Eduardo y Sandra tienen diferentes historias, pero están unidos por dos circunstancias: ambos estuvieron recluidos, el primero en el Centro Preventivo y de Reinserción Social de Guanajuato, y la segunda en el Centro Femenil de Reinserción Social de Santa Martha, en la Ciudad de México.
La segunda, es que ambos han formado parte del proyecto Un grito en libertad, encabezado por Arturo Morell, que tuvo tres presentaciones como parte del Festival Internacional Cervantino, una de ellas dirigida a integrantes del Poder Judicial de la entidad, bajo el entendido de que "la cultura es una manera de conocer de otra manera a los seres humanos".
Las actividades del proyecto se iniciaron de manera constante en 2004, en la cárcel de Atlacholoaya, en Morelos, y en 2007 entró al Reclusorio Oriente, donde incluso ahora se desarrolla un taller de teatro permanente, todos los lunes.
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"Hemos montado el proyecto entre casi 300 internos de Oriente e internas de Santa Martha Acatitla, para lo que nos llevan a 30 chicas. Estamos de manera permanente con Un grito de libertad versión Quijote y ya estamos a punto de estrenar una versión libre de 'José el soñador', que se llama 'Soy también José'", explica Arturo Morell.
A través de la Fundación Voz de Libertad, que preside el mismo dramaturgo desde hace 15 años, se trabajan también con menores adolescentes, tanto en reclusión como fuera: "Chavos unidos contra la violencia", con el que se busca combatir la violencia doméstica. Uno de los proyectos que, como organismo, tienen es establecer un taller permanente con las casi 100 personas que trabajaron la puesta en el contexto del Cervantino, a fin de darle un seguimiento a los participantes.
"Les enseñamos todo lo relacionado con la producción teatral, incluso a montar un escenario, además de la actuación, canto y baile, pero en la fundación nos dedicamos a analizar problemas sociales y a diseñar estrategias culturales para contribuir en su resolución, por lo que trabajamos mucho prevención del delito, reinserción social, equidad de género o violencia doméstica".
A lo largo de 10 montajes han participado alrededor de dos mil personas privadas de la libertad, de quienes con sus datos para saber qué está haciendo y apoyarles de alguna manera, en caso de ser necesario, si bien la idea es lograr el apoyo para crear una compañía con quienes han sido parte de "Un grito de libertad".
"A través de la cultura hemos ratificado que siempre hay posibilidades de cambio cuando el ser humano así lo desea, independientemente de su culpabilidad o de su inocencia, eso no nos corresponde juzgar dentro de la fundación", en palabras de Arturo Morell.
FM