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Martes , 23.10.2018 / 20:26 Hoy

Una computadora revela el 'alma' de tu novela favorita

Un experimento reciente sugiere que existen sólo seis tipos de estructuras básicas que conforman a todas las ficciones.

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Durante siglos, los escritores y estudiosos de la literatura han intentado descifrar la forma de la ficción. Convecidos de que las historias que leemos tienen una especie de alma —en términos más teóricos, una estructura que define su comportamiento— quienes han asumido el desafío de desentrañar el enigma de la ficción han propuesto distintas maneras de aproximarse.

Ya en los tiempos clásicos, Aristóteles había planteado un acercamiento al tema. No obstante el escritor estadunidense Kurt Vonnegut fue pionero en la representación aritmética de los patrones a los que obedece la ficción.

En una conferencia fechada en 1995, Vonnegut explicó su teoría sobre la forma de las historias. Propuso que la ficción puede ser simplificada y representada a través de gráficas. Según él, la ficción tiene líneas narrativas vinculadas con las emociones; esas líneas pueden tener diferentes formas y algunas formas suelen tener más éxito que otras entre los lectores —este principio también puede aplicarse al cine—. Estos modelos narrativos han surgido a partir de un análisis empírico de las historias, y hasta la fecha no existe un consenso de cuántos modelos básicos existen. Hay quien afirma que todo se reduce a tres estructuras, pero otros teóricos han llegado a contar hasta 30 diferentes.

Recientemente, el investigador Andrew Reagan, del Computational Story Lab en la Universidad de Vermont en Nueva Jersey, y un grupo de investigadores diseñaron un sistema de análisis emocional, conocido como Hedonómetro, que aplicaron a cerca de 1,700 historias para encontrar qué tienen en común.

Los investigadores basan su trabajo en la idea de que las palabras tienen connotaciones positivas o negativas y, en consecuencia, un impacto emocional en los lectores. De modo que el tipo de palabras que contiene un texto puede sugerir su estado anímico.

Para consolidar su proyecto, Andrew y su equipo analizaron textos que han sido descargados más de 150 veces de la página del Proyecto Gutenberg —una biblioteca digital que permite descargar textos de manera gratuita—.

Los resultados del experimento revelan que existen sólo seis tipos diferentes de narrativas, lo que significa que, según esa teoría, todos los libros escritos en la historia pueden ajustarse a esos modelos. A su vez, cada estructura puede combinarse con otras para formar narrativas más complejas.

La estructura de los relatos se pueden resumir en subidas —cuando el relato se torna más optimista— o caídas —cuando son más tristes—.

Los seis tipos de arcos narrativos son:

  1. Un inicio estable y una subida constante hasta la felicidad plena
  2. El caso contrario, una caída constante hasta la tragedia
  3. Una caída y luego una subida.
  4. Una subida y luego una caída.
  5. Una subida, una caída y luego otra subida.
  6. El caso contrario, una caída, una subida y otra caída.

Naturalmente, la literatura es mucho más compleja que un algoritmo que mide su contenido feliz o triste. Sin embargo, este estudio ofrece un parámetro interesante para analizar obras tan clásicas como Drácula, de Bram Stocker, o la colección completa de Harry Potter, cuya gráfica muestra un subeibaja constante.

El trabajo de Reagan y su equipo es un antecedente interesante para descifrar la forma de la literatura anglosajona. Sería interesante observar cómo cambian estas estructuras en función del país o la lengua que se analice.

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