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Lunes , 25.06.2018 / 01:22 Hoy

La vida en colores de Don Ernesto Esparza Chávez

El muralista maderense creó parte de la historia de la ciudad y que celosamente se custodian en escuelas, edificios públicos y hasta en cantinas. Pintar es la alegría de ver, de creer y de crear.

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Lilia Ovalle

Don Ernesto Esparza Chávez conoce el lenguaje del color. Desde pequeño se le encomendó la realización de murales que forman ahora parte de la historia de la ciudad y que celosamente se custodian en escuelas, edificios públicos y hasta en cantinas.

"Toda mi vida he trabajado murales, desde que estaba en la primaria lo hacía y ahora es mi modus vivendi porque toda mi vida me la he pasado pintando, desde cuadros, formatos más grandes y hasta el mural".

Humilde comenta que sólo dos murales se conservan (uno en construcción) en el municipio, ya que uno fue ocultado con pintura al realizarse una remodelación en el edificio donde lo plasmó.

No obstante su obra se encuentra repartida no sólo en el área urbana de la ciudad sino incluso en los 55 ejidos, como un homenaje a los héroes que hicieron patria y de paso le dieron nombre a las comunidades.[OBJECT]

"A muchos ejidos les he hecho su mural para celebrar el reparto agrario, desde don Lázaro Cárdenas a Pancho Villa o Francisco I. Madero, puros héroes de la Revolución, eso es lo que he hecho siempre y pues a mis sesenta y ocho años puedo decir que toda mi vida he sido pintor muralista".

-¿Esto le permite vivir con dignidad?, se le cuestiona.

-Pues sí, lo que es. Hay que saber también cobrar. Hay quienes son renuentes y dicen 'Nombre, que al cabo te lo echas de volada', pues podría ser pero es mi tiempo. Cobro mi trabajo porque tengo que vivir de él pero para mí los colores son la alegría de poder ver, la alegría de creer y la alegría de crear. Con los puros colores hace uno todo.

Y los colores lo invaden. Han transformado desde su piel morena hasta la mezclilla de su pantalón que le sirve incluso de paleta y paliacate para limpiar los pinceles.

Don Ernesto Esparza sabe de lo que habla y del significante de los colores en su vida e insistente repite que primero hay que ver para poder hacer y luego de paso, creer en lo que procesan el pensamiento y las manos.

"Me la he pasado toda mi vida así. Nací en el ejido Florida, todo mundo me conoce en Madero porque me la he pasado pintando de todo, desde cantinas hasta negocios líderes. Todo. Me le he pasado haciendo murales".

Alegórico, sonríe esperando que en las cantinas no hayan "tumbado" su obra aunque reconoce que los sectores habitacionales han crecido, arrasando con los edificios viejos y su pasado.

-¿Cuáles son sus muralistas favoritos?

-Tenemos una tradición muralista en México. A mí me gusta mucho Enrique Camarena y Jesús Helguera. Tenemos a David Alfaro Siqueiros, a Orozco, Rivera, todos tienen su estilo pero los primeros me gustan más.

Y vuelve entonces al discurso de la humildad. Reconoce que su obra no es precisa pues jamás estudio pintura de manera formal por lo cual se etiqueta como "lírico" en los colores y las formas.

"Recuerdo que en tercero o cuatro de primaria trabajé en un mural que dejaron empezado. Un maestro vio mis cualidades o aptitudes, no sé cómo le quieran decir, y fue el que me llevó pintura para que yo le ayudara a la escuela a terminarlo".

-¿Y cuál era el tema en ese mural?

-Sigue allí en la escuela, lo acabo de retocar. Es de La Gran Tenochtitlán. Antes hacía eso pero ahora me dedico al desierto porque es lo que más me gusta; me fascina pintar lo que es la mezquitera, nopales, cactos, todo eso.

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