A ver si esta vez aprenden

Como dijo esta semana Luis Videgaray en el Reino Unido, el próximo año habrá que “escuchar al mercado” para determinar si se hace necesario un nuevo ajuste presupuestal.
Luis Videgaray, secretario de Hacienda
Luis Videgaray. (Nelly Salas)

México

Uno de los rasgos comunes a prácticamente todos los miembros de la tecnocracia neoliberal que gobierna en buena parte de Occidente es la utilización de un lenguaje tecnificado, con pretensiones científicas, que no solo repiten como si fuera un dogma incontrovertible, una especie de Revelación, sino que además lo hacen desde un tono de autosuficiencia, como si externaran una especie de placer sádico cuando se refieren a una realidad económica brutal, que a su juicio siempre es brutal precisamente porque los países no aplican con la suficiente determinación o enjundia el rosario de recetas o de reformas estipulado en sus manuales. Así, la pobreza, el desempleo, la falta de acceso a salud, educación o vivienda, son meras cifras que, de nuevo, se verían mejoradas si tan solo todos los demás comprendiéramos que la aplicación a rajatabla de la doctrina de libre mercado es la mejor y única vía para sacar a nuestras sociedades del eterno atraso en el que se hayan atascadas. Los tecnócratas van cambiando de puestos entre la administración pública, empresas trasnacionales privadas y organismos financieros internacionales, desde donde conceden entrevistas en un tono regañón —como la que concedió esta semana a El País el director para América Latina del FMI, Alejandro Werner—, advirtiéndonos que en el fondo lo que tenemos es lo que nos merecemos, y que solo si esta vez comprendemos cómo instrumentar sus recetas, quizá, con mucho esfuerzo y algo de suerte, algún día nos parezcamos a los países en donde hicieron los doctorados a partir de los cuales intentan adoctrinarnos.

La letanía alcanza incluso tonos tan disparatados como para atribuir al mercado rasgos humanoides, de modo que, como dijo esta semana Luis Videgaray en el Reino Unido, el próximo año habrá que “escuchar al mercado” para determinar si se hace necesario un nuevo ajuste presupuestal. Lo curioso es que pareciera que el timbre de voz del mercado es tal que les habla directamente a ellos y siempre en clave, y es también curioso que, incluso en tiempos de crisis, la voz del mercado dicta una realidad donde cada vez son menos los que ganan mucho y mayor la enorme masa de desposeídos que se debe contentar con las migajas que arroja la enésima “flexibilización” del mercado laboral. Nosotros, los demás, como no sabemos escuchar al mercado, nos tenemos que contentar con escuchar a este tipo de funcionarios, que a través de sus regaños y admoniciones parecerían pensar que justifican de manera científica e irrefutable lo que en realidad no es más que un proyecto sociopolítico de clase, como lo demuestra contundentemente David Harvey en su Breve historia del neoliberalismo.