Los vecinos buscan rescatar el complejo

Los primeros cinco años los Condominios Constitución trabajaron de maravilla, siempre y cuando se le pagara al equipo de mantenimiento. Pero cuando la responsabilidad cayó en los propios ...
Se atenderán los daños.
Se atenderán los daños. (Roberto Alanís)

Monterrey

Era 1964 y la Unidad Habitacional Constitución inició como un experimento para los regiomontanos: ¿podrían vivir en departamentos que demandan uso común de espacios, como ya sucedía en la Ciudad de México?

Los primeros cinco años los Condominios Constitución trabajaron de maravilla, siempre y cuando se le pagara al equipo de mantenimiento. Pero cuando la responsabilidad cayó en los propios vecinos, el problema comenzó.

Tras años sin un cuerpo como la Asamblea de Propietarios de los Condominios, hoy en día la figura se ha retomado en un grupo de residentes, quienes oscilan entre los 47 y los 10 años de vivir en los departamentos.

Don Héctor Guerra Lozano llegó a los Condominios en 1967, poco después de la nevada que tanto recuerdan los regiomontanos. Hoy forma parte de la Asamblea, la cual buscan revivir.

“Estamos revitalizándola porque por años ha sido tierra de nadie”, expuso el residente.

Ellos están programando una junta abierta para el 12 de julio par de una vez por todas iniciar un verdadero proceso de restauración de los 50 edificios que comprenden el complejo.

“Ahora hay que aprovechar que hay muchos jóvenes que traen el deseo de revitalizar los espacios. Aquí hay muchas historias que contar”, agrega don Héctor.

UNA HISTORIA DE ALEGRÍAS

Desde afuera son múltiples los comentarios negativos sobre los Condominios. Una zona insegura, mucha basura, venden droga o que hay una red de prostitución son sólo algunas de las referencias que se tienen del sector.

Tanto Héctor Guerra Lozano como Amparo Flores Sandoval llegaron a los Condominios en 1967, aunque cada quien por caminos distintos. Lo que sí es que ambos coinciden en que han tenido una vida tranquila.

“Era hermoso vivir aquí. Cuando llegué y me dieron mi departamento me sentía muy feliz, era una chulada”, expresa doña Amparo.

Don Héctor recuerda los comentarios de sus allegados cuando supieron que viviría en la primera unidad de condominios creada en Nuevo León.

“Te decían: ‘¿qué vas a hacer en aquel palomar?’. Era algo raro porque el norestense estamos acostumbrados a los grandes espacios, los grandes patios de las casonas”, comenta.

Doña Amparo tenía una respuesta concreta cada que alguien le insinuaba que su casa era un simple “palomar”.

“Yo les decía que mi casa era mejor porque tengo una vista privilegiada del cerro de La Silla y de toda la ciudad”, comenta.