El 81 se va, pero volverá…

En ocho años desfilaron por El 81 muchas y variadas propuestas, desde Héctor Infanzón, Enrique Nery, Iraida Noriega, Horacio Franco, Mark Aanderud, Aarón Cruz, Marcos Miranda y Jaime López.
M. Moshtag, Casilda Madrazo y M. Mejía.
M. Moshtag, Casilda Madrazo y M. Mejía. (Edgardo Aguilar )

La bautizaron como La Casa Blanca —antes del escándalo de la familia presidencial— por estar pintada de ese color. Pero ahí no habitaban pichones: era la sede destinada por sus promotores, los hermanos Edgardo y Alberto Aguilar, para proyectos experimentales de música (y en ocasiones teatro). Era un lugar alternativo a lo que se presenta habitualmente en su restaurante El Convite. Luego le cambiaron el nombre a Foro 81 (mismo número de la calle Ajusco, en Portales), mejor conocido como El 81.

Edgardo anuncia por teléfono el final de un ciclo de ocho años de un sitio que, dice, "se abrió ex profeso para escuchar música. En El Convite se programa música, sobre todo jazz, pero la dinámica es totalmente diferente cuando sirves una mesa. De manera natural La Casa Blanca quedó como un teatrito, por lo que no había que decirle tanto a la gente que viniera a escuchar. Servíamos cena, pero la gente empezó a llegar más temprano, cenaba y después escuchaba los proyectos que ahí se presentaban".

En ocho años desfilaron por El 81 muchas y variadas propuestas, desde Héctor Infanzón, Enrique Nery, Iraida Noriega, Horacio Franco, Mark Aanderud, Aarón Cruz, Marcos Miranda y Jaime López, quien tuvo una temporada de un año tocando piano, hasta extranjeros, como el guitarrista Mike Stern, el bajista Lincoln Goines y el guitarrista del grupo Marillion Steve Rothery. "Era un espacio para la experimentación musical, lo que le dio una riqueza total, nos dio la oportunidad de presentar los proyectos tal y como los concebían sus creadores. De hecho ahí se dieron los pininos de lo que sería el Festival Ars Futura, en sus cuatro primeras ediciones".

Electrónica, tango, música del Renacimiento, jazz, tango, rock, música barroca, música iraní tradicional, salsa y otros géneros pasaron por El 81. Termina, explica Aguilar, "porque creo que se cumplió un muy buen ciclo. En este tiempo ya se generó una escena con gente más consciente de que faltan espacios de este tipo y empezaron a replicar por varias partes de la ciudad. Uno de los formatos que está en boga es la casa con música, aunque sigue habiendo una carencia en cuanto a que la gente pague por escuchar música, lo que provoca que los proyectos no sean autosustentables".

Edgardo Aguilar dice que en El 81 "vimos muchos ángulos muy buenos, lo que nos hace pensar que es viable otro 81 en un futuro muy próximo, pero con condiciones que lo vuelvan sustentable y rentable". Esperen, entonces, una versión recargada...