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Lunes , 12.11.2018 / 19:37 Hoy

Una muestra en NY presenta un tesoro judío-mexicano

Tras ser hallados en una subasta, tres ejemplares robados en 1932 del país son los únicos testigos del criptojudaísmo en esta región

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Este otoño, la New York Historical Society presenta la exposición Los primeros judíos americanos: libertad y cultura en el Nuevo Mundo. A través de 170 piezas, retratos poco conocidos, libros, dibujos, mapas, documentos y objetos rituales, esta muestra busca iluminar la ruta seguida por los colonos judíos hacia el Nuevo Mundo, así como el impacto de su presencia.

LA MUESTRA

La exposición relata cómo los judíos expulsados de Inglaterra, Francia, España y Portugal huyeron al Nuevo Mundo y establecieron comunidades prósperas en Sudamérica, el Caribe y Estados Unidos. Se resalta a artistas, escritores, políticos, activistas y demás personajes afines a esta creencia, que se destacaron en el Nuevo Mundo. Algunos personajes, como el epidemiólogo Solomon Nunez Carvalho, el influyente periodista Mordecai Manuel Noah, el cirujano y científico Jacob de la Motta y el pianista Louis Moreau Gottschalk, no son hoy tan conocidos. Otros, como el pintor impresionista Camille Pissarro y Lorenzo da Ponte, el libretista de Mozart, son muy famosos, pero aun así son pocas veces identificados por su conexión al judaísmo.

La exhibición también muestra la influencia de esa religión en la población no judía. Un ejemplo ilustre es el caso del primer secretario de Hacienda de Estados Unidos, Alexander Hamilton, quien nació en Charlestown, capital de la isla antillana de Nevis, una ciudad donde hubo una población judía considerable. Su padrastro pertenenció a ella y Hamilton se educó en una escuela donde aprendió hebreo y memorizó los 10 mandamientos. En Estados Unidos, Hamilton mantuvo relaciones estrechas con judíos y su defensa de la inmigración incluyó la exigencia de tolerancia para esa comunidad.

Mediante los objetos y las historias que vivieron los judíos en Jamaica, Barbados, Curazao, Surinam, Recife y Estados Unidos, la exposición resalta sus contribuciones en el ámbito sociopolítico, en el avance científico, en la innovación de las artes e incluso en la modernización de la práctica del judaísmo. En contraste, inquieta la falta de material iberoamericano, en especial por la inclusión excepcional de tres pequeños libros novohispanos. Y es que dado que Nueva España fue una colonia de enorme importancia y que hay una larga y asombrosa historia del judaísmo extendida por nuestro país, presentar solamente tres ejemplares es limitado por no decir poco.

LA INQUISICIÓN

La presencia del judaísmo en México se inició con la Conquista. Se sabe que durante la colonia hubo asentamientos de criptojudíos por todo el país, en la capital novohispana y en los territorios de los hoy estados de Nuevo León, Michoacán, Querétaro, Oaxaca, Zacatecas, San Luis Potosí, Guerrero, Jalisco, Hidalgo, Tamaulipas y Veracruz. Hubo judíos conversos, españoles y portugueses, muchos de ellos criptojudíos (adheridos confidencialmente a esa fe aunque declararan públicamente profesar otra religión), que participaron en la Conquista y en la colonización de Iberoamérica y sobresalieron al igual que sus descendientes. Entre ellos se puede mencionar a personajes importantes para la historia de México como Gonzalo de Morales y Hernando Alonso, compañeros de viaje de Hernán Cortés; a Luis de Carvajal y de la Cueva, conquistador y gobernador del Nuevo Reino de León; Diego de Montemayor, alcalde de Saltillo y también gobernador del Nuevo Reino de León; a los mercaderes Simón Báez Sevilla y Tomás Treviño Sobremontes, así como el poeta Juan Bautista Corvera. Algunos, como Francisco López Enríquez, acusados por la Inquisición de prácticas judaizantes, fueron indultados porque sus empresas comerciales beneficiaban a la Corona. Sin embargo, la prohibición del judaísmo en la región impidió que comunidades criptojudías florecieran o que lo hicieran abiertamente.

La invisibilidad de los criptojudíos en México ha dado pie a muchas conjeturas sobre ese origen de personajes ilustres de la historia de México, como Sor Juana o Miguel Hidalgo, y sobre las costumbres judeocristianas. Probarlas es complicado dados los peligros a los que estuvieron expuestos: confiscación de bienes, estigmatización con sambenitos, tortura y la muerte. El hecho es que las huellas conocidas de ese ideario novohispano se limitan casi exclusivamente a los documentos inquisitoriales obtenidos bajo tortura. Es rarísimo, extraordinario, encontrar información que provenga directamente de la voz de uno de ellos.

EL HALLAZGO

Los tres libros novohispanos de la exposición son una antítesis a la historia de la libertad de culto de los judíos a los que se refiere la muestra. Un dato que los curadores no señalan. Tal vez porque la inclusión de los textos fue apresurada o tardía.

La anécdota detrás de la inclusión es fascinante. La gran mayoría de las obras de la muestra pertenecen al acervo de objetos judíos de la Universidad de Princeton, y fueron donadas por Leonard Milberg, importante coleccionista de estos objetos del Nuevo Continente. Hace seis meses, cuando la muestra ya estaba lista, la casa de subastas Swann puso a la venta los libros de Nueva España. Milberg supo de la venta. Dándose cuenta de la importancia y de la procedencia incierta de los documentos, consultó a varios expertos. Muy pronto, fue irrebatible que no se trataba de reproducciones, como había anunciado la casa de subastas, sino de manuscritos originales hurtados.

Resulta que durante más de 300 años estuvieron ocultos en los archivos de la Inquisición de México. Luego, pasaron a ser parte del Archivo General de la Nación. En 1932 el gobierno mexicano se percató de su desaparición. Un académico estadunidense fue acusado de haberlos robado. Pero no hubo pruebas contundentes del hecho. No se sabe quién lo hizo. Se sospecha que pudo ser uno de los archivistas. Tampoco se sabe cuál fue la intención del ladrón: razones personales, tal vez; algún familiar de Carvajal, algún individuo fascinado por su historia o quizá alguien que quiso sacarles dinero.

El hecho es que Milberg alertó del hallazgo a Carlos Gerardo Izzo Rivera, cónsul de prensa e información de México en Nueva York. Èl informó al cónsul Diego Gómez Pickering, quien de inmediato contactó al secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa. El gobierno mexicano y el FBI se involucraron en la investigación, lo que llevó a la cancelación de la subasta de los volúmenes. Milberg hizo una petición, solicitó al gobierno que antes de partir a México, los libros fueran mostrados públicamente. Así es como llegaron a formar parte de la exposición.

EL CONTENIDO

Y es que ¿cómo poder excluirlos? Estaban en Nueva York y son, nada más y nada menos, manuscritos que pertenecieron a Luis de Carvajal El Mozo, sobrino, homónimo y heredero designado del primer gobernador del Nuevo Reino de León, el mayor tramo de tierra otorgado a cualquier persona por España. Resulta que, a diferencia de su tío, El Mozo acogió su judaísmo, lo practicó con fervor e incluso fue proselitista. Por estas razones, en 1590 fue aprehendido por la Inquisición. Al declararse arrepentido, fue perdonado de sufrir la muerte y condenado a estar recluido en un convento de Tlatelolco, donde por ser un hombre instruido fue designado a trabajar como escribano del administrador.

La historiadora mexicana Ana Portnoy me relató que este puesto le permitió tener acceso a la biblioteca del convento y, seguramente, durante este tiempo a solas, consultó libros prohibidos que tal vez copió o memorizó. Especificó que cuando en 1595 Luis fue detenido por segunda ocasión, acusado de relapso, llevaba manuscritos escondidos bajo su sombrero. Estos sirvieron como evidencia a la Inquisición para condenarlo a muerte, y esos manuscritos son precisamente los que ahora fueron recuperados. Los libros son diminutos. Caben en una mano, sin duda para poder ocultarlos fácilmente. Escritos en español, los volúmenes son un Libro de salmos, Los trece principios de la fé (de Moisés Maimónides) y una autobiografía escrita entre el primer y segundo arresto de Carvajal El mozo.

La autobiografía se inicia con su nacimiento en España. Salta luego a su juventud, cuando su padre lo mandó a México. Relata las travesías que hizo con su tío enfrentándose a los chichimecas. Pero la mayoría del texto se refiere a su adopción de los ritos judíos. Su circuncisión atrasada. Su estudio de textos religiosos obtenidos a través de otros inmigrantes criptojudíos y, más tarde, a espaldas de los monjes del convento. Continúa con el encarcelamiento de su familia, su preparación para huir a Europa y su segundo arresto. Así, el manuscrito ofrece una visión de su época extremadamente detallada, en particular de la experiencia criptojudía. Es una interpretación espiritual de un hombre muy religioso.

El profesor sudafricano Adam Mendelsohn, quien fue consultado sobre la autenticidad de los libros novohispanos, me explicó que el texto describe las experiencias y el mundo en el que vive el autor, interpretando los sucesos mediante modelos bíblicos. El Mozo se ve a sí mismo como elegido, y lo que acontece a su alrededor son para él señales providenciales de un plan divino. Incluso se nombra José Lumbroso (José, el soñador y visionario de la Torá; Lumbroso, es decir, iluminado). Mendelsohn agregó que las memorias son, sin lugar a duda, un texto de gran importancia y que, en cuanto a la presencia judía temprana en las colonias, son extremadamente raras, excepcionales. Tal vez el único manuscrito de la época que hace referencia a vivir como judío en el Nuevo Mundo. Mendelsohn destaca: “Un recuento personal tan minucioso es insólito. Sin tomar incluso en cuenta que estas memorias fueron escritas por un criptojudío, una autobiografía de este tipo durante esa época era muy inusual”.

Los libros de José Lumbroso son una de las mejores fuentes para conocer el criptojudaísmo de la Nueva España de mitades del siglo XVI. Desde hace 84 años los estudiosos del tema no han tenido acceso a estos documentos originales. Estas fuentes primarias y herramientas actuales de exploración permitirán aclarar dudas y presentar nuevas enigmas sobre las creencias y costumbres religiosas de José Lumbroso que enriquecerán la historia de México y del judaísmo.

Los libros vuelven a México a finales de febrero y se planea exponerlos públicamente. Ojalá se incluyan en una muestra sobre la historia criptojudía en México. Y para acompañarla, que se vuelva a escenificar Herejía, obra teatral que ha viajado por el planeta desde los años 80, de mi muy querida hermana Sabina Berman.

Credito fotos:
Luis de Carvajal El Mozo (aproximadamente 1567-1596)
Memorias (manuscritos autobiográficos), ca. 1595, con manuscritos devocionales
Hojas de manuscrito, 3 volúmenes, cada uno cosido en envoltorios llanos
Cortesía del Gobierno de México.

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