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Una inmersión en la violencia racial

Jamás, nadie recrea los días en que se perpetró la matanza contra la comunidad china en el norte de México, en plena lucha revolucionaria.

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La más reciente novela de Beatriz Rivas (autora de La hora sin diosas, Todas mis vidas posibles y Dios se fue de viaje, entre otras) aborda uno de los más cruentos hechos sucedidos en este territorio: la matanza de miembros de la comunidad china que tuvo lugar en el norte de México hacia 1911, en pleno proceso revolucionario. Para la escritora, dar cuenta de aquellos días sangrientos representó una confrontación con el México del que menos hablamos.

Jamás, nadie es una historia desoladora. ¿Cómo decidiste afrontarla?

Es tan doloroso lo que retrato que me vi en la necesidad de crear un personaje para matizar un poco. Mi primera idea era crear solo una narración por parte de She Yan (el protagonista de la historia, un inmigrante chino que llega a México a los 15 años) y cuando comencé a escribirla me di cuenta de que el relato iba a ser demasiado crudo. Por eso inventé a Mía, la hija mexicana de aquel hombre.

Es curioso que la redención llegue a tu historia a través de un personaje ficticio. [OBJECT]

La historia de la comunidad china en México ha sido trágica. En Torreón sobrevivieron unos pocos, y en Mexicali y Cananea los chinos fueron masacrados. Sin embargo, estamos hablando de una comunidad dotada de enorme fortaleza.

¿Qué tanto juega en tu historia el concepto del miedo?

En el fondo, los seres humanos le tenemos miedo al otro. Imagina el momento en el que un grupo de negros vieron por primera vez a un blanco y viceversa. La primera reacción es el miedo, parte de la esencia humana. Nos la hemos pasado persiguiendo al otro, al distinto.

¿Este país asume su responsabilidad en estos temas?

No. Es muy raro que aceptemos el racismo que ejercemos. Cuando me enteré de lo que sucedió en Torreón en 1911 me impresioné pues se trataba de una historia de la que no sabía nada y que me dio una excusa para hablar acerca de un tema que traía en la cabeza desde hacía tiempo.

Más allá del contexto nacional, ¿cómo encaja tu historia en este momento del mundo?

Recuerdo que la noche en que ganó Trump yo estaba pensando que era el mejor momento para lanzar la novela. Naturalmente, no pude sacarla porque terminas las novelas cuando las terminas y el hecho es que la vigencia de una historia como la que cuento continúa pues el mundo está pasando por ahí. Trump legitima el desprecio por otras razas.

¿Qué voz legitimó el odio?

La voz del gobierno mismo. Es tristísimo pues fuimos nosotros quienes les abrimos las puertas a los chinos y se emitieron leyes terribles contra ellos. Aquello se veía venir, era algo que estaba en el ambiente. Había carteles colgados en las calles que mostraban las enfermedades que supuestamente los chinos podían transmitir. Existió una campaña nacional, orquestada desde las grandes esferas, en contra de la comunidad china. El odio se institucionalizó.

¿Cómo documentaste la novela?

Recorrí Mexicali y Torreón. Viajé a China y visité el pueblito de She Yan, que caminé con una guía experta en las costumbres del lugar. Tomé fotos, pregunté por recetas de cocina. En una visita pude empaparme y resolver la parte china de la novela, que es la que más me preocupaba.

Me has contado que tuviste 25 páginas de esta novela listas por mucho tiempo. Una vez que completaste los viajes que necesitabas para comenzar a trabajar, ¿cómo fue retomarlas?

Fue una delicia, como tener una tela y darle esas puntadas que pueden hacerla más bella. Mis datos duros, la investigación histórica, eran partes que ya tenía, pero me faltaba el ambiente. Lo curioso es que cuando releí esas 25 páginas me di cuenta que tenía que partirlas, pues hasta ese momento trataban solo la historia de She Yan y de la masacre. Me pareció que era demasiado y fue entonces que incorporé la historia de Mía para suavizar un poco lo que estaba narrando.

Con lo cual volvemos a eso que ya platicábamos respecto a lo duro que es el que sea un personaje ficticio el que traiga consigo la redención a la novela.

No sé si sea porque me parece que si te dan las cosas de una manera tan dura y tan cruel no las digieres e incluso puedan producirte rechazo. Cuando leo no quiero quedarme con un final hollywoodense, pero siento que esta novela debía endulzarse así fuera un poco. Quería un poco de esperanza.


RSE

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