Urbanismo clasista

El modelo de desarrollo urbano de nuestra metrópoli genera niveles de desigualdad intolerables para la población.
La forma urbana, reflejo de la realidad nacional y su inequidad.
La forma urbana, reflejo de la realidad nacional y su inequidad. (Especial)

México

La Ciudad de México es una urbe policéntrica; desde luego, el núcleo principal de la urbe es el Centro Histórico, ya que hasta mediados del siglo XIX lo que ahora es ese lugar solía ser la capital entera. A medida que fue creciendo, las nuevas colonias requirieron de infraestructura y vialidades; esto se hizo lentamente al principio, y se dejaba cierto lugar para la planificación. Pero a partir de los años 50, debido a la explosión demográfica y la migración de personas del campo a la ciudad, el gobierno perdió el control del fenómeno de crecimiento. Los pueblos aledaños fueron materialmente absorbidos por la mancha urbana y sus centros se convirtieron en los núcleos de los nuevos barrios. Esto sucedió primero en Tacubaya y Mixcoac, para extenderse más adelante hacia el sur a Coyoacán, Tlalpan y demás localidades conurbadas en todas las direcciones.

El modelo de desarrollo urbano de nuestra metrópoli genera niveles de desigualdad intolerables para la población. Las inversiones en infraestructura, vialidades y equipamiento urbano se hacen principalmente en los núcleos tradicionales o en nuevos centros de desarrollo; se sigue siempre el criterio de fortalecer la economía local mediante la creación de polos de crecimiento que favorecen los negocios inmobiliarios y comerciales lucrativos, de los que se benefician principalmente las empresas privadas.

De este modo vemos cómo el gobierno invierte en zonas históricas para fomentar el turismo, o bien las empresas promotoras crean nuevos conjuntos habitacionales, comerciales y para oficinas de gran lujo y con la mejor calidad en sus servicios, mientras que la vivienda popular que está afuera mantiene sus condiciones precarias.

Basta con observar los contrastes con los que nos encontramos si recorremos la ciudad desde el Zócalo hasta su límite oriente. Primero veremos los edificios históricos y las calles recién renovadas, después comenzaremos a ver barrios comerciales menos aseados y ordenados, y al cruzar la avenida Circunvalación el paisaje cambia notablemente. Si seguimos hacia el este, al pasar más allá del aeropuerto veremos que la degradación urbana irá en crecimiento hasta llegar al límite del Circuito Exterior Mexiquense, donde las construcciones son de calidad realmente muy baja.

La forma urbana de la capital del país y su modelo de desarrollo no es más que un reflejo de nuestra realidad nacional, la cual está determinada por la inequidad en la distribución de la riqueza y, por lo tanto, la deficiente calidad de vida de la gran mayoría de sus habitantes.