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Sábado , 23.06.2018 / 06:02 Hoy

Una niña y un gato negro

Hombre de celuloide.

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Fernando Zamora

Lo primero que llama la atención en Incompresa de Asia Argento es que uno no sabe si en efecto su familia (con el maestro del cine Dario Argento a la cabeza) fue tan malévola o, más bien, nos hemos metido en la mente de una directora que en el fondo exagera por aquello del dramatismo.

Si la directora estuviese difamando a su padre, sería justa la acusación que se le ha hecho. Incompresa sería, como han dicho algunos medios italianos, un filme sucio y narcisista. Yo más bien creo que todo mundo tiene derecho a contar su propia versión de la historia familiar. Además, la única relación histórica que podemos establecer entre la directora y su protagonista infantil es que ambas se llaman igual. En efecto, cuando Dario Argento llevó a su hija al registro civil, el burócrata en turno le dijo que Asia no era un nombre. Le pusieron Aria. Y Aria se llama esta protagonista de pelos rubios y ásperos que a veces juega a ser poeta y dice: ”hay muchas formas de llorar, pero yo he escogido la más miserable”.

Si Incompresa resulta infame porque muestra en forma velada a un despreciable Dario Argento es algo que corresponde decidir al público, no a mí. A mí lo que me corresponde es enfrentar los indudables valores estéticos de esta película con su contexto y, en el camino, con obras semejantes. En este sentido Incompresa recuerda Léolo de Jean–Claude Lauzon. Tanto en Léolo como en Incompresa el público se enfrenta con una familia de pesadilla. Tanto, que no es posible definir con certeza los límites entre la autobiografía y la farsa.

Aun así, para apreciar los textos hay que creerles. Los textos son entes que hablan por sí mismos y no por boca de su creador. Las películas son textos que hay que escuchar. Y lo que dice Incompresa, independientemente del chisme de que la directora y la protagonista se llaman igual, vale la pena de ser escuchado. ¿Acaso la hija del afamado Dario Argento no tiene el derecho de ofrecer un retrato cruel de la infancia? Ingmar Bergman no tuvo empacho en retratar a su padre en forma cruel en Fanny y Alexander. No todo mundo recuerda la infancia con la nostalgia de Fellini en Amarcord.

En fin, que si uno mira Incompresa libre de chismes, se encontrará con un mundo infantil tan lleno de crueldad como de belleza. Puede que sea trabajoso meterse en los zapatos de esta niña que vaga de la casa de la madre a la casa del padre llevando en una jaula a su gato negro, pero el trabajo vale la pena. Después de todo, el fruto de escuchar la historia de esta infancia triste consiste en saborear en la hiel una gotita de miel.

Si Incompresa contiene elementos autobiográficos es irrelevante. Lo que importa en la ficción de Asia Argento es que está llena de un erotismo naciente, de sueños vívidos y de esa gracilidad mediterránea que suelen tener los filmes italianos. Incompresa es una fantasía visual que recuerda la imaginación volátil de los últimos años de la infancia. Esos en que uno no sabe si llorar por el niño que muere o sonreír por todo lo que está por venir.

Incomprendida (Incompresa). Dirección: Asia Argento. Con Giulia Salerno, Charlotte Gainsbourg, Gabriel Garko y Gianmarco Tognazzi. Italia, 2014.

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