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Domingo , 21.10.2018 / 01:52 Hoy

Viaje al barroco mexicano sobre la Nao de China

La exposición Tornaviaje. La nao de China y el barroco en México reúne una serie de objetos que se transportaron en los galeones españoles en tiempos de la Nueva España.

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En la actualidad, países como México, Estados Unidos y Japón, entre otros, forman parte del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés), un tratado de libre comercio entre el continente americano y el asiático. Sin embargo, esta idea surgió hace muchos años, ya que diversos personajes con espíritu de aventura y descubrimiento se empeñaron en acercarse a las Indias para establecer vínculos comerciales.

El director del Museo Franz Mayer, Héctor Rivero Borrell, comenta que, en 1565, los galeones de origen español que partían de Manila, Filipinas, hacia la Nueva España eran conocidos como la Nao de China, porque los bienes que transportaban eran de esa zona. Los navíos llegaban a transportar 800 toneladas de cargamento, en el cual se encontraban textiles, cerámicas, pinturas y esculturas, entre otros productos, para el intercambio comercial.

El recinto reúne alrededor de 250 piezas en la exposición Tornaviaje. La Nao de China y el barroco en México (1565-1815), una amplia gama de objetos que eran transportados en aquella época.

El nombre de la muestra, Tornaviaje, proviene de una historia en la que un marinero que decidió dejar de serlo, y que después se convirtió en religioso, sería buscado tiempo después porque él sabía hacer el viaje de regreso del continente asiático a América. El director asegura que aunque ya se habían realizado varias expediciones, lamentablemente no habían logrado regresar a la Nueva España.

De esa expedición “nacería una de las empresas comerciales que más ha durado (1565-1815), una empresa que generó riqueza y trabajo en ambos continentes”, señaló Rivero Borrell. En esa época había un interés por el marfil, las sedas, las cerámicas y muchos de los productos hechos en China.

“Lo que sucede en Filipinas, específicamente en Manila, el puerto donde los navíos partían para llegar a Acapulco, es que terminó siendo un lugar en donde había mercancía de toda la zona: todos los productos importantes que se comerciaban en ese entonces se empezaron a reunir y, después, se llenaba el famoso galeón”.

Además de las piezas pertenecientes al Museo Franz Mayer, para esta exposición los museos Internacional del Barroco y Naval de Madrid colaboraron con objetos que ampliarían la visión de este intercambio cultural, comercial y religioso, que vinculó a las civilizaciones del Pacífico Oriental, Europa y el continente americano. En Filipinas todavía se usan palabras que son originarias y adaptadas de México, y aquí se utilizan palabras filipinas como “palapa” (casa de techo de palma), lo que demuestra la influencia de estos intercambios.

La muestra, cuya curaduría está a cargo de Luis Gerardo Morales, está dividida en cinco ejes temáticos: “Navegación”, “Comercio”, “Corsarios y naufragios”, “Cultura material” y “La cuenca del Pacífico”.

En cuanto a los productos que México mandaba se encontraban la plata y el chocolate/cacao. “El curri (condimento de India), es ‘un mole’ con un chile mexicano que se introdujo a la India en el siglo XVII. La cultura y los productos iban y venían. Lo importante es que en este tipo de situaciones salen beneficiadas las dos vías”, apuntó el director del Franz Mayer.

Mestizaje

Llegaba toda clase de objetos, entre ellos las telas bordadas y marfiles tallados; esto dio paso a que, a través de un dibujo o estampa, se pidiera esculpir una virgen o un Cristo: “Los talladores que no sabían de la religión interpretaban, lo que daría como resultado unas vírgenes con los ojos rasgados o con vestimentas orientales”.

Así, a pesar de ser las culturas americana y asiática totalmente diferentes, se enriquecieron: fue un momento ideal para que se dieran mestizajes y se complementaran: “Mientras en Europa la vestimenta era muy sobria, aquí abundaba el color; también se puede ver ese detalle en los muebles, lo que redunda en este barroco que lo hace único y peculiar”.

La exposición será inaugurada mañana y podrá ser visitada hasta el 30 de octubre en el Museo Franz Mayer, (avenida Hidalgo 45, Centro Histórico).



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