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Un lugar más habitable

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Aléjate de la pólvora y acércate al tintero, le habría dicho al joven Poe su profesor de Historia Natural. “Tienes talento, Edgar, y un corazón para las cosas sombrías”. Vaticinio que se materializaría en el tiempo a niveles insospechados, del tamaño que a la fecha se le otorga al patriarca de las literaturas fantástica y policiaca, luego de un caminar por la vida no exento de los más rudos tropiezos.

“Me gustaría atestiguar en qué clase de escritor te vas a convertir”, añade el catedrático Emmet. El joven Edgar mira entonces al techo, y observa un dibujo al carbón de Byron. “En uno que jamás será olvidado”, resuelve apresurado. “Parrandea menos y escribe más”, se le contesta.

Diálogo del conjunto que conforma la nueva novela del jalisciense Bernardo Esquinca (1972), Las increíbles aventuras del asombroso Edgar Allan Poe, que si bien es un trabajo de ficción, recoge de manera imaginativa parajes fundamentales en la vida del célebre escritor.

Esquinca muestra al lector las peripecias de un Poe en formación, como estudiante en la universidad de Charlottesville, famosa por su disipada vida en sus primeros años, y como reporter en busca de aclarar la desaparición de Cordelia, presunta hija de P. T. Barnum, empresario que instauró el llamado show de lo increíble.

Convencido de que el éxito no necesariamente se acompaña de la felicidad, Poe no dudará en anteponer sus principios de vida a cada una de las experiencias que la misma le pone por delante. Como tampoco olvidará los hasta entonces influjos fundamentales de su postrer canon literario. Todo para identificar el sitio donde lo imposible transforma al mundo en “un lugar más habitable”.

Terminan las andanzas de Poe y uno se queda con ganas de más. Ya bien conocidos los secretos del personaje (muerto a los 40 años muy probablemente a causa de sus adicciones) quien desde la novela piensa: las puertas sirven para abrirse y no para cerrarse —siempre en un tiempo, eso sí. De ahí su evocación a su antiguo héroe: Sombra y nada mis noches y mis días,/ Salvo el instante que recuerdo ahora.

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