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Viernes , 20.07.2018 / 08:29 Hoy

Vargas Llosa, el último eslabón del boom latinoamericano

"No me arrepiento para nada de haber formado parte de ese movimiento, del que surgieron buenas novelas”, dijo el escritor peruano 

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Jesús Alejo Santiago

América Latina es la invitada de honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con la que celebra sus 30 años de existencia, y fue Mario Vargas Llosa —definido por Raúl Padilla López, presidente del comité organizador del encuentro, como el escritor vivo más importante en lengua española— a quien le correspondió abrir la puerta y la ventana para propiciar un acercamiento a la creación literaria en nuestro continente, en lo que fue un amplio recorrido que halló su centro en la llamada literatura del boom.

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"Un hecho capital del boom fue el éxito de Cien años de soledad, un éxito que no tenía precedentes y que no lo ha tenido: en toda mi larga existencia nunca había visto un libro que provoque, en todas las lenguas y en todas partes, un entusiasmo parecido.

"Fue un momento de esplendor, de apogeo, de la literatura latinoamericana: de alguna manera, obtuvo un reconocimiento universal a partir de ese libro que nos desagraviaba de todas las versiones caricaturales, muchas veces degradantes, con las que América Latina aparecía cuando los periódicos, las revistas, las críticas de otros países llegaban a interesarse por nosotros." [OBJECT]

Luego de ser presentado por el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince en un auditorio Juan Rulfo que debió abrir sus muros para albergar a los cientos de lectores que se presentaron a escuchar al narrador peruano, habló de las dificultades para poder definir la importancia del movimiento a lo largo de la historia, incluso a quienes formaron parte, en especial el momento en que llegó a su fin.

"El boom ya no existe, en cierta forma soy el último sobreviviente de lo que se llamó el boom. A mí me toca el triste privilegio de tener que apagar la luz y cerrar la puerta, pero no me arrepiento para nada de haber formado parte de ese movimiento, del que surgieron buenas novelas, que hicieron pasar buenos ratos a los lectores, que contribuyeron a unir a ese mundo tan desunido, que lo sigue siendo aunque mucho menos de lo que era hace 30 o 40 años, que es América Latina."

Vargas Llosa reconoció que vivir aquellos años resultó fundamental en su propia existencia, no sólo por el entusiasmo hacia la literatura, sino también por la amistad entre los autores: "el boom nos acercaba, nos unía, nos hacía sentir miembros de una colectividad que, de alguna manera, estaba enriqueciendo su entorno, enriqueciendo a sus países".

"Contribuyendo a civilizarnos, a ir sacándonos de esa barbarie que resultaba tan excelente materia prima para escribir novelas, pero qué tan tristemente funcionaba en la realidad, en nuestras sociedades y en nuestros países."

En una charla en la que se apareció no sólo Gabriel García Márquez, sino también Borges, Cortázar, Donoso, incluso Juan José Arreola y, sobre todo, Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa aceptó que la fraternidad y la cercanía de quienes vivieron todo aquello se fue rompiendo, "como siempre por la malhadada política, pero en el recuerdo de todos quedó siempre lo que fue descubrirse latinoamericanos".

"Descubrir que formábamos parte de una comunidad en la que los denominadores comunes eran mucho más importantes, profundos, que todas las diferencias, que por supuesto existían y aún también grandes entre los países latinoamericanos: la convicción que todos compartíamos es que en esa nueva América Latina, la literatura, la cultura iba a desempeñar un papel principal."


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