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Jueves , 20.09.2018 / 23:43 Hoy

Un pez busca el tiempo perdido

Hombre de celuloide

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El guión de Buscando a Nemo es un clásico. La historia es redonda por donde se le vea. Justo por eso parecía tan riesgosa una secuela. Buscando a Dory sorprende antes que nada porque es divertida sin ser traidora a la película original. No sucede, sin embargo, como con Toy Story 3, que incluso mejora a sus antecesoras. Buscando a Nemo sigue siendo superior a esta secuela, pero la historia del pequeño pez azul que sufre de amnesia a corto plazo es cine que cautiva porque vuelve a trascender la definición de lo que es “cine para niños” y se mueve hacia el terreno del arte audiovisual.

Buscando a Nemo era encantadora por una razón aparentemente discordante: todos sus personajes están enfermos. Pero los estudios Pixar consiguieron con esta película la mejor publicidad en favor de un mundo incluyente. Nemo con su aleta corta, la familia formada por un padre y un niño, el tiburón que se niega a ser asesino y funda una suerte de Carniceros Anónimos y el pez cicatrizado que no cede en su deseo de escapar de una pecera demasiado pequeña para su pasado, son solo algunos de los personajes más extravagantes de esta historia de Andrew Stanton quien no debería sorprendernos mucho con Buscando a Dory. Después de todo, es el genio detrás de Toy Story 3 y de Buscando a Nemo y aunque ésta es quizá la más floja de sus obras también es cierto que no ha permitido que caiga el nivel de sus series como lo han hecho los creadores de La era del hielo.

El secreto de Stanton está en que sus guiones se basan en un trayecto heroico. Sus personajes siguen el camino de la perfección interior y exterior. Stanton es autor de modernas aventuras caballerescas y aquí sigue el mismo diseño para hacer crecer al más disfuncional de sus personajes. El más triste también, pero Andrew Stanton sabe imprimir en sus guiones un tono agridulce sin llegar al drama francamente sádico de películas como Dumbo o Bambi. Al contrario, Buscando a Dory tiene una alegría melancólica porque a nuestra heroína solo la salva su buena voluntad. Es gracias a ella que un personaje con semejante enfermedad puede convencer al temeroso padre de Nemo de que puede ser de ayuda para cruzar el océano.

Trece años han pasado desde Buscando a Nemo. En la obra de Stanton, sin embargo, solo ha transcurrido un año. Probablemente a Dory le ha hecho bien sentirse aceptada porque comienza a convalecer. Un día tiene una iluminación. Evoca su infancia con la aprehensión de quien trata de recordar un sueño que es doloroso pero importante. Y lo dicho: solo gracias al guión de Stanton la historia de este pez que trata de recordar algo que se le va de las manos es que una historia como ésta puede ser hilarante. Y mucho. En una escena, Dory se abisma mirando la inmensidad. El océano es metáfora de su mente perdida, una psique que busca encontrarse a sí misma. Andrew Stanton es uno de los mejores guionistas del cine de animación y, aunque ésta no es su mejor película, sin duda vale la pena verla.

Buscando a Dory (Finding Dory). Dirección: Andrew Stanton, Angus MacLane. Guión: Andrew Stanton, Victoria Strouse, Bob Peterson. Con las voces en español de Patricia Palestino, Herman López, Darhey Fernández, Gabriel Pingarrón. Estados Unidos, 2016.

*acen

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