El verbo amarar

Escritor y lector incansable, Juan Gelman trabajó hasta el último minuto de su vida. Hacia el final, ocupó la mayor parte de ese tiempo en amaramara, volumen dedicado a Mara Lamadrid, su ...

Ciudad de México

Escritor y lector incansable, Juan Gelman trabajó hasta el último minuto de su vida. Hacia el final, ocupó la mayor parte de ese tiempo en amaramara, volumen dedicado a Mara Lamadrid, su esposa, su compañera. El amor, el erotismo y la armonía de la razón y el sentimiento se conjugan en esta obra póstuma que será acompañada por pinturas que el artista mexicano Arturo Rivera realizó ex profeso, a manera de un diálogo estético entre imagen y palabra. En recuerdo del enorme poeta argentino, presentamos el prólogo de amaramara, cuatro poemas inéditos del libro, así como una entrevista y un recuerdo personal del autor de Gotán.

En la vida corriente y en la poética de Juan Gelman destaca un motivo irreductible: el amor. Sus palabras y sus acciones rezuman la determinación de luchar hasta el último aliento por nombrar y revelar la esencia afectiva de la vida. Esa fracción universal de lucidez humana, de tránsito interrogante, vale la pena si la energía que la aparta del vacío es la pasión amorosa que el poeta nombra desde su nivel de razón y sentimiento.

Gelman la expresa en algún momento como “El emperrado corazón amora”; el verbo amorar se conjuga como amarar. El motivo encarna en dos personas del singular para acogerse luego en la acción de un nosotros. El poeta nos vuelve cómplices y parte de esa vocación íntima que se vierte en sus lectores con singular fuerza. Cuando Gelman ha acompañado su voz con el Trio Mederos, lo ha hecho desde la perspectiva exclusiva del erotismo. Su poesía misma es un acto de amor, por supuesto, pero esos poemas adquieren vigencia en el sentimiento del amor a Mara, sin importar el antes y el después; el neologismo brota de su causa y afecto: amaramara.

Juan Gelman ha reunido esta serie de poemas para establecer un diálogo de imágenes e intenciones con el artista plástico mexicano Arturo Rivera. El resultado es un ensamble visual, gráfico, lírico, en el que reconocemos el afuera de su emoción profunda. La materia amorosa no es tema sino pasión de ser, de hacer, de estar: “el fuego que arde cuando hubo/ una garza azul/ erguida en tu mirada blanca”.

Gelman y Rivera hacen de la duda una certeza, un lenguaje común donde la ignorancia del porqué revela su destino, “el diar de cada día”. La poesía y el arte concurren en estas páginas para impulsar el anagrama de su causa, amaramara: “Nacer es el apetito que das”.


Poemas de Juan

 

Tiempos


Siempre te amo por primera vez.

Siempre te amo la primera vez.


Situaciones


En la intemperie de dos cuerpos

se sabe haber lo que no

se puede haber y el tiempo y la memoria

tejen una belleza diferente. Lento

es el abismo donde se hunden

las asambleas del odio,

y queda al aire absuelto por vos.

La cosa obrada es imperfecta y el vacío

Entre las dos verdades parece

un manantial de aguas henchidas

que produce todas las cosas, menos

un ojo más perfecto que el sol

cuando te adora. Es

la libertad que hacés y no cesa,

la palabra que no se esconde en

el banquete de la razón donde

alimañas, sierpes, otras bestias

comen reflejos de la lengua.



Baile


De la cintura bajan

arrabales de adentro

como impaciencias del amor.

¿Qué es esa moneda

que tu bailar acuña?

En la colina del deseo

sobra el sol.

Seguridad es tu hermosura,

bella que el tiempo apagás

en laberintos de Eros donde

es triste el que no sabe.

Amarte es preciso, vivir no.


Pasa


No sé por qué te amo.

Sé que por eso te amo.

Cae mi lengua, como la de Catulo,

en su doble noche de deseo.

Nadie vuelve de vos

a lo que fue. Cuando callan

las palabras inevitables, las

repeticiones del dolor y

los huecos de la tiniebla alta,

conozco tu pacto que sucede de pronto.

Nacer es el apetito que das.

Caballa de la boca.