los golpes, quien los pille al vuelo para protegerlos, ¡hop!"


Quizás no hubo nadie que protegiera a los cuatro adolescentes protagonistas de Emaús, la novela que, confiesa, más le ha costado escribir. Esos cuatro adolescentes de clase media, católicos, comprometidos con su comunidad, que de pronto descubren que hay otros mundos posibles en los que existen el deseo, la violencia, la traición. La frase "En esa época (la infancia) tenía yo la idea de que al vida era un deber que tenía que cumplirse, no una fiesta que había que inventar..." que está en Los bárbaros parece remitir abiertamente a los conflictos de Emaús.


Y cuándo descubriste que podía ser una fiesta, le pregunto, sabiendo que es un tema que finalmente remite a la concepción ética de toda una generación.
"Lo descubrí muy tarde. Demasiado tarde. Cuando me fui del mundo en el que había crecido y encontré personas totalmente diferentes a mí. Pero ha sido un proceso muy lento. No creo haberlo entendido antes de los cuarenta años. Soy un poco lento y estúpido en la vida."


Sonríe y cierra los ojos para volver a disfrutar del sol de Guadalajara. Un final de entrevista un tanto melancólico, pienso. O quizás sea solo mi manera de ver a Baricco, de volver a sus páginas, de habitar los mundos que nos regala. Una manera entre tantas. "Por mucho que uno se esfuerce en vivir una sola vida —escribió en Sin sangre— los demás verán dentro de ella otras mil."


Nos faltó hablar de música, de su relación con el cine, de literatura latinoamericana (Mr Gwyn lee a Bolaño, por ejemplo), de la vuelta a los clásicos.
Pocas horas después habrá largas colas de gente esperando para que firme algún libro, o para tomarle una foto, o para que escuche una que otra historia ("Empezamos a salir porque él me regaló Seda", le dice una chica mientras el galán de marras le pasa un brazo sobre el hombro. "Novecento es lo mejor que he leído", le cuenta un señor mayor). Él seguirá sonriendo con calidez y pensará, seguramente, que la vida, como los libros "...es un viaje para caminantes pacientes". Dentro de sí, ya ha de estar conversando con el personaje de la próxima novela.