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Viernes , 17.08.2018 / 01:25 Hoy

Un anfibio entre la ciencia y la literatura

José Gordon nos platica sobre su obra 'El inconcebible Universo' y la conexión entre ambas disciplinas.

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Sin llegar a la oscuridad del cosmos, hay un punto donde la ciencia y la literatura convergen. En El inconcebible Universo (Sexto Piso, 2017) José Gordon, a manera de ensayo, aborda la conexión entre estas disciplinas que con teorías y paradojas explican la realidad humana.

Acompañado con ilustraciones de Patricio Betteo, los ensayos reflexionan sobre el Aleph de Borges, la teoría de las cuerdas, Dostoievski, la teoría del todo… para mostrar el sueño de unificación entre artistas y científicos.

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¿Por qué El inconcebible Universo es más que un texto de divulgación científica?

Tiene un tratamiento de narrativa que pretende ser literatura. Hay momentos en la ciencia cuyas ideas tienen la ambigüedad y la paradoja de la poesía. En alguna ocasión el gran Arthur Koestler, que era un ser anfibio entre ciencia y literatura, se enfrentó al fenómeno de la naturaleza y su extraña dualidad. Tenía la maravillosa calidad literaria de traducir este concepto de la ciencia con el lenguaje de la literatura, es decir, con la precisión de las palabras. La ciencia posee la lógica de la paradoja que la poesía siempre ha tenido. Walt Whitman decía: “Me contradigo, qué bien, me contradigo, soy tan vasto que en mí caben multitudes”. Recabé cómo en la ciencia aparecía este rasgo profundamente imaginativo y retador de lo que nos dictan nuestros sentidos. Un ejercicio maravilloso para entender lo que nos rodea porque del entendimiento y de la pasión por entender pueden surgir las transformaciones.

También eres un anfibio entre la ciencia y la poesía.

Conozco bien cuáles son las metodologías de cada disciplina. En este caso me asumo más del lado de la narrativa y la poesía porque no soy científico. Sin embargo, admiro el pensamiento imaginativo de los científicos. Puedo charlar con los grandes protagonistas de la ciencia, establecer diálogos con gente que trabaja en temas muy abstractos en los que se va dando una buena interlocución que permite traducir ese mundo sin traicionarlo.

¿Como si convirtieras una teoría científica en una fábula?

Es una muy bonita forma de plantearlo. Pero la teoría científica se define con ecuaciones y trata de evitar la ambigüedad, mientras que la literatura plantea la capacidad de abrirse a los diferentes sentidos y significados que pueden tener las cosas. El milagro poético consiste en verter un océano de significados en una tacita de té. Hablamos de un haiku, una forma de esencializar. Fue el sueño de Einstein: descubrir una teoría del campo unificado. Fue uno de los afanes de Stephen Hawking con la teoría del todo. Borges habló de descubrir el Aleph, un punto que es una especie de holograma cósmico que tiene todos los puntos del universo. En Octavio Paz encontramos la idea maravillosa de “Adonde yo soy tú somos nosotros”.


¿Hay un vínculo entre el Aleph de Borges y el sueño de Einstein?

Claro. Estas materias nos alejan de los paradigmas usuales en los que nos movemos. El problema es que vivimos atrapados en muros de distintas naturalezas, como el que quiere hacer nuestro país vecino. Nos tratan de atrapar, de clasificar, etiquetar en una noción que no explica toda la complejidad que somos como cultura. Decía Carlos Fuentes que destruimos al otro cuando no somos capaces de imaginar. Las letras y la ciencia nos liberan de la prisión perceptiva en que nos encierran.

Los dibujos de Patricio Betteo no solo ilustran el libro sino que materializan las teorías.

Ese fue mi sueño: poder complementar los textos con lenguajes visuales, incluso con videos. A lo largo del libro hay códigos QR que te permiten ver fragmentos de los protagonistas de la ciencia, que exploran ideas que de no estar el testimonio audiovisual parecería que uno los está inventando. Es una muestra de la gran imaginación que hoy en día circula en la ciencia.

¿Los avances tecnológicos implican un mejor conocimiento de nuestra realidad?

Implica ensanchar los límites de lo que conocemos como realidad. Podemos tener el mejor hardware y software en nuestras computadoras pero y qué, si nuestro software interno, si nuestras cien mil millones de neuronas no están siendo utilizadas con el potencial que poseen. Más que un problema con la tecnología hay que hablar del uso que se le da, de las limitaciones de nuestra creatividad.



RL

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