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Lunes , 18.06.2018 / 00:29 Hoy

Una niña doblemente explotada

Hombre de celuloide




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Fernando Zamora

Las elegidas, de David Pablos, es una mala película porque está mal escrita, mal actuada y mal dirigida. La fotografía es buena, pero no basta. Alguien tiene que decirles a estos directores oportunistas que hacer cine inspirados en realidades importantes no hace de sus películas algo importante. Que la violencia de género merezca nuestra atención no vuelve buena a una película mala. Al contrario, la vuelve oportunista. Los autores no tuvieron el cuidado de pensar lo que sucede. Usaron el hecho no para llamar la atención sobre las niñas, sino sobre ellos mismos. Esto es oportunismo.

Actuar a una niña secuestrada y al tipo que la seduce implica un trabajo muy serio. En Las elegidas, Pablos se limita a hacer que sus actores repitan diálogos banales. Cree que los silencios entre pregunta y respuesta ofrecen solemnidad, pero lo único que hacen es alargar una anécdota para tener la duración que pide el Festival de Cannes. El otro sueño americano, por ejemplo, es un corto de Enrique Arroyo igualmente malo, oportunista y frívolo con el mismo tema, pero dura diez minutos. Al menos Arroyo se dio cuenta de que no es lo mismo una anécdota que una historia.

En efecto, Las elegidas consiguió la selección en Un Certain Regard. Suficiente para poner en el póster la palabra mágica: “Cannes”. En la Riviera francesa, los autores habrán brindado con champagne pensando que concientizan a México y Francia. Lo que hacen es insertar la historia de estas niñas en un círculo colonial. El morbo amarillista se vende bien en Cannes. Los oportunistas vendían antes calcas del indio Tizoc. Hoy venden niñas violadas que permiten a los organizadores del festival sentirse civilizados y no ver que sus sociedades son todavía más decadentes. Pero veamos la más superflua de las moralinas. Una chica entrega trémula su cuerpo virgen al chacal de mala entraña. Corte: “vendo placer”. Sin un por qué narrativamente sustentado (que el actor diga con tonito sonso “los policías están con nosotros” no justifica nada), la chica ya se ha vuelto prostituta. Los malos pueden corretear a una chamaquita, meterla a golpes en el coche y volverla prostituta porque se acostó con un morenazo. ¿Por qué no lo hacen con cualquier otra niña? Lo único que diferencia el secuestro de “las elegidas” es que han cometido “el pecado” de amar a un gañán. La cosa es clara, en la moral de David Pablos tener relaciones sexuales antes de la edad reglamentaria te convierte en prostituta. Más adelante se confirma la intuición: otra niña angelical está a punto de salvarse porque tiene la virtud de no dar al gandul su número de teléfono. Uno, ya metido en la moral de Pablos, piensa: “se salvará”, pero no. La chica casquivana vuelve y ofrece al muchacho el número de la desgracia. El resultado es como una suma: has dado el teléfono a un galán: te acostarás con él, te enamorará, te secuestrará y te volverá una prostituta. No es necesario ser un genio para darse cuenta de que la realidad es más compleja y medrar con los dolores de las niñas secuestradas no es arte, no es denuncia, es eso: medrar.

Las elegidas. Dirección: David Pablos. Guión: David Pablos. Fotografía: Carolina Costa. Con Nancy Talamantes, Óscar Torres y Leidi Gutiérrez. México, Francia, 2015.

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