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Viernes , 17.08.2018 / 14:47 Hoy

Urge Caniem a abrir librerías en todo el país

La Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana y la Asociación de Libreros Mexicanos A. C. proponen modificar el régimen fiscal de estos negocios.

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Parecen ser dos ámbitos estrechamente ligados, pero cuentan con regímenes fiscales un tanto diferentes. Por eso, cuando desde la industria editorial se habla de la crisis por la que atraviesa, al registrarse una venta de 137.4 millones de ejemplares durante 2016, un 6.3 por ciento menos respecto al año anterior, al mismo tiempo se apuesta por impulsar el crecimiento en el número de librerías como una de las herramientas más importantes para enfrentar el problema.

Así, la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) y la Asociación de Libreros Mexicanos A. C. (Almac) han lanzado una propuesta para modificar el régimen fiscal de las librerías, “eslabón de comercialización de la cadena de valor del libro y canal natural de exhibición y venta de libros y promoción de la lectura”.

De acuerdo con Carlos Anaya Rosique, presidente de la Caniem, resulta indispensable lograr que el sector de las librerías se beneficie con el mismo régimen fiscal de impuesto al valor agregado de la industria editorial en particular, “es decir, pasar de la categoría de exento a la categoría de tasa cero, que redundaría en beneficios para un mayor impulso y diversidad”.

“Para lo que entendemos como diversidad, es mucho mejor contar con 300 títulos que venden mil ejemplares cada uno, que un título que vende 300 mil ejemplares; también es mucho mejor tener 300 pequeñas librerías dispersas por todo el territorio y que compitan por su diversidad y servicio, que tres grandes en una, dos o tres ciudades que compitan con el descuento y se concentren en los títulos de mayor venta, eliminando al resto”.

En ese sentido, ambos organismos —Caniem y ALMAC— han reconocido que los costos de operación de una librería son muy altos, pues como empresa en régimen de exento, el IVA es considerado como un costo al no lograr su recuperación, con la consiguiente reducción del margen costo-venta, “que impide la reinversión que generaría beneficios como mayor acercamiento al público consumidor de libros, creación de empleos y mejora en los niveles de adquisición de la producción editorial”.

Sin hablar directamente del destinatario de sus palabras, Anaya Rosique explica que hay un mercado ilegal de venta de libros que se ha convertido en una verdadera competencia desleal para los libreros establecidos, en especial por ofertas que “de ninguna forma pudieran hacerse en un negocio lícito, con lo que un cambio en el régimen fiscal redundaría en el fortalecimiento legal del canal”.

Para ello, ya han propuesta a autoridades competentes la adopción de políticas o medidas jurídicas, fiscales y administrativas que contribuyan a fomentar y fortalecer el mercado del libro, la lectura y la actividad editorial en general.

“A las librerías legales, instaladas en el país, les permitiría la adquisición de mayores acervos con lo que, de manera efectiva, podrían cumplir con sus funciones: la promoción de la lectura; el acercamiento de lectores a los bienes culturales, a una oferta variada y desde luego fomentaría la apertura de nuevas empresas libreras a lo largo del territorio nacional”, se lee en el documento que han presentado tanto editores como libreros en busca de una regulación que permita la creación de más librerías en todo el país.

En un registro de la Caniem elaborado en 2014 se enumeraban alrededor de mil 200 puntos de venta de libros, de los cuales un 60 por ciento son consideradas librerías tradicionales.

LA PROBLEMÁTICA

En los Indicadores del Sector Editorial Privado en México, en este caso de 2016, Anaya Rosique, representante de los editores privados, se refirió a la estimación de la venta en el presente año, cuya variación esperan sea de 0.1 por ciento en los libros de interés general, aunque no se espera que eso mismo suceda en 2018.

“Todos queremos que nos regalen los libros: nadie pide que le regalen ladrillos para una biblioteca, pero sí pide los libros gratis. Eso habla mucho. Este año hay una situación de crisis, de devaluación que impacta inmediatamente. Un punto más en la devaluación significa varios puntos menos en la adquisición de libros. Se olvida que es cultura. Estoy muy escéptico en cuanto al crecimiento, sobre todo para el próximo año”.

Y es que en el 2016, la facturación neta representó en una baja de 2.5 por ciento, el tercer año consecutivo en que se observa ese comportamiento; incluso, de la producción total de ejemplares, 277.3 millones, de los cuales el sector privado aportó 137 millones, representó una contracción del 5.2 por ciento con respecto al 2015.

“Tenemos una valoración muy alta de la lectura y hacemos grandes campañas de promoción de la lectura, si a uno le preguntan cuántos libros lee, uno dice que 50. Es difícil que alguien diga que no lee… es de un gran valor simbólico para nosotros, pero no sucede lo mismo con el libro: la lectura tiene un gran valor, pero el libro está absolutamente devaluado, depreciado”, en palabras del presidente de la Caniem.

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