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Martes , 19.06.2018 / 20:10 Hoy

Una mirada macabra al lado oscuro de la humanidad

Escrita por la dramaturga española Angélica Liddell y dirigida por Claudia Wega, la obra 'Once Upon a time in West Asphixia o Hijos mirando al infierno' se presentaen agosto y septiembre.

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Verónica Díaz

Once Upon a time in West Asphixia o Hijos mirando al infierno es una obra original de la dramaturga española Angélica Liddell, considerada una de las autoras con más carga transgresora y contestataria de la actualidad y reconocida internacionalmente.

La autora escribió en un periódico español, por ejemplo: “El alma humana sólo puede explicarse desde lo inmoral, para comprender al hombre es necesario condenarse, quebrar la ley, esa es la base de la transgresión, la transgresión en el sentido trágico, la transgresión de la ley del Estado hegeliano, aquello que tiene que ver con el sacrificio poético, con lo incompresible y el misterio. Mediante la transgresión se rebela, según Bataille, la oscura actividad que se esconde en toda vida humana. Esto no tiene que ver con lo justo y lo injusto, ni con lo político, sino con la naturaleza de los hombres”.

Es, precisamente, ese tipo de transgresión la que le importa a la dramaturga y que queda evidente en su obra de teatro Once upone a time in West Asphixia que es dirigida por Claudia Wega y presentada por Caja de Pandora Teatro, a las 20:30 horas los miércoles de agosto en Traspatio Escénico (Saltillo 134, colonia Hipódromo Condesa) y los martes de septiembre en La Capilla Teatro (Madrid 13, Coyoacán, Del Carmen).

Dice la directora del montaje que “el fragmento del texto que es utilizado como leivmotiv de la obra es: la enfermedad es necesaria para alcanzar la lucidez”, pues está segura de que para poder evolucionar es fundamental conocer la oscuridad que habita en nuestro interior.

La obra transcurre en un lugar llamado West Asphixia que podría ser cualquier lugar, en el cual las niñas Natacha y Rebeca quedan extraordinariamente fascinadas por un terrible crimen: Simón Alopardi, un compañero del colegio, ha asesinado a sus propios padres y se suicidó después. Las niñas mitifican al muchacho que se convierte de inmediato en un patrón a seguir.

A partir de ese suceso, el comportamiento de las niñas comienza a modificarse inclinándose hacia lo macabro y lo perverso, y arrastrando en su delirio a cuantos adultos se cruzan en su camino. Al fin, y tras un proceso de metamorfosis mediante el cual Natacha y Rebeca unifican su imagen hasta hacerse pasar por gemelas, deciden convertirse en profetas y planean asesinar.

Tanto la iluminación como el vestuario pretenden crear un puente entre la realidad y la fantasía para así poder jugar con la dicotomía a la que alude el texto y crear una distorsión de la realidad fuera de la lógica adulta para llegar al estado a locura que define a la obra. La combinación de diferentes lenguajes artísticos fue fundamental para el proceso creativo, las características del texto permitieron jugar con diferentes disciplinas para amalgamar un todo que tuviera un sentido, una coherencia homogénea.

La aparición en el texto de personajes que narran la historia de consecuencias que van teniendo interacción con la niñas es abordada en la creación que de un documental que se va proyectando en una pantalla conforme avanza el proceso de transformación de las protagonistas a lo largo de la obra, lejano al dictado por la sociedad y por los adultos.

La pieza cuenta con las actuaciones de Dalia Balp Straffon, Fernanda Vallejo Córboda y Luciana Ruiz.

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