A la vejez…

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Cayetana de Alba con Alfonso Díez.
Cayetana de Alba con Alfonso Díez. (EFE)

Ciudad de México

Decía un viejo amigo que las esposas debieran ser de entrada por salida y las sirvientas de tiempo completo. Reía a carcajadas con esta idea que le parecía muy ingeniosa. Hay que reconocer que son menos quienes disfrutan de las delicias del matrimonio y más quienes gozan de las mieles del amor de vez en cuando. Sin embargo parece que hay una edad en la que más bien se precisan las dos maneras de amar, que son entonces formas de sentir particular aprecio por alguien. Ese tiempo se corresponde con lo que otra amiga define siempre como “la tercera y última edad” de los individuos, que aun cuando comienzan a verse sitiados por los achaques no implica claudicación alguna ante los apuros de Cupido.

Las relaciones así suelen reunir a un amigo tan cercano como necesitado, que puede también ser un viejo empleado más joven, con alguien adinerado y muy urgido de amor. A sus 92, la mujer más rica de Europa, la francesa Liliane Bettencourt, sigue defendiéndose de las embestidas legales de una hija empeñada en declararla incapaz para manejar su fortuna. Pero sin duda no es eso lo que le duele y preocupa. En medio de tanto pleito ha debido renunciar a la amistad cercana de François-Marie Banier, un fotógrafo que todos identifican como abusivo vividor, que ha recibido de ella costosos presentes a cambio de un poco de afecto.

Librar esas épicas batallas cuando uno no puede hacer planes ni para el día siguiente tiene algo de absurdo y mucho, muchísimo de romántico. En España muchos vieron en Alfonso Díez a una suerte de playboy de la vieja escuela tras la fortuna de Cayetana de Alba. Cuando se casaron contra viento y marea parecían dos adolescentes que habían vencido a la adversidad que los separaba. Ella tenía 85 años y estaba tan enamorada que nadie le creía. A Alfonso tampoco. Vivieron el amor a su modo hasta hace poco, cuando la duquesa murió bañada en miel. Dolía ver las imágenes de Alfonso llorando como un niño en sus funerales mientras clamaba con voz ronca: “¿Qué va a ser de mí?”

A Alfredo di Stéfano, un gigante argentino del futbol, tampoco le creyó nadie cuando dijo que a sus 86 estaba enamorado de su secretaria de 36. Al anunciar sus planes de boda sus hijos se pusieron en medio. No los dejaron llegar al altar. Di Stéfano murió hace unos meses, luego de celebrar sus 88 lejos de la mujer que amaba. Ya no alcanzó a leer la carta en la que ella lamentaba: “¡Estuvimos cerca de firmar ese maldito papel que no necesitábamos!”.

 Ahora quien reta al destino es el ex presidente de Portugal Mario Soares. A sus 90 trae a sus paisanos con los pelos de punta desde que se enteraron de que anda enamorado de la enfermera que le asiste, una mujer 40 años menor que él. En medio del escándalo, la que ha sido su esposa durante 65 años ya se siente en casa de entrada por salida y comienza a ver a la enfermera como una presencia de tiempo completo al lado de su coqueto marido. Se le eriza la piel.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa