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Miércoles , 20.06.2018 / 04:58 Hoy

“Vemos los problemas del migrante pero no pensamos en los que se quedan”: Jorge Pérez Solano

Entrevista

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Víctor González

La tirisia alude a una enfermedad del alma, a quien sufre de eterna tristeza. En Zapotitlán, Oaxaca, Cheba (Adriana Paz) y Serafina (Gabriela Cartol) deben alejar a sus hijos para conservar a sus hombres. Inmersa dentro de la tradición del cine rural, La tirisia, de Jorge Pérez Solano, es una película que reflexiona sobre el abandono, las mujeres y la migración. Ganadora de dos Ariel y del reconocimiento a Mejor Película en el Festival de Tesalónica, se estrena en la Cineteca Nacional.

¿Cómo surge La tirisia?

El fotógrafo César Gutiérrez me propuso hacer una película sobre el paisaje de Zapotitlán, cosa que en principio no me convencía mucho porque me parecía que ya estaba muy visto. Escribo las biografías de mis personajes para ayudar a la comprensión de los actores. En la que le dediqué a Macario, uno de los protagonistas de La espiral, mi filme anterior, escribí que se enfermaba de tirisia porque lo abandonaban en el monte. Un factor más surgió al observar a varios viejos del pueblo de mi padre cuidando niños. Al preguntarles la causa, respondían que los papás se habían ido a Estados Unidos y las madres, al buscar una nueva pareja, se veían obligadas a dejarles a sus hijos. Finalmente, en una proyección de aquella película en Juchitán, una señora me comentó que no hablaba de sus necesidades. Obviamente, se refería a las sexuales. Todo esto me dio el rumbo y me ayudó a concluir que no hay tristeza más grande para una madre que abandonar a su hijo para formar una nueva familia.

¿Por qué cuando se habla de migración no se aborda la parte sexual?

No lo sé; además, se presta para una comedia, yo mismo pensé en hacer una comedia. Es un rasgo que apenas toco porque preferí irme por el lado de las consecuencias.

Jorge Ayala Blanco dice que el cine de migración en México abusa de la victimización.

Es verdad, vemos los problemas del migrante pero no pensamos en los que se quedan. Básicamente, son mujeres reprimidas a la hora de tomar decisiones.

La película es matriarcal: las mujeres deciden las acciones.

Así pasa en la vida. El hombre arma el entramado para que las cosas se hagan como la mujer quiere. La decisión más importante de mi familia la tomó mi mamá cuando nos trajo a la ciudad para que estudiáramos.

De hecho, La tirisia explora esto pero también la homosexualidad, a través de “El Canelita”.

Hago una pequeña exploración. La película me quitó la falsa idea de que Oaxaca es un estado homofóbico; la realidad es que tiene una recepción importante a estas preferencias. De hecho, en una proyección descubrí la liga inconsciente de “El Canelita” con “La Manuela”, de El lugar sin límites. La decisión de hacerlo gay nació después de ver que, durante la filmación de La espiral, los miembros homosexuales del crew consiguieron novio durante el rodaje.

Otro tema central es el abandono; cada personaje lo sufre.

Mientras escribía la historia pensaba mucho en El laberinto de la soledad, y en su reflexión sobre el desprendimiento y la forma en que nos vamos quedando solos con el paso del tiempo. Al final creo que es verdad que solos venimos y solos nos moriremos.

La película juega también con los símbolos. Pienso en la Iglesia como figura ausente.

Quería reflejar a la Iglesia como una figura inconsciente pero que ya no ayuda, dejó de cumplir la función que le toca. Nadie respeta los mandamientos, por eso tal vez vivimos en estas condiciones. La Iglesia debe cambiar.

Aunque también hay un reflejo de la doble moral por parte de la población.

No me interesa criticarla, solo la muestro. Cuando veo mis películas me siento un conservador porque exhibo los defectos de la familia para decir lo que no debemos de hacer.

Su película vuelve también a la tradición del cine rural.

El cine serio se ha olvidado del cine rural. El videohome lo toca pero con mucho estereotipo: el campesino, el narcotráfico, el indito. Falta reflexionar sobre lo que somos en este sentido. Olvidamos que la periferia sostiene a la sociedad, nos da los alimentos, el vestido, etcétera.

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